opinión Avilés
En la casa de la Fundación Aben Humeya, donde vivió el líder de la guerra de las Alpujarras, hay incluso un mihrab, para poder rezar mirando a La Meca, un testimonio del arte islámico granadino y el único Mihrab chiita de la península ibérica

Todo el que escribe se arriesga a ser criticado: no  estoy de acuerdo con tus escritos,  lo que dices en ellos es erróneo, herético, falso, plagiado, vergonzoso o…una mierda, en definitiva.

Mil veces me han tachado de xenófobo, homófobo, hereje  – un coronel castrense que pensaba que con sus estrellas y su sotana me iba a acojonar- y el sanchista De Manuel, de ser de derechas por no comulgar con el desguace sanchista del Estado, cargándose el principio de legalidad y el de igualdad, Sánchez, incluso desguazador como es, merece mis respetos porque gobierna legalmente con la mayoría que paga  – vean lo último: todos acogemos menas pero los catalanes y los vascos no porque así lo mandan Puigdemont, Kubati, Aitor Esteban y algún otro.

De homófobo nada. Tengo varios amigos homosexuales, les tengo un cariño y un respeto enormes, pero no me doy besos con lengua con ellos, no me meto mano en la entrepierna y no dormimos ni juntos ni revueltos. En cambio a mi chica estratosférica – …esa cobardía de mi amor por ella, hace que la vea igual que a una estrella, tan lejos, tan lejos en la inmensidad, que no espero nunca poderla alcanzar-, pues esa chica estratosférica, a mi edad, con la Parca soplándome la oreja y con mi inutilidad terrenal  y copulativa, basta que me toque o me eche encima su geografía para que me ponga en modo becerro como para partir almendras. En fin. Aunque me pelee con Miguelito Noguera, grandísimo showman, al que afeo que los elegetebei, sean histriónicos y callejeros, y le diga que no hace falta tanto fardar de mariconeo, no por eso dejo de estar dispuesto a partirme la cara con quien haga falta por defender su derecho a llevar todas las plumas que le salgan de los cojones. Yo no voy en procesión por la calle, con arneses de cuero, con argollas, enseñando ninguna triste historia  ni con collares de púas de pastor alemán, para hacer ver que al amor de mi vida, le daba como a cajón que no cierra, si el demiurgo tuviese piedad conmigo y me repusiera la testosterona, la próstata, el acidó nítrico y la capacidad sanguínea donde es menester. Ella lo sabe, lo vive y no hay que hacer ninguna manifestación. Miguel Noguera, me ha encomendado la corrección de su Opera Prima Cuando el uniforme se convierte en piel, mariconeo en la mili por activa, por pasiva y por perifrástica. Yo me tragué dieciséis meses de mili como artillero, lo único que me llevé fue una sordera persistente y progresiva, pero ningún polvo de soldado bujarrón, ni falta que me hizo, que me casé en la mili para remediar la concupiscencia – como dice el Derecho Canónico- y tuve mis gemelos a los nueve meses como Dios manda. Miguelito pasa de zapatero de los famosos a gran escritor. Lo juro.

Miguel Noguera me ha encomendado la corrección de su Opera Prima Cuando el uniforme se convierte en piel

Xenófobo de derechas, me dice el sanchista De Manuel. ¿Cómo voy a ser xenófobo si soy emigrante como toda mi familia? ¿Si pasamos fatigas para irnos de ilegales a Alemania en los sesenta y los rubios cabrones no nos querían ni alquilar un piso porque al ser todos  de pelo negro azabache -menos yo, piel roja- nos decían que éramos gitanos?

No soy xenófobo ni estoy en contra de los moros. Pienso, y así lo defiendo, que el islamismo es una religión tan falsa como todas las otras, un instrumento de poder, manipulado por tíos listos que viven sin dar golpe y como Dios, que tiene su base en ofrecer una solución quimérica e irracional contra el único problema esencial del hombre: la muerte. Nadie quiere morirse y yo menos, porque querría vivir otros sesenta años por lo menos y dormir cada noche pegado con cola de carpintero a mi chica estratosférica, la de la cobardía del amor por ella.

En busca del disfrute absoluto, un homenaje de placer total,  antes de pasar por el crematorio camino de la nada, ayer hicimos una locura. Ana Cantarero  – Presidente del QUIJOTE NEGRO E HISTÓRICO-, Manuel Desantes – Jefazo junto con Don Biblio de la BIBLIOTECA DE LOS LIBROS FELICES- y un servidor ORDENANZA DE LOS DOS ANTERIORES, nos fuimos a Granada a las seis en punto de la mañana. Paseo matutino enseñando a la alcaldesa y al cátedro mi pueblo, donde eché los dientes, trabajé sin asegurar y en plan esclavo, donde corrí delante de los grises cuando Franco y cuando ninguno de los que ahora se llaman padres de la democracia  – Pérez Tapias y María Izquierdo, sí- estaban allí, sino cómodamente instalados para luego pillar puestos bien remunerados yendo de luchadores por las libertades. Vimos el sepulcro de los Reyes Católicos  – menudo nombre les endosó el Papa Borgia-, el de Juana  – pobre mujer- y el Hermoso, víctima no sabemos si de una pulmonía o del suegro que lo odiaba, porque entonces estaban de moda los envenenamientos y hasta el Papa Alejandro Borgia era experto en ellos.

Inmediatamente nos fuimos al Albayzin, un barrio con más moros que el Garbinet y la Colonia Requena juntos. En la Fundación Aben Humeya nos esperaba María Esperanza  – licenciada en historia del arte, guapa y sabia andaluza que se explicaba como los ángeles- y Carlos Ballesta, cirujano bariátrico y hombre entregado a la cultura y a la historia morisca. Fue un día de orgasmos repetidos, culturales, intelectuales… y en el que pasé más envidia que Caín, por  sentir tanta sabiduría  y tanta genialidad junto a mi analfabetismo.

Cuando Isabel y Fernando conquistaron Granada, hicieron promesas antes para facilitar su acceso a la fortaleza. Como casi siempre pasa, estos dos eran políticos, no las cumplieron. Llegó Cisneros  – un adelantado al fascismo, De Manuel, que luego dices que no te cito- y entró como elefante en cacharrería. Empezó por quemar todos los libros árabes que pilló. Montó una hoguera de tres pares en la plaza de Bib Rambla porque quería salvarnos por cojones. Estigmatizó todo lo que oliera a moro y dio lugar con sus órdenes a la sublevación morisca en Granada. Un Papa ultra, Sixto IV, se lo había puesto fácil al decretar que las Guerras de Granada eran Cruzadas  – la Iglesia siempre oportunista, como la Guerra Civil también lo fue- y prometer cielos seguros a los que allí murieran. He ahí un problema de los moros, que siguen creyendo esas gilipolleces  – el cielo, las huríes  y el disfrute venéreo sin fin al que muera yihadeando-  porque les falta una Edad Media, un Renacimiento y una Revolución Francesa.

Hasta en el sepulcro de Isabel y Fernando – maravilla en mármol de Doménico Fancelli– hay un escrito con una gran mentira. Los reyes católicos extirparon la secta mahometana – dice más o menos-. Ya vemos lo extirpada que está.

Carlos Ballesta  – gran cirujano- he dedicado todo su tiempo, su dinero, su trabajo a profundizar y recopilar datos, libros, documentos de los moriscos y todos ellos están en la magnifica fundación Aben Humeya, ubicada en el Carmen del Albayzin del mismo nombre. Él habla de los moriscos  – moros convertidos a la fuerza a ser cristianos- como cristianos de puertas afuera y moros de puertas adentro. Cisneros se cargó  – ultra como era- su cultura, su idioma y todo lo cargable porque era adalid de una religión totalitaria. Los moros – otra bobada increíble- creen que al morir, ahí está la fuerza de las religiones en que te hace creer que te resuelve el no querer morirte, al morir hay dos ángeles que te preguntan antes de dejarte pasar al cielo: ¿Quién es tu dios, cual es tu religión y quien es tu profeta? Solo entras si sabes responder las cuestiones en ese Juicio Final  – ¿ven como todas son iguales, con los mismos mitos intragables?-. Las preguntas son en lengua árabe y los moriscos estaban acojonados porque Cisneros se intentaba cargar su idioma. ¿Cómo iban a responder en árabe a esos dos ángeles si desconocían el idioma?

En la casa de la Fundación Aben Humeya, donde vivió el líder de la guerra de las Alpujarras, hay incluso un mihrab, para poder rezar mirando a La Meca, un testimonio del arte islámico granadino y el único Mihrab chiita de la península ibérica. La religión  – la que sea islam, cristianismo, etc…- como elemento central de la vida ciudadana. Ya lo decía Freud y vale para todos: la religión es una neurosis de inseguridad. Necesitamos estar agarrados a algo que nos sustente si no somos capces, al estilo de Camus, de Sartre, de Simonne de Beauvoir o de tantos existencialistas que han sido capaces de vivir  – vivimos- con la cruz de la inseguridad y la certeza solo de la muerte al final.

 

¿Para qué vais buscando cultura a Punta Cana, a la Rivera Maya o donde mi abuela perdió el mechero? Ahí la tenéis cerca: Granada, cultura morisca, cultura facciosa con Cisneros quemando libros, la Iglesia  medieval erigiéndose en poseedora de la verdad absoluta y la Fundación Aben Humeya dando fe de que un hombre, obligado a convertirse, fue capaz de sublevarse y pelear. Ana Cantarero, Manuel Desantes, Carlos Ballesta…os veo en el QUIJOTE NEGRO E HISTÓRICO sembrando de sabiduría La Mancha y defendiendo cómo Don Quijote fue seguramente uno de tantos hidalgos que tenían que pelear por demostrar que su sangre era limpia sin mezcla de  moros ni de judíos para poder vivir  y acceder a puestos importantes. La limpieza entonces era como ahora ser amigo de Koldo, de Ábalos o de Cerdán  – cuidado, presuntamente- un modo de entrar en la vida pública.

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