Tranquilos los que velan continuamente por las esencias patrias. No me manden aun al fiscal ni pidan mi ingreso inmediato en Fontcalent que no voy a hacer proselitismo pidiendo un golpe de Estado incruento e inmediato para abolir la monarquía y proclamar la tercera república. No soy un Puigdemont de tercera división ni –mientras escribo esto es el día de la República- me voy a lanzar al barro pidiendo que manden al exilio a los Borbones – pasta tienen para vivir en él- y nombren a Rajoy mismo, sin ir más lejos, presidente de la tercera. Ya lo hicieron los de “La Gloriosa” con su tátara-tatarabuela Isabel II una reina que sabía de gobernar lo mismo que yo de física cuántica. Ya lo hicieron quienes mandaron a Roma a Alfonso XIII, un rey nefasto que de gobierno sabía tan poco como sabía mucho de andar tras las faldas de la estrellas de teatro de la época. Lo han hecho dos veces en el último siglo y medio y hemos acabado siempre como el rosario de la aurora o peor, de modo que mejor nos estamos quietos.
Los etarras me querían dar matarile y ahora, por culpa de los artículos y de ser un cachas de gimnasio, me van a mantear cualquier día en la plaza del Ayuntamiento
El título de este artículo es una mutación –mutatis mutandis que dicen los clásicos entendidos- de la famosísima frase de Catón el Viejo. Ciento cincuenta años antes de Cristo andaban los romanos y los cartagineses enredados en las Guerras Púnicas. De ahí viene el nombre de la operación que destapó a Granados y a su corte, uno más de las ranas de Esperanza Aguirre que era una fenómeno descubriendo y nombrando altos cargos. Pues en las Guerras Púnicas, decía Catón el Viejo que Cartago tenía que ser destruida para que Roma pudiera medrar como potencia del mundo de la época. Yo no voy a ir tan lejos con la monarquía que no me quiero buscar más enemigos de los que ya acumulo. Viví unos cuantos años con escolta policial porque los etarras me querían dar matarile y ahora, por culpa de los artículos y de ser un cachas de gimnasio, me van a mantear cualquier día en la plaza del Ayuntamiento que los envidiosos son legión.
La política de este país no se desarrolla en el Parlamento, ni en el Senado – organismo tan inútil como las Diputaciones y como algunos Ayuntamientos-, la política no se hace en las calles: miren como nos vacilan a los jubilados y se ríen a mandíbula batiente de nuestras inútiles manifestaciones. Valga como muestra el director del Banco de España que alaba la subida del 0.25 de las pensiones. Dice que es imprescindible la austeridad mientras que a su sueldo le pega un subidón del copón de la baraja. Sigamos con esta actitud de bonhomía, de borregos pacientes y vayamos palmando en silencio para que le cuadren las cuentas a la derecha.
¿Dónde se hace la política en este país? En tertulias con gente que sabe lo que dice y con más de un indocumentado, en los saraos en los que uno se deja ver y en las revistas del corazón y del hígado fundamentalmente.
Me revienta ver a Ximo Puig rodeado de una corte de franquistas alicantinos todos con su blusón y su pañuelo al cuello
Me entran los siete males ver a Zoido y a Cospedal cantando que son el novio de la muerte cuando no tienen ni idea de lo que es pelar una guardia, a punto de congelación, en el polvorín de Sardón de Duero para que los españolitos voten tranquilos la Constitución con la que se llenan la boca. Me revienta ver a Ximo Puig rodeado de una corte de franquistas alicantinos –de Angel Franco, no de Francisco- todos con su blusón y su pañuelo al cuello, peregrinando con fervor, devotos de no se sabe qué cuando los pondríamos en un aprieto si les pidiéramos el nombre de cinco autores distintos del Nuevo Testamento. Unos genios de la negociación y la estrategia estos socialistas: dan la diputación y el ayuntamiento, cada uno por un tránsfuga distinto. Me parto el ra….-perdón- cuando veo a la faraona de Sevilla, que parece un anuncio del circo Gottani, el de los elefantes. Vestida de faralaes y con una flor reventona en la cabeza porque hay que mezclarse con el pueblo, que es imbécil y se queda con esos detalles para votarte, aunque no tenga para pagar la luz con la pensión de miseria de tantos y tantos abuelos.
Siguen a día de hoy los ecos del gran problema nacional. ¿La corrupción, el paro, el subempleo juvenil, la despreocupación de los jerifaltes por sus súbditos salvo para reclamar su voto….? No.
El gran problema de este país es que Doña Leticia Ortiz ha desairado a Doña Sofía de Grecia a las puertas de la catedral de Mallorca, cuando esta última pretendía hacerse una foto con sus nietas. Un rifi rafe entre nuera y suegra tan antiguo como el género humano. Pues bien leo y oigo a un abuelo – más decrépito que yo pero que aún se siente periodista egregio- que dice investido de toda la solemnidad posible: esta reina se carga la monarquía. Ahí quería yo llegar. Por eso el título clásico plagiado a Catón como plagiaba el antiguo rector de la Rey Juan Carlos.
Como anciano desocupado, para mantener a raya al alemán y al italiano – ya saben, Dr. Alzheimer y Franco Deterioro- me matriculé en la universidad de yayos en un curso sobre los Austrias y los Borbones. Una maravilla de curso, útil, ameno e instructivo. La manera más ilustrada y racional de no ser monárquico.
Con la subida de mi 0.25 me he comprado a plazos el último estudio del catedrático Emilio Laparra sobre Fernando VII. Un rey deseado y detestado. Se lo aconsejo aunque no lleve porcentaje alguno sobre las ventas del mismo.
PD.
No he pisado jamás la universidad de Barcelona ni la de Santiago de Compostela ni la de La Laguna en Tenerife. Igual soy Master o Doctor en Química inorgánica o en Ingeniería genética y no me he enterado.
Avilés es un auténtico placer leerlo.