1 septiembre, 2026
Moros y Cristianos Santa Pola (5)
Rememorando los ataques a la costa de los piratas berberiscos en el siglo XVI, las huestes moras asaltaron la playa en un brillante espectáculo pleno de coreografías, escenas bélicas y pólvora, siempre la pólvora

Es el acto que abre las fiestas de Moros y Cristianos de Santa Pola y su importancia en el calendario sube enteros cada año por su espectacularidad y brilla con sus coreografías, escenas bélicas y pólvora por doquier. El tradicional asalto moro ha ido evolucionando en los últimos tiempos impulsado por la asociación, y en esta edición se ha desplazado unos cien metros al este de la playa de Levante para que los espectadores dispongan de un mayor espacio para situarse a los cuatro costados de la escena, de modo que ha ganado mucho en visibilidad y capacidad para el público.

A las diez de la mañana y bajo un sol justiciero, los cristianos aguardan expectantes en su empalizada la amenaza de un nutrido grupo de moros que, camuflados en la penumbra de las primeras luces del día, han llegado desde la Isla Plana hasta la orilla de la playa.

Comienza entonces la narración a cargo del periodista José Juan López con la que pone en situación a los espectadores. Relata la historia de estas tierras desde época íbera y romana, pasando por una Edad Media de abandono y una progresiva repoblación tras la Reconquista.

Nos situamos en el siglo XVI, unos tiempos en los que eran constantes los ataques de los piratas berberiscos capitaneados por Barbarroja, utilizando la actual isla de Tabarca como base para lanzar sus saqueos a la costa.

La representación comienza con el boato de las bailarinas musulmanas y una conversación poco amistosa de los heraldos de ambos bandos cuando el moro pide la rendición. Los cristianos comprenden que no se trata de la habitual escaramuza de saqueo y se preparan para la lucha con las primeras andanadas de flechas y un primer enfrentamiento cuerpo a cuerpo con espadas y bastones.

Duelo sangriento

Los bailes del boato cristiano dan paso al primer duelo sangriento. Uno de los guerreros cristianos, en heróica actitud, sale a luchar a pecho descubierto para ganar tiempo pero su valentía tendrá un trágico desenlace para el bando de la cruz.

Las huestes de la media luna ya sueñan con la victoria y preparan la carga definitiva contra el campamento cristiano. Los arcabuces y cañones rompen con su desgarrador ruido la tranquilidad de la mañana a orillas del Mediterráneo y los cristianos buscan refugio.

Los Embajadores de ambos bandos se retan cara a cara sobre la arena. El Embajador Moro, interpretado por Manuel Gabino, reclama la rendición con promesas de bienestar para los asediados. Asumiendo la derrota, la Embajadora Cristiana, interpretada por Judith Valero, jura venganza para recuperar más pronto que tarde lo que un día les perteneció.

La batalla ha terminado, pero no la guerra. Esperan dos jornadas de lucha a muerte, de pólvora y de sangre, con un único objetivo para los dos bandos: convertirse en los dueños del Castillo-Fortaleza.

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