El barrio Miguel Hernández de Alicante ha vuelto a poner sobre la mesa sus principales problemas y reivindicaciones. Sus vecinos reclaman una mayor atención por parte del Ayuntamiento para hacer frente a las dificultades que afectan a la convivencia, el mantenimiento de los espacios públicos y la seguridad en esta zona de la ciudad.
Las quejas se centran especialmente en la falta de limpieza, el deterioro de las calles y el abandono de zonas comunes. Los residentes consideran que el barrio necesita una intervención continuada de los servicios municipales, con más mantenimiento, recogida de residuos y actuaciones que permitan recuperar los espacios públicos.
La petición de mayor vigilancia policial es otra de las principales reivindicaciones. Los vecinos describen situaciones que, según denuncian, perjudican el descanso y la tranquilidad de las familias: fiestas y ruidos a altas horas de la madrugada, acumulación de chatarra y muebles en zonas comunes y presuntos puntos de venta de droga en determinadas viviendas. También alertan de posibles situaciones de hacinamiento en pisos donde se alquilan habitaciones y reclaman que se investiguen las condiciones en las que viven sus ocupantes.
Presencia policial continuada
Los residentes piden que estos problemas no se aborden únicamente con intervenciones puntuales, sino mediante una presencia policial continuada y una mayor coordinación entre los servicios municipales, los responsables de vivienda y los recursos sociales. Su objetivo es recuperar la normalidad en las calles y evitar que las conductas incívicas terminen deteriorando todavía más la convivencia.
Pero las reivindicaciones del barrio van mucho más allá de la limpieza y la seguridad. Detrás de estas demandas hay una realidad social compleja, con familias vulnerables y menores que necesitan oportunidades y acompañamiento.
En este ámbito destaca el trabajo de la Asociación de Vecinos Sol d’Alacant, que desarrolla programas de intervención social para favorecer la integración, prevenir la exclusión y promover una convivencia pacífica. Entre sus iniciativas figura el programa europeo Sarsalé, con actividades educativas dirigidas a combatir el absentismo escolar, reforzar la formación de los menores y alejarlos de entornos y conductas que puedan poner en riesgo su futuro.
La asociación reivindica así la importancia de no estigmatizar al conjunto del barrio y de ofrecer alternativas a quienes más necesitan apoyo. La implicación vecinal y el trabajo con las familias son, en este sentido, herramientas fundamentales para construir un entorno más seguro y con mayores oportunidades.
Viviendas rehabilitadas del EVHA
La situación del barrio también está marcada por la necesidad de avanzar en la rehabilitación de las viviendas públicas. En este sentido, hay actuaciones en marcha por parte de la Generalitat. Una de las novedades más recientes se produjo el pasado 22 de octubre, cuando comenzó la entrega de llaves de 18 viviendas rehabilitadas en la plaza María Yolanda Escrich. Otros dos pisos adaptados para personas con movilidad reducida seguían pendientes de adjudicación. La intervención en ese primer edificio ha supuesto una inversión superior a los tres millones de euros.
Además, la Generalitat ha anunciado otras actuaciones de reparación y refuerzo estructural en distintos bloques, mientras continúa el proceso de regeneración del conjunto residencial.
Sin embargo, los vecinos insisten en que la recuperación del barrio no puede limitarse a rehabilitar edificios. Reclaman también que las administraciones atiendan las necesidades cotidianas de quienes viven allí: calles limpias, espacios comunes cuidados, seguridad, servicios públicos y oportunidades para las familias.
El mensaje que trasladan es claro: el barrio Miguel Hernández necesita una intervención integral que combine regeneración urbana, atención social y medidas eficaces para garantizar la convivencia. Una reivindicación que pone el foco en la responsabilidad de las administraciones para que sus vecinos puedan disfrutar de las mismas condiciones de bienestar, seguridad y calidad de vida que el resto de alicantinos.