El obispo de la Diócesis de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, ha pronunciado su mensaje de felicitación de Navidad desde el Cotolengo del Padre Alegre de San Vicente del Raspeig, un lugar que definió como “un trocito de cielo que tenemos en nuestra diócesis”, por ser un espacio donde, según señaló, “el misterio del Dios hecho carne se palpa y se toca” en las personas que allí viven.
Munilla explicó que no le parecía existir un lugar más apropiado para felicitar la Navidad que este centro, en el que conviven 25 personas y donde la fe cristiana se traduce en acogida, entrega y amor cotidiano. Desde allí, el obispo invitó a los fieles a vivir estas fiestas como una oportunidad para tomar conciencia del “tesoro pastoral y de evangelización” que, afirmó, representa la vida de la diócesis.
Durante su intervención, el prelado subrayó tres ejes fundamentales de la acción pastoral: el primer anuncio del Evangelio, como el que se escuchó en Belén; la acogida, recordando la que José y María ofrecieron a los pastores; y el acompañamiento, imprescindible —dijo— para crecer y madurar en la fe. “Siempre somos discípulos de Jesús y un discípulo necesita ser acompañado hasta llegar a la plenitud y madurez que Cristo quiere realizar en cada uno de nosotros”, afirmó.
El obispo destaca que el misterio de Belén ayuda a comprender mejor la tarea evangelizadora que quiere impulsar la Diócesis de Orihuela-Alicante, e invita a conocer no solo el Cotolengo, sino también “tantas realidades de la diócesis en las que encontramos el rostro de Cristo encarnado”.
Munilla concluyó su mensaje impartiendo su bendición a todos los diocesanos y deseando que las familias vivan unidas el misterio de la Navidad, saliendo fortalecidas “en la vocación al amor y a la comunión” que, según expresó, Dios ha dado a cada hogar. El obispo cerró su felicitación deseando una Feliz Navidad 2025 y un santo Año Nuevo 2026.