12 octubre, 2026
opinión Avilés
Sánchez es un político inteligentísimo con un gran defecto: él mismo es su principal objetivo, es en su propio éxito en quien piensa antes de tomar una decisión

Esa frase, casi apocalíptica, la recuerdo de pequeño en mi pueblo. Tener el corazón encogido habla de la expectación, de la ansiedad, del estado de hiper vigilancia cuando uno está a la espera de un acontecimiento trascendental.

Ya ha empezado la campaña y ya me tienen a mi pegado a la televisión, a la radio, a tertulias de todos los colores   – más sanchistas que de otro color, se nota el poder, económico y de más matices-.

Pedro Sánchez repite un estribillo que es totalmente mentira: Volveremos a ganar las elecciones. ¿Quién de los novecientos asesores que dicen que tiene, le ha impuesto ese eslogan? Pedro Sánchez no ha ganado nunca. Ganaron los peperos y él pactó incluso con el diablo para poder cambiar el colchón de la Moncloa. Recuerdo eso muy bien, porque yo voté a Sánchez y me juré no volver a hacerlo cuando amnistió a los golpistas, tragándose, comulgando con una rueda de molino como un camión, mientras Puigdemont y su corte se reían  de España entera.

Me he dedicado cuarenta años al crimen, he dado mil clases, centenares de conferencias y no puedo contar los libros y artículos escritos sobre el delito como conducta refractaria contra el estado de derecho. He dicho mil veces que “ la reinserción no es café para todos”. Hay delincuentes que no se reinsertan jamás. Los grandes narcos – la droga engancha, pero el dinero engancha más, frase de la famosa Paca, narcotraficante y corruptora-. Los estafadores – los centenares que he conocido en las cárceles tienen todos una pulsión hacia el engaño que, ellos mismos lo dicen: el día que no engaño a alguien no estoy a gusto-. Los pederastas -pulsión similar a los estafadores, pero con los niños-. Al individuo que le “ponen” los menores, no lo arregla ni el coro de los apóstoles en pleno. No tiene remedio. Me tocó dirigir un psiquiátrico año y medio  – el PP no encontraba quien lo dirigiera y me hicieron comerme ese marrón   – el peor destino de mi vida y no por los locos, sino por algunos que decían que trabajaban allí, y trabajaban menos que los sindicatos de las gambas.

Votar a Sánchez o equivocarse

Un día subió un psicólogo a mi despacho – lo vi anteayer en la acampada de gentes que pedían una huelga general. Ya hablaremos de eso-.  Me pedía firmar un tratamiento ambulatorio en libertad para un pederasta. Le expuse mis dudas. Él, psicólogo y subdirector de tratamiento, afirmaba que estaba reinsertado. Con las dudas  royendo mis intestinos ordené un cacheo a fondo de su celda antes de firmar. ¿Qué encontraron aquellos buenos funcionarios, que también los había?  !Más de una docena de revistas debajo del colchón, todas de pornografía con menores!

Los golpistas repiten siempre. Dada mi vejez y que mi chica, la que me resucitó, me ha matado otra vez, no creo que me dé tiempo a comprobarlo, pero… tiempo al tiempo. A ver cómo derrota Puigdemont ahora que a Conde Pumpido solo le falta ir a los mítines como palmero de Sánchez.

Sánchez es un político inteligentísimo con un gran defecto: él mismo es su principal objetivo, es en su propio éxito en quien piensa antes de tomar una decisión. Ha afirmado mil veces que agotará la legislatura y que las elecciones serían en dos mil veintisiete. Ha gobernado sin Parlamento y sin presupuestos, usando el decreto ley contra viento y marea y contra toda reacción. Yo lo votaría por un motivo: su oposición  al fascista Donal Trump, pero no es suficiente, no es motivo bastante.

De pronto el destino, la fortuna le ha sonreído otra vez. Desahucian a Mari Carmen – como si un desahucio fuese algo excepcional, cuando la prensa habla de noventa diarios-. Un desahucio es un gran drama y conozco alguna persona a la que esa situación ha dejado “tocada” de por vida. Es un asunto complejísimo y entran en juego, la propiedad privada, la política de vivienda, la vida laboral y mil temas más. Estoy convencido de que alguien – y Sánchez no debe de estar muy lejos- ha organizado toda una gran obra teatral con este motivo. Esa asociación – lo siento pero me resulta ridículo que tenga que ponerse un nombre en femenino- de inquilinas e inquilinos, me parece que no está legalmente capacitada para convocar una huelga. Rápidamente vienen los sindicatos de las gambas en su auxilio y la convocan. No han sido capaces de convocar ninguna huelga por la vivienda en ocho años y ahora van deprisa y corriendo en auxilio de esa “huelga contra la oposición”. Hablamos de vivienda, un grave problema existencial, de trabajo que posibilite el pago de una, porque todos   – menos los hijos de papá con herencias pastosas, hemos pagado hipotecas un año detrás de otro-. Todos los gobiernos han afrontado idéntico problema, pero después de ocho años organizando esta sociedad no podemos echar la culpa a Rajoy – que jamás me gustó nada ni Aznar tampoco- de que el problema de compra y de alquileres esté agravándose cada día más. Un 42% leo que ha subido la vivienda desde 2018. Me resulta raro, con la gravedad de este problema, no reflexionar y preguntarnos sobre muchos aspectos: ¿Cuántos diputados y políticos que viven del dinero público tienen más de tres y de cuatro viviendas y ven aumentadas sus rentas por ellas? ¿Cuántos personajes famosos – actores, cineastas, etc…- que claman por los desahucios tienen viviendas  alquiladas y ven crecer su patrimonio con ellas? ¿Es cierto que el quiosquero de León, jefazo de Podemos, está acampado durante el día y por la noche se retira a dormir a un pisazo de un millón de euros? ¿Cuánto de postureo hay en todo este asunto? Una cosa es predicar y otra dar trigo.

El ingenio de Sánchez no para de maquinar. Estoy convencido de que, antes de las elecciones, subirá las pensiones. Es listo. Los viejos somos muy receptivos a ese seis por ciento. Las ideologías van por un sitio y la pasta por otro. Sánchez es un maestro de la comunicación, lo veo en cada comparecencia pública suya, en su capacidad de decir una cosa y dos días después su contraria – acuérdense de Ceuta. Cada puesta en escena está perfectamente estudiada, desde el maquillaje hasta el color de la camisa o la corbata. Ayuso – me cambio por su novio cuando quiera- debería aprender. No llames  – querida Isabel, me encanta ese nombre- terroristas a los palestinos. ¿Cómo deberías llamar a Netanyahu? Nazi, genocida o criminal de guerra por lo menos. Los judíos aprendieron bien a lo largo de la historia a sufrir genocidios. Toda víctima tiene muchas posibilidades de ser victimario luego.

Me he dedicado al terrorismo muchos años. He trabajado en ese asunto y dado clase sobre él. Lo he sufrido en mi carne de muchas maneras sin recibir ni medio euro por ello. Es imposible poner de acuerdo – conozco más de doscientas definiciones del terrorismo- a los autores sobre qué es el terrorismo. He entrevistado a centenares de terroristas y ninguno reconoce serlo. Todos son luchadores por la paz y los derechos de su pueblo, todos hablan de guerra asimétrica de un pueblo pequeño, indefenso y oprimido que se revuelve contra la opresión de un enemigo poderoso y un ejército descomunal ante el que solo pueden oponer su capacidad de sorpresa y de audacia.

Los horrendos crímenes de Hamás, estoy convencido, fueron una táctica y es imposible que Netanyahu fuese sorprendido por ellos. El Mossad lo sabía y Netanyahu también.  Cada día recuerdo con tristeza y angustia a aquella mujer esposada a la espalda, con el pelo largo y el tipo espectacular, con un pantalón de chándal gris manchado de sangre que podría deberse a una sodomización  violenta. Un hijo de puta el miembro de Hamás que lo hiciera, lo cual no implica que Netanyahu sea un estadísta, limpio de polvo y paja. Cada paso que da Hamás Acordémonos que la palabra “guerrilla” la inventaron los españoles en la guerra contra los franceses. Hay que ser prudente en esto, como en todo, querida Isabel.

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