Vivimos y sobrevivimos la noche del 28M en los estudios de TV12, entrando por grupos al plató que conducía Andrés Maestre, mientras que en un refrigerio de dulce-salado, medios bocatas y jamón de las salineras, mucha agua embotellada y un vino aceptable, descansábamos los distintos (es un decir) preparándonos para el siguiente envite televisivo mientras los datos bailaban sobre las pantallas de los ordenadores conectados a los centros de datos en un ziz-zaj dislocado y contradictorio: ora ganaban unos, ora otros, y mayormente las sumas por bloques a derecha e izquierda.
Nuestros reporteros/as desplegados por las sedes entremetían cámara y alcachofa a los principales candidatos/ con el miedo en la yugular y la esperanza en la riñonada resistente. Conforme avanzaba la noche el espejo de las caras se iluminaba de azul Matisse, o sensu contrario tornaba el bermellón rosáceo socialista y el rojo y negro ácrata podemita en la asombrada lividez de Edvard Munch.
Todas las cartas boca arriba y ahora hay que resolver el solitario encuadrándolas en gobernanza piramidal llevando a los plenos cuanto se haya aprobado previamente
De nuevo Alicante capital y la Vega Baja mantenían y reforzaban el añil, mientras casi todo el resto provincial, empezando por Elche, la tercera ciudad de la Comunidad Valenciana iba cambiando cromáticamente el mapa político como cuando metemos un pañuelo coloreado de topos en azulete intenso, con la salvedad de algunas y honrosas excepciones para la izquierda tradicional atrincherada en el Medio Vinalopó.
Hacia las 11:00 de la noche ya casi todas las papeletas blancas (municipales) estaban contadas, y el montón de las naranjas (autonómicas) daba claro vencedor al PP, pero con la imprescindible ayuda de Vox. ¿Gratis total?
Todas las cartas boca arriba y ahora hay que resolver el solitario encuadrándolas en gobernanza piramidal llevando a los plenos cuanto se haya aprobado previamente. Es decir, lo que en política coloquial se llama «cambio de cromos» entre coaligados.
Con el exceso emocional de la noche, Luis Barcala aseguró dos veces, dos, ante los micrófonos de TV 12 que gobernaría en solitario gracias a sus 14 concejales, sin darle entrada a ninguno de los cuatro que obtuvo su correligionario Vox, muy a sabiendas de que la mayoría absoluta y absolutista son 15. Naturalmente y conforme cantaban premio las mesas barrio a barrio, incluidos los de fidelidad socialista, la euforia se convertía en cantos de poderío botando alegrones, y esperando la llegada desde Valencia de los paisanos Mazón, Rovira, etc. que venían a traer el estandarte de Les Corts arrebatado a Ximo Puig y societarios morados y naranjeros de la orilla izquierda.
Fue entonces, pero sobre todo después en alguna comida celebrante cuando el futuro presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, le advirtió a Luis Barcala, renovado alcalde de Alicante que las conversaciones negociando futuribles cargos y funciones con los contiguos a su derecha iban a ser duras, y que una cosa es lo que se presume en el fragor triunfante, y otra, muy otra, lo que se acuerda finalmente a la hora de intercambiar territorios y galones de mando a los suboficiales.
¿Va a darle a Barcala el «pase mi rey» en todas y cada una de sus propuestas sin estar incluido, Vox, aunque sólo sea como cargo de menor cuantía, en el gobierno capitalino? Adviértase que el gran tablero está centralizado en Madrid, y como Núñez Feijóo evita cualquier roce con Abascal y su troupe a sabiendas de la inmediatez de elecciones generales tras la precipitada inmolación suicida de Pedro Sánchez arrastrando a su partido al desolladero. Las tendencias, por muy favorables que le sean a los azules, no son axiomas.
Por supuesto de los Madriles hacia abajo, ninguno. Nadie, salvo particular mayoría absoluta e incontestable, moverá más fichas de las justitas y necesarias hasta que Feijóo entre en La Moncloa con o sin Vox, pues ese es para el PP el gran arcano y quid de la cuestión sobre los «extraños amigos de cama». Los de la derecha a la derecha de la derecha no son tontos de baba asintiendo, y por cierto bastante folloneros y duros en el cuerpo a cuerpo como demuestra su ADN político. En pleno crecimiento necesitan tropa de cargos (cuerpo técnico) con sueldo, tal y como los ha instruido la italiana Meloni cuando ya han pasado el Rubicón de lo anecdótico para convertirse en tercera o cuarta fuerza política de ámbito nacional, mientras se disolvía el azucarillo podemita en el vaso de las turbulencias internas y el sifón de Ciudadanos se quedaba sin gas alguno.
Y después de Madrid se renovará el duelo a primera sangre, nunca muerte en Valencia Cap i Casal sede del Palau mandatario, momentánea y cautelarmente suspendido por un Mazón en continuas idas y vueltas del Manzanares al Turia, sin apenas escalas en Alicante más que para la muda de vestuario y sentidos besos familiares. Salvo el día de hoy que los peperos tienen ejecutiva Provincial y Local en las cuales confluyen muchas expectativas personales, aunque no es lo mismo repartir cargos y prebendas cuando se acumulan buena cosecha, que cuando los votos no dan y volvemos a la galdosiana España de los cesantes.
El damerograma del poder autonómico y municipal tiene que encajar. Me consta que Vox no se lo va a poner fácil al PP, empezando por Alicante que para eso es la capital de resonancias políticas y mediáticas, y acabando por Elche y otras plazas con mayor cuantía demográfica, turística, manufacturera, agropecuaria e industrial.
Quid pro quo. Una mínima representación de Vox en el ayuntamiento, nunca podrá ser la mosca cojonera que fue Ciudadanos, hoy diluido RPI en el PP, y cuyo débito más inmediato será fagocitar y cauterizar el furúnculo de Vox para completar el arco que va desde el centrismo liberal a la derecha ultraísta. Y es ahí donde Núñez Feijóo y Mazón apretarán el grano a Barcala.