Andrés Maestre dirige Alicante Directo, un programa en 12TV con resuelta y conocedora mano de auriga, dándose vueltas por los barrios con sus rectas, pero también sus curvas, y el que muchas veces me invita como contertulio. Algo estimulante porque se establecen multitud de conexiones con vecinos/as que, como buenos conocedores de sus territorios, ocupan cargos mayormente sin remuneración y, por ende: vocacionales al servicio de la proximidad tantas veces necesitada de atención por parte del Ayuntamiento, que no siempre cumple con lo que parece quedarle tan lejos, allende las antiguas murallas medievales, es decir, el Centro, o las nuevas zonas residenciales paralelas al litoral desde la carretera Elche-Santa Pola hasta entrar en El Campello.
Casualmente y ya en casa, enciendo la televisión donde en TV Alacantí -la tele municipal-, programa «El Escenario«, se repite una entrevista recién realizada (el 11 de marzo) a Luis Barcala, quien insiste en que todas sus miras y actuaciones próximas se van a dedicar preferentemente a los barrios, eso sí, siempre que el Gobierno central (de paso cañazo) le deje sacar los millones que tiene amordazados en Hacienda-Madrid, evitando su libre disposición en la pura y torticera añagaza de «al enemigo (político) ni el agua», porque desconocemos otra explicación plausible. Pena que en esta España disyuntiva los 2 principales partidos, cuya mayoría eclipsaría cualquier oposición por nimia que fuera la alternativa, no se pongan de acuerdo ni siquiera en si es de día o de noche, ni cuando menos en las necesidades del ciudadano jalonado en la peculiaridad de sus barrios tan distintos como particularmente interesantes y difícilmente comparables: nada tiene que ver socio-urbanísticamente Santa Cruz con Pla Carolinas, o Benalúa-Florida con Albufereta-Playa de San Juan, y así podríamos seguir con diferenciales manifiestos.
En esta ocasión hablamos del Pla del Bon Repós, llamado así por la leyenda que cuenta cómo la reina Isabel la Católica descansó dolencias de preparto en un palacio que tenían por allí los monarcas de Castilla y Aragón; así como del festero barrio de Carolinas, cuyo nombre, mucho más tardío, debe a las famosas islas que en el Pacífico nos disputábamos con los alemanes, en archipiélago tan disperso como las primeras y dispersas casas sin ninguna ordenación urbana que, con el tiempo, darían origen a la parroquia. Los entrevistados residentes se quejaban primordialmente de la falta de limpieza, sobre todo en las zonas ajardinadas, porque no se retiraba lo que deja caer la naturaleza de árboles y plantones; y después de la escasa vigilancia policial, lo cual permite a mucho gamberro soltarse el mingitorio (pis), grafitear paredes ajenas sin ninguna gracia, peleas de bandas enconadas a veces exhibiendo arma blanca, destrozo del mobiliario por el simple hecho de demostrarse prepotente machirulo, o berrendas discusiones callejeras insufribles cuando los demás intentan un sueño reparador para trabajar al día siguiente.
Sí, ya sé que me dirán ustedes que la mayoría de las ciudades litorales del Mediterráneo y del Atlántico hispanoportugués están sucias, esencialmente en aquellas en las que no llueve (despeja) tanto, como ejemplifica nuestra propia urbe de Alicante, pero para eso tenemos los servicios de limpieza, ¿insuficientes? Contratados por licitación; como tampoco, además de barrenderos, aparecen los nuevos policías prometidos hace meses por Barcala, y su acuerdo de presupuestos con Vox, tan celosos del orden público. Pero todo lo necesario para la novena ciudad de España es cuestión de voluntariedad política, empezando por contrataciones temporales, siguiendo por endeudamiento propuesto según ley, de eso sabe algo Toño Peral, concejal de Urbanismo, y posible aspirante-sustituto del propio Barcala.
En mayo de 2027 serán las próximas elecciones municipales (unidas a las autonómicas) según mandato constitucional. No queda tanto, y es por ello por lo que, como decíamos antes, el alcalde ahora se vuelca en una declaración de intereses benefactores para Carolinas (Altas y Bajas), Pla del Bon Repós con sus decenas de miles de votos, cuando hasta ayer mismo eran los grandes descuidados, baste observar el deterioro de bulevares o de la Gran Vía. Promesas de futuras escuelas, servicios más eficientes y un tercer hospital (a cargo de la Generalitat, porque el suelo municipal para ello ya está previsto y delineado), pero como dice el tango «Mano a mano» que cantaría Barcala en reuniones de amigos: «Los favores recibidos creo habértelos pagado/ Y si alguna deuda chica sin querer se había olvidado/ En la cuenta del otario (tonto en lunfardo) que tenés, se la cargás».
Lucirse en una rueda de prensa promocionando titulares a los medios de comunicación resulta tan sencillo como populista, pero llevar a cabo lo dicho no parece tan fácil, y eso es algo que le echarán en cara al PP desde la oposición, o lo que quede de ella tras las disensiones entre podemitas, sumandos y pseudoseparatistas.
¿Cuándo arreglarán (lo llevan prometiendo decenios) la desviación de la línea férrea que entra hasta la estación de Murcia, amurallado dificultosamente el paso de las personas a las playas? ¿Para cuándo mayores frecuencias en el transporte urbano, empezando por el Tram? ¿Cuál es su posición ante la creciente inmigración y tanta petición de ayudas desatendidas? ¿A qué se deben los retrasos en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana? ¿Por qué las partidas anexas al núcleo urbano principal se quejan de desafección, especialmente en el transporte viario con carreteras tercermundistas?
Y así podríamos seguir preguntando hasta la desmemoria. Como en los crucigramas de antaño, en el Ayuntamiento se nos responderá que: «Hasta el próximo número». La inanición por autocomplacencia no sirve para un futuro cada vez más inmediato; hay que darse cuenta (pero ya) de que los barrios existen porque empieza a ser apremiante, como se demuestra en los programas de 12TV, pero Barcala, aparte de tener televisión propia, prefiere los dibujos animados. Relajan aún más.
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