Estamos de lleno en la ola de calor. Los pobres andamos con el abanico y la palangana, el remedio clásico contra la flama veraniega de la que tanto saben en mi Andalucía profunda. En medio de este “flamazo invivible”, encima, nos quieren joder la existencia dándonos la murga intragable con ese individuo, un criminal de guerra, que manda a sus sicarios a matar y a morir a cualquier sitio en el que les paguen. Prigozhin o algo así, uno que de cocinero de Putin ha pasado a ser criminal número uno. Dicen que ha cobrado un Billón de euros de Rusia para montar su ejército de mercenarios y machacar a Ucrania. Visto el porvenir que tienen las pensiones – todos afirman que en tres años nos bajarán un treinta por ciento y los abuelos no se mueven- visto ese porvenir, estoy por alistarme. Tirador antiaéreo, que ganó un mes de permiso, en la mili, por tirar muy bien con los cañones 40/70. Allí me quedé medio sordo, cosa que el amor de mi vida me recuerda a diario para que me ponga el pinganillo. Antes me alisto como si fuera el criminal nato de Lombroso y le saco rentabilidad al gatillo como hace Prigozhin y me hago un patrimonio para la vejez, que la tengo a la vuelta de la esquina por no decir que estoy inmerso en ella.
Vuelvo de Zaragoza a Alicante y me entero de toda la movida. El jefe de los sicarios – con el viejo método, dicen, de sacar delincuentes de las cárceles para hacerlos soldados- ha montado un número a Putin de tres pares de cojones. Quiere que cesen a dos ministros rusos, relacionados con asuntos de defensa y de guerra, que no le caen bien. Lukachenko, un lebrel de Putin, presidente de Bielorrusia, pero en realidad un ordenanza del antiguo miembro del KGB, ha conseguido convencerlo para que deje el golpe de estado para otro momento y todo occidente está con el canguelo puesto. Resulta que Putin es una potencia nuclear y todo el mundo se acojona con el asunto porque si hay inestabilidad en Rusia, debemos echarnos a temblar con las funestas consecuencias que eso conlleva. Esto lo decía el que inventó aquello de “el efecto mariposa”: si unamariposa mueve las alas en China, el aleteo se nota en la otra punta del mundo. Lo mismo pasa con Putin, que se cabrea e invade Ucrania y nos enteramos en Maracena desde el minuto cero. Se entera hasta esa que dicen que secuestraron en el pueblo más cateto de Graná, un secuestro cutre como los menús del jefe de sicarios que era cocinero antes que Jefazo de los Wagner. No se cabreen los maraceneros que si me pongo les cuento historias de Luis el cebolla, del Pescaero cojones, del Tabernilla y de todos los que iban a mis clases cuando – con Franco vivo, no ahora que todos eran luchadores contra el dictador y allí no había ninguno- les daba clases de marxismo y les explicaba los conceptos fundamentales del materialismo histórico de Marta Harnecker.
Ayer le pedí matrimonio al amor de mi vida para que nos pille casados la guerra, si es que Putin decide liarla con la inestabilidad rusa. A mí me reclutan fijo como cañonero antiaéreo. Me dijo que no. Directamente y sin rodeos. Con dos cojones.
Intenté la ida y vuelta a Zaragoza con esos trenes rápidos que anuncian baratos. No se hagan ilusiones. Es mentira. Nadie te lleva de Alicante a Zaragoza por treinta pavos. Ida y vuelta ciento cuarenta y los demás son promesas de político. Preferí irme con mi coche, ruinoso como yo mismo, aunque tenga que ir con los cristales bajados y el abanico funcionando todo el viaje. Así me entero de las noticias de Putin en la radio y también me dan la brasa con que es el día de la LGTBI. Todo mi respeto: que cada uno se bese, se enrolle, se acueste o se case con quien desee. Todo mi rechazo para cualquiera que maltrate, ofenda o haga objeto de vejaciones a una persona por su opción sexual, pero eso es una cosa y otra que me lleven dando la plasta toda la vida, que yo tampoco voy por ahí fardando de que a mí me gusta el amor de mi vida y que la tengo fuera de mi alcance por mi edad y mi situación socioeconómica y física en general ¿Qué pollas es esto? Que dirían en mi pueblo y sobre esa expresión voy a tener que hacer un día un tratado.
Belloch fue de los primeros que habló de violación dentro del matrimonio y no de coacciones cuando la relación sexual es forzada
He estado en Zaragoza. Soy un pelmazo. Lo reconozco. He ido a la presentación de las Memorias de Juan Alberto Belloch. “Una vida a larga distancia. Memorias de un juez y político independiente”.
He venido impactado. El salón de la Diputación estaba “petao”. Alcaldes, concejales…políticos para dar y vender. Asombroso en un país en el que a la presentación de un libro suelen ir doce o catorce tirando por arriba. No les reventaré el libro. Tienen que comprarlo y leerlo porque es pura historia de este país, de hechos que han determinado nuestro futuro en esa etapa que hemos dado en llamar “la Transición”.
Una mujer que habló al principio me llamó la atención haciendo mención a un episodio de estas memorias. Juan Alberto fue Presidente de la Audiencia de Vizcaya antes de ser Ministro de Justicia. En esa época – lean el libro, repito mi recomendación- hubo allí un juicio famosísimo: Belloch, valoró entonces, que unas mujeres en precaria situación económica y sin acceso a los anticonceptivos, abortaran. Las absolvió. El movimiento feminista, que entonces era más trabajador, más valiente y menos teatrero que ahora, se solidarizó con aquellas mujeres pobres, que no podían mantener a más hijos en el mundo. Belloch las absolvió.
Belloch fue también uno de los primeros, si no el primero, que habló de violación dentro del matrimonio y no de coacciones cuando la relación sexual es forzada. Belloch puso a su equipo a trabajar – se jactó en la presentación de sus Memorias de que su mayor mérito había sido siempre buscar a los mejores equipos- y dio a luz el llamado Código Penal de Belloch o de la Democracia que, entre otras cosas, impuso que las medidas de seguridad solo se cumplirían con sentencia firme y no como hasta entonces con simples autos de archivo por enajenación mental del procesado. Bueno, pues con todo esto no es raro que me cabree cuando unas iletradas, llaman a ese Código el de la manada y se sacan de la manga una reforma que dura dos días.
Lean el libro y no lo recomiendo porque en él, Juan Alberto – como su mujer Mari Cruz Soriano en la presentación- me pongan a mí por las nubes con el asunto etarra. Reconozco que me cuidó y a él le debo, en gran parte, que no me dieran matarile aquellos salvadores de la patria vasca. Dice Juan: habría que darte ahora la medalla de oro por aquello. Y yo contesto: dame un jamón de tu tierra y una caja de tercios de Alhambra. La medalla la guardas y ya me la darás a título póstumo con bandera y banda de música y toda la parafernalia para que pase contento la laguna Estigia y el cancerbero no me ponga pegas. Ya en el infierno tendré ocasión de darle dos hostias a algún etarra y a algún vividor que se llamaba sindicalista.
Las memorias hablan de los jueces, de los fiscales, de la vida difícil en el País Vasco en aquellos años en los que había tiros y lapas a diario; habla de Roldán; por supuesto habla de cómo evolucionó una España que algunos ahora se creen que es una realidad etérea y es algo tangible que siempre, siempre hay que preservar. No voy a reventarlo porque es preferible que cada uno lo rumie en silencio y sin mediadores. No llevo comisión de ningún tipo cómprenlo, aprendan con él y disfruten.