Aprender a diagnosticar y tratar una enfermedad sin perder de vista a la persona que la padece. Ese será el punto de partida del Grado en Medicina que la Universidad CEU Cardenal Herrera comenzará a impartir en septiembre en su campus de Elche. La primera promoción estará formada por 50 estudiantes y seguirá un modelo que combinará la exigencia científica, la formación práctica y una atención sensible a las circunstancias personales, familiares y sociales de cada paciente.
La dimensión del grupo responde a una decisión académica. La Universidad quiere favorecer una relación directa y continuada entre el alumnado y sus profesores, facilitar la participación en las clases y realizar un seguimiento cercano desde los primeros cursos. Según ha explicado el rector de la CEU UCH, Higinio Marín, la formación médica exige unas condiciones docentes que permitan acompañar al estudiante mientras adquiere conocimientos, criterio clínico y una responsabilidad profesional que tendrá consecuencias directas sobre la salud de otras personas.

Además, la práctica se incorporará progresivamente a lo largo de los seis cursos. Antes de llegar a los hospitales, los alumnos trabajarán en laboratorios, seminarios y escenarios de simulación clínica, donde podrán entrenar procedimientos, comunicación con pacientes y familiares, razonamiento, toma de decisiones y trabajo en equipo. Posteriormente, realizarán prácticas en centros sanitarios públicos y privados, entre ellos el Hospital Universitario del Vinalopó, donde ya se forma alumnado de otras titulaciones sanitarias del CEU.
Un grupo reducido para una docencia cercana
Higinio Marín ha defendido que el grupo de 50 alumnos no responde a una limitación provisional, sino al modelo de enseñanza que la Universidad quiere desarrollar en Elche. «Queremos que los estudiantes mantengan con sus profesores una relación inmediata y continua y que puedan recibir una atención personal durante su formación», ha señalado. Esta cercanía permitirá plantear dudas, revisar errores y relacionar desde el comienzo las materias científicas con su futura aplicación clínica.
Para el rector, la complejidad de Medicina obliga a garantizar desde el primer día la calidad del profesorado, los recursos y la organización de las actividades prácticas. «Preferimos formar a 50 estudiantes al máximo nivel académico, científico y profesional antes que aumentar el número de plazas», ha afirmado. Por ello, el seguimiento tendrá especial peso en las materias básicas, los seminarios, los laboratorios y las sesiones de simulación, además de completarse con tutorías y orientación durante toda la carrera.
Durante el primer año, las clases se desarrollarán en las sedes universitarias de Capitolio y Reyes Católicos. A estos espacios se sumará un Centro Avanzado de Simulación que permitirá recrear situaciones clínicas en entornos controlados. Después de cada ejercicio, los estudiantes revisarán sus decisiones y analizarán con los profesores el procedimiento seguido, de manera que puedan identificar errores y valorar las consecuencias de cada actuación antes de intervenir con pacientes reales.
«No hay una neumonía: hay una persona enferma»
Ahora bien, el proyecto no se limitará a proporcionar conocimientos científicos y competencias técnicas. El vicedecano de Medicina en Elche, Manuel Sureda, ha situado la humanización de la asistencia entre sus principales rasgos. Para el oncólogo, la calidad educativa constituye el punto de partida, pero la Universidad debe enseñar también a reconocer a la persona que existe detrás de cada diagnóstico.
«Queremos contribuir a que el ser humano enfermo vuelva a ocupar el centro del acto médico», ha señalado Sureda. El vicedecano reconoce la importancia de la eficacia, la eficiencia, la efectividad y la sostenibilidad del sistema sanitario, aunque advierte de que estos criterios no pueden sustituir al paciente como referencia principal de las decisiones clínicas.
Para explicarlo, Sureda ha recurrido al lenguaje que puede instalarse en la rutina hospitalaria y acabar identificando a una persona únicamente con su patología. «No hay una neumonía, un páncreas o una vejiga en una habitación; hay un ser humano que está padeciendo una enfermedad», ha afirmado.
En coherencia con este enfoque, el plan de estudios combinará las materias científicas y clínicas con contenidos de Antropología, Historia y Doctrina Social de la Iglesia. Los estudiantes deberán aprender a interpretar las circunstancias de cada paciente, comunicarse con sus familias y afrontar decisiones en las que intervienen factores médicos, éticos, sociales y culturales. “De este modo, el recorrido que comenzará en el aula y en la simulación deberá prepararles para que, cuando entren en una habitación de hospital, sepan reconocer la enfermedad sin dejar de escuchar a la persona que espera ser atendida”, asegura el rector.
El CEU proyecta un instituto de salud para atender a personas vulnerables
La CEU UCH trabaja también en la creación de un Instituto CEU de Salud, integrado en CEU Social, que combinará docencia, investigación, asistencia y acción social. El proyecto comenzará con prestaciones vinculadas a Fisioterapia, Psicología y Enfermería y ofrecerá atención a personas con recursos limitados, en riesgo de exclusión o con necesidades específicas relacionadas especialmente con la oncología, la neurología y la pediatría.
Los estudiantes participarán siempre bajo supervisión profesional, siguiendo un modelo de aprendizaje y servicio inspirado en las Student-Run Free Clinics internacionales. El instituto aplicará un enfoque biopsicosocial que tendrá en cuenta no solo el problema clínico, sino también las circunstancias emocionales, familiares y sociales de cada usuario.
Higinio Marín ha explicado que la iniciativa permitirá poner las capacidades asistenciales de la Universidad al servicio de la comunidad. «Queremos que las personas que lleguen a nosotros a través de ONG, de Cáritas o de otras organizaciones puedan recibir una atención integral», ha señalado. El rector ha precisado que no se pretende competir con la actividad sanitaria ordinaria, sino atender necesidades que requieren acompañamiento y coordinación. A su juicio, esta experiencia permitirá que los alumnos comprendan que su profesión no comienza y termina en una técnica o un tratamiento: «Queremos formar buenos profesionales, pero también personas capaces de concebir su profesión como un servicio».