He dejado claro en el anterior artículo – me han pedido, por privado como se dice ahora, que escriba la continuación como sugerí-, he dejado claro que lo que está practicando Netanyahu, con la ayuda inestimable de Trump, es un crimen de guerra con todas las letras, un genocidio de libro.
Venía yo de El Pedernoso, de cuadrar y dejar niquelado el evento literario más grande que han visto los siglos, el QUIJOTE NEGRO E HISTÓRICO, y oigo en la radio que Madrid, del que decían que estaba blindado con más de tres mil policías, como en la cumbre de la OTAN, estaba desmadrado, con la Vuelta Ciclista parada y suspendida a cincuenta kilómetros de la meta y Cibeles, el Paseo del Prado y la calle de Alcalá llena de gente saltándose los controles, arrastrando la vallas y pasándose a la Policía por el forro. Desde el punto de vista policial y fracaso de tres pares de cojones que en cualquier país habría propiciado el cese del Delegado del Gobierno, del Director de la Policía y del propio Ministro de Interior.
Yo soy seguidor de la Vuelta Ciclista, un espectáculo total sobre todo en las subidas a Sierra Nevada, al Angliru o al Xorret del Catí, desde que corrían Luis Ocaña, Fuente y hasta Julio Jiménez que por algo uno es anciano al que ya no quieren ni en la cárcel porque hace gasto en medicinas, ambulancia y llamadas intempestivas al médico.
Oliéndome que el gobierno ha consentido este corte para dar fe internacionalmente de su repudio del genocidio judío sobre Gaza, este espectáculo policial deplorable habría podido evitarse impidiendo que el equipo israelí participara.
Me gusta el ciclismo, odio los genocidios y reconozco que es mucho más importante denunciar las matanzas judías de niños y gente indefensa – por más que Hamás sea fanático descendiente de tantos yihadistas enloquecidos- que el hecho de que Almeida luzca su porte ebúrneo en el palco de Cibeles entregando medallas y trofeos a los corredores.
El colectivo judío, aglomerado en torno a la religión y al dinero, no deja ser un grupo socialmente curioso y digno de estudio.
Desde tiempos inmemoriales – con inventos asumidos por todos, con epopeyas y con relatos inverosímiles hasta para el más burro- se enrocaron en una postura numantina con el cuento ya sabido: somos el pueblo elegido de Dios y ese Dios, como dice el salmo, pondrá a tus enemigos como estrado de tus pies, con tus tropas ordenadas en santa majestad. La Biblia es puro sionismo.
Los judíos han sido expulsados y perseguidos en mil sitios: en España, y todavía andan por ahí los descendientes sefardíes que hablan un español antiguo; en Rusia, con los famosos y crueles pogromos propiciados, además de por racismo contra ellos, porque así eran privados de sus riquezas. Eso mismo pasó en la Inquisición que, con motivo del encarcelamiento, la tortura y la quema, se les quitaban las riquezas que acumulaban. El padre de Netanyahu, Benzión, habla de las motivaciones económicas de la Inquisición tan santa. Para enriquecerse con sus bienes, nadie se privaba de achacar a los judíos desde comer niños hasta ser los culpables de la epidemia de peste negra.
Con todo lo anterior lo que colmó el vaso de la inhumanidad fue el genocidio de Hitler, gaseando y dejando morir de hambre a millones de judíos en los campos de concentración. Yo he estado en Mathausen y, pese a mis años de cárcel y a haber visto de todo en motines y broncas talegueras – lo peor, un gitano asesino paseándose con la cabeza de un alicantino chorizo hasta ese día que pasó a ser muerto, en un cubo para demostrar que aquel motín iba en serio- pone los pelos de punta ver en qué condiciones de vida morían aquellas personas. El horror – campo de Mathausen- junto a un paisaje idílico y pastoril en la orillas del Danubio.
Siempre lo digo: es muy fácil y corriente que los masacrados se conviertan en masacradores. El sionismo, la identidad de un pueblo cerrado en sí y con conciencia de ser especial – elegido por Dios nada menos y aquí se ve un esbozo de la teoría Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, por la cual el éxito mundano, económico, social, etc…- miren cuantos banqueros forrados- predice el cielo futuro. Teoría peregrina: si tu eres un superforrado, Dios demuestra que eres elegido, tienes la salvación asegurada. Yo, de ser eso así, voy al infierno de cabeza.
El sionismo, siempre latente tras tantas emigraciones, esclavitudes y vapuleos. La Biblia está llena de ellos. Vean si no – lo típico es Egipto, la esclavitud y el mar abriéndose para que pasaran- la ópera Nabucco de Verdi, que refiere otro episodio de cautividad de cinco siglos antes de Cristo en Babilonia: Saluda a las riberas del Jordán y a las derribadas torres de Sión. ¡Oh patria mía, tan bella y perdida! ¡Oh recuerdo tan querido y fatal! Luego, los arreglos eclesiales, hacen de Sión, la Jerusalén celestial por la que suspiran los creyentes. Un enjuague.
El sionismo despierta a finales del siglo XIX con el caso Dreyfus en Francia. Un capitán judío alsaciano fue condenado injustamente a cadena perpetua por espionaje y mandado a cumplir a la isla del Diablo – acuérdense de Papillón que también cumplió allí-. La sociedad francesa se polarizó a favor o en contra y Emilio Zola escribió el famosísimo J´acusse que hizo cambiar de opinión a mucha gente. El tribunal supremo reabrió el caso y anuló la sentencia. Ese es el resumen.
Entrado el siglo XX tiene lugar la gran tragedia nazi. El mundo entero, viendo el genocidio de Hitler, se compadece de los judíos y, si a eso unimos que hay que entrar con la política en el Oriente Medio porque se ha disuelto el imperio otomano y además aquello es riquísimo en petróleo, ya tenemos el argumento idóneo para meter allí una cuña occidental. Se crea el Estado de Israel y en medio de unos países cuyas fronteras están trazadas con tiralíneas meten a los judíos como guardianes de la cultura, la política y la milicia americana, inglesa, francesa, etc… Los judíos – vean todas las informaciones que hcen referencia a los colonos- compran terrenos y los unen a la fuerza. Cada urbanización de casas ocupadas por colonos israelíes está blindada, todos los colonos van armados, y cada urbanización se blinda y se separa de los palestinos impidiéndoles moverse con libertad e incluso ir al hospital de noche si una mujer se pone de parto. Hay una enorme presión de control con la excusa del terrorismo y esto no es sino un pez que se muerde la cola. Ahí hay que insertar la política genocida de Gaza. Hoy mismo veo un anuncio para que abandonen sus casas y se desplacen al sur donde no hay nada. Ni casas, ni agua, ni comida. El otro gran dictador – no sé si para engañar bobos- avisa de sus planes, crear una Costa Azul, o del sol, o blanca o veneciana…en la esquina maldita del Mediterráneo. Con vuelta ciclista suspendida o sin ella, con ridículo policial impostado o sin él, con permisividad gubernamental o sin ella, el genocidio judío contra Palestina se estudiará en las enciclopedias del futuro.
El amor de mi vida, la chica galáctica que paralizaría los tanques israelitas si apareciera entre ellos, me llama al orden. Déjate ya de escribir sobre estas barbaridades. ¿No te parece que tienes suficientes enemigos ya para buscarte otros? Si no escribes o dices lo que quieres con cincuenta años – decía mi amigo Juan Alberto Belloch y yo he pasado los cincuenta para mi desgracia- a cuándo vas a esperar?
Lo peor de todo, en medio de las matanzas genocidas de niños, es que estos señores, con el Pentateuco en la mano, creen que Dios está de su parte y que estos enemigos deben ser masacrados sin ley ni compasión de ningún tipo. También esto viene de antiguo y está claramente reseñado en las tradiciones orales bíblicas, luego puestas por escrito. Además del milagro del Mar que se abre, la zarza ardiendo que no se extingue y hasta el sol que se detiene para dar tiempo al ejercito para que termine su conquista… ya tenemos el personaje que inicia al dinastía. Una prostituta, llamada Rahab, bisabuela del rey David ayuda a unos espías de Josué para conquistar Jericó, primera conquista de la tierra prometida. A cambio el ejercito judío respeto a Rahab y su familia y allí se inició la dinastía de David de la que nació Jesús. Es bonita la historia aunque mucha de ella sea un cuento. En ella se basan muchos para fijar enemigos eternos y a muerte.