Opinión Manuel Avilés
No sé cómo Irene, Belarra, Pam y alguna otra no han peleado para cargarse eso de las bellezas, espectáculo machista en el que yo he colaborado pagando unos cuantos metros de tela para faldas y encajes y corpiños

Dicen los que saben que un poeta satírico romano, Juvenal, que vivió unos cien años antes de Cristo fue el primero que utilizó la famosísima frase “Panem et circenses” aludiendo a que, para tener a la gente tranquila y más o menos pacificada, había que darles comida y espectáculos de circo. Era lo propio de aquella época en la que aún no se había inventado el fútbol y el no va más de la diversión eran los circos con gladiadores, en los que, en épocas posteriores, también los discípulos de aquella secta que se decía seguidora de un profeta nazareno, pasaban a engrosar las listas de muertos en las arenas romanas y de otros circos del imperio.

No nos enfademos con los romanos que les debemos mucho. Desde la lengua española al Derecho y desde las vías de comunicación  a la transmisión de la cultura griega en lo que se llamó la Magna Grecia. Eso que hoy los estudiantes,  sujetos y víctimas de planes “analfabéticos”, desconocen por completo. Ya saben…los presocráticos, los mecanicistas griegos, Platón, Aristóteles, Plotino o el Pseudodionisio Areopagita, un filósofo que solo conoce el anterior Jefe  de Policía de Alicante, actual Jefe Superior de Murcia, un ilustrado sabio, Ignacio Olmo.

Juvenal sabía, hace más de dos mil doscientos años, que una de la formas de mantener despistada a la plebe es darle diversiones accesibles y baratas, espuertas de patatas cocidas y garrafón. Tener la barriga llena es esencial. Del hambre, como ya quedaba claro en el diálogo entre Babieca – el caballo del Cid- y Rocinante  – el caballo de Don Quijote-: Metafísico estáis. Es que no como. Del hambre, repito,  nace la metafísica y la reflexión para buscar precisamente eso: la comida. “Primunvivere, deinde filosofare”, que dicen los listos.

Los políticos, desde hace miles de años, desde que el hombre se ha organizado en comunidad porque vivir solo es muy aburrido, se han buscado la vida para organizar festejos que tengan a la plebe distraída y colárselas sin que se enteren. El solsticio de verano, el día más largo y la noche más corta del año en el hemisferio norte, se sacralizó hace miles de años. También el de invierno, justo lo contrario que el anterior, y así nacieron la Navidad y la noche de San Juan, o sea, las hogueras alicantinas, fiesta total que unos disfrutan más que otros.

Ciñámonos a las ultra – ojo con el término ultra que tiene connotaciones peligrosas- hiper famosísimas mascletás, que vengo criticando hace años. Entre otras cosas porque soy perrero y los perros las sufren inmensamente. Como Lord Byron, “cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”.

No sé cómo Irene, Belarra, Pam y alguna otra no han peleado para cargarse eso de las bellezas, espectáculo machista en el que yo he colaborado pagando unos cuantos metros de tela para faldas y encajes y corpiños

Si es que existe libertad para expresarse y si el editor es capaz de tirarse a medio Alicante encima publicando este artículo, afirmo solemnemente: Las ultra famosas mascletás son un espectáculo de clase. Pónganse como se pongan, échense encima, acuérdense de toda mi parentela. Pídanme prisión incondicional sin fianza  – en mi actual situación me interesa ir a la cárcel, ya lo he dicho en otros artículos-, pero las mascletás son un espectáculo de clase.

Hay una clase privilegiada que va al centro de Luceros, cerca del monumento, de los caballos, de la fuente y de los pirotécnicos… y luego está la plebe, el pueblo llano. El que se amontona oliendo a pies y a sobaco – dicho con perdón-, el que suda como un pollo y paga las cañas en todos los sitios anejos en los que en estas fiestas se puede hacer botellón porque hay una especie de “vacatiolegisfogueril”. Las cañas gratis, ojo, también son para los privilegiados y la publicidad de las bebidas que ocupan suelo público privilegiado, las pagamos luego todos en los mercadonas y en los bares.

Hace mil años yo criticaba en el periódico en que escribía entonces, cómo Alperí y Zaplana llegaban al centro de la plaza sin una gota de sudor, trajeados, recién duchados, con el Audi mantenido  fresquito por el conductor que los dejaba, como los subalternos a los toros, puestos en suerte, para que entraran al ruedo en loor de multitud  – también en olor por imperativo fáctico-. Alperi y Zaplana  no parecían humanos. Impecables, guapos, maqueados y alicatados hasta el techo. Los demás sufríamos como el Cirineo ayudando a llevar la cruz. Andábamos como piojos en costura, con una chancla perdida y los callos en rebelión por los pisotones.Con un niño que te colaba una piruleta por el cogote y una abuela que te daba un codazo en los mismísimos haciéndose un hueco para disfrutar del humo.

Vale que el alcalde y el presidente de la comunidad estén en un corralito de primera fila. Vale que estén las bellezas  – no sé cómo Irene, Belarra, Pam y alguna otra no han peleado para cargarse eso de las bellezas, espectáculo machista en el que yo he colaborado pagando unos cuantos metros de tela para faldas y encajes y corpiños para el lucimiento de una integrante de ese ramillete de bellezas a quienes luego invité a mi casa en Mallorca, pagándoles unas cuantas comidas y cenas para que descansaran del trajín.

Vale que estén los concejales. Gobernando los populares con Vox… ¿para que servirían socialistas, compromis y el resto si no es para ocupar un sitio de lujo como figurantes en ese sarao?

¿Qué decimos de los centenares de enchufados que se cuelan? No son medios de comunicación, que Onda Cero y la Ser están ahí con todo el derecho para contarnos lo que pasa. Amiguetes, colegas, recomendados, amigos del hijo, de padre y del espíritu, la vecina del cuarto del agente Anacleto, el párroco del Pilar del Toro y la madre superiora secularizada de un convento que fue convertido en parador nacional. Todos esos  – ya no está el concejal que hablaba de medidas de seguridad, que ahora está Calero y sabe mucho más de eso- tienen que ira mezclarse con la plebe. Donde está el rincón de Paco, que el hombre se pone ahí a las ocho de la mañana a coger sitio.

A todos los que se pirran por un hueco en la mascletá, cerca del fuego y del explosivo, les metía dieciséis meses de mili en artillería. Todavía quedamos hombres que hemos hecho la mili y que haríamos tres milis seguidas si nos dieran la posibilidad de volver a los veinte años. Con dieciséis meses de mili, con un par de maniobras tirando cañonazos en los acantilados de Asturias, dándole cera a aquellos cañones antiaéreos  40/70 heredados de la guerra del Vietnam, se les quitaban las ganas de mascletás para los restos. Hay muchas maneras de festejar lo que te de la gana. En aquella época, a punto de votarse la Constitución, alegué – para no ir- incluso ser hijo de viuda, juré que mi padre había muerto, maté a mi abuelo dos veces. Me manifesté como pies planos y estrecho de pecho.No hubo forma de librarme. Le pedí al capitán Requejo, “ un aparato de esos que se ven en las películas para taparse los oídos” y me contestó con una pregunta a voces para conocimiento general de todas las baterías  – los artilleros constituyen baterías como los infantes compañías. Esto es cultura general- : ¿Tú eres maricón o eres un hombre? Mi capitán, a sus órdenes  – contesté acojonado- no soy maricón y seguramente seré, a partir de hoy un hombre sordo. He tirado seis mil cañonazos en tres días y me pita la cabeza, creo que eternamente. Dormí dos noches en una tienda de campaña habilitada como calabozo y luego, por darle a un globo que soltó un barco a dos mil metros, me dieron un mes de permiso que aproveché para casarme contra una chica de León.

El amor de mi vida  me llama continuamente sordo y trata de imponerme el sonotone que no me paga la seguridad social, pese a ser la minusvalía sorda, adquirida defendiendo a la Patria.

¡ Cuánta injusticia! ¡Señor, llévame pronto!

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