20 septiembre, 2026
opinión Avilés
Las playas de Ceuta son ahora una cárcel: viven al raso, en la miseria, sin expectativas - las que les dio Mohamed porque vende a su país y a sus habitantes. ¿Queréis que se comporten como ciudadanos modelo en esas circunstancias?

Escribo como Fray Luis de León en la cárcel inquisitorial – salvando muchos detalles-. En silencio, no hay ni un ruido, el cielo es azul y el aire fresco y puro. Hay un solo bar en el pueblo y voy a desayunar, haciendo un paréntesis. En el único bar, hacen tostadas de pan de pueblo recién hecho, con aceite que te vuelcan de una “alcuza”  y café de calcetín, hervido en una olla con leche de vaca ordeñada esta mañana. Ando con mi último libro, “Yo soy el asesino” que va a organizar un lío bien grande. Me acuerdo de  mi chica – imposible borrarla de mi memoria como canta “Navajita plateá”, pero no voy a hablar más de ella porque no me hace ni puto caso. Yo la sigo queriendo como el primer día. Ando por las calles desiertas y de vez en cuando me tropiezo a una abuela o a un hombre mayor que va con su tractor a vendimiar. Estamos en la época. Huele a  mosto en la Cooperativa del vino y tengo pensado delinquir: con una goma de butano de siete metros, me llega el vino de las cubas gigantescas hasta el cabecero de mi cama. Bebo gratis de la misma manera que si estuviera ordeñando a las de la vaquería.

He vuelto a mi infancia- es cojonudo hacer esto a los setenta años- voy por la calle y todo son buenos días, buenas tardes o buenas noches.  Te saluda todo el mundo y yo respondo, aunque no sepa quien está expresando esos buenos deseos. El pueblo está impecable, se puede comer en el suelo. Voy a invitar a Barcala un fin de semana para que sepa lo que es un pueblo limpio y lo aplique a Alicante. Hoy, incluso, he perdonado a una abuela, sin soltar ningún taco sonado, después de que me atropellara, en la única tienda de comidas, con el carrillo de la compra. Cómo recuerdo el mercadillo de Benalúa o de Babel, con las viejas derrapando y atropellando tobillos, como si fuesen Marc Márquez o Jorge Lorenzo. Causan una rotura de tendones, dicen perdón con desgana y si te he visto no me acuerdo. Dejan un cojo para tres o cuatro meses impunemente.

Saludo al que va a vendimiar, al cura y al alcalde, al que lleva un tractor y al de la excavadora, también a un sudamericano con cara de quechua que subido en una tapia, ocupa el puesto de albañil al sol que los de aquí no quieren. Me doy cuenta de quien es el que mantiene a esta España convulsa, el que llena sus despensas. He aquí la paz, la felicidad y el bien estar con mayúscula. Para echarme de aquí tienen que llamar a los Geos o a la UIP.

Perdón, a la UIP, no que esos están echando horas extraordinarias en Ceuta. Paro por una noticia imprevista: torrente de agua, gota fría en Archidona. ¡Joder! Cerca de mi pueblo, cerca de Ceuta. “ La insólita y gloriosa hazaña del Cipote de Archidona” que inmortalizó Camilo José Cela. Lo conocí en Mallorca cuando andaba escribiendo “Los papeles de Son Armadans”, era antipático y genial.

¡Ya salió Ceuta! La ciudad sobre la que más se ha mentido y más polémica ha generado en los últimos cincuenta días. Sánchez ha hecho política de pésima calidad en el último mes y medio sobre esa ciudad española. Ha mentido sin despeinarse: es una crisis migratoria. Nada más falso. Preguntadle a Vivas lo que queréis saber. Y el pobre Vivas, que tendría que estar más jubilado que Conde Pumpido y que Tezanos juntos, campea el temporal como puede con  ¿cinco, ocho, trece mil invasores? Andando por la ciudad como perro sin pastor.

Ceuta es un tema político esencial. Yo, de Ceuta, no sé nada salvo que fui en viaje de novios, me compré unas Ray Ban, que me han durado cuarenta y siete años. Las perdía hace un par de semanas. Sé que Ceuta era española mucho antes de que Marruecos existiera como país y sé que Ceuta y Melilla y las Canarias son botín codiciado por Marruecos desde que Franco era cabo, solo que entonces no se atrevían hasta que tuvo lugar la Marcha Verde, con el padre del dictador actual. Uno de los individuos más ricos de África   – cifran su fortuna en seis mil millones de euros-  mantiene bajo su zapato una dictadura plagada de pobres y a los que engaña lanzándolos a la aventura, aunque mueran en ella. Lanzados a la aventura para el provecho político del dictador han muerto 141 pobres desgraciados. Un número sin determinar   – un estado moderno, entre los diez primeros del mundo en PIB y que farda de ser el de mayor crecimiento ahora en la UE- no ha podido aun contar a los que hay en las calles de Ceuta y a los que invadieron el país. Ochenta mil, setenta, noventa. No lo saben. Y hoy permanecen en Ceuta diez mil, trece mil, cinco mil… tampoco lo saben. He visto titubear al mando único como el ministro más inútil desde Julio Rodríguez, aquel que hizo empezar el curso en la Universidad en enero.

No fue una crisis migratoria como intentó disfrazar Sánchez, dando marcha atrás de su afirmación sobre la invasión, fue un delito contra el derecho internacional: la agresión invasora de un país vecino y extranjero. Esto hoy en día, nadie lo considera porque de lo contrario, Trump, Putin y Netanyahu  – abreviando- deberían estar en busca y captura.

La Criminología, además de haberla estudiado me gusta. Otra cosa es que sea inútil porque sirve para poco, y veo continuamente criminólogos vagando como ovejas sin pastor  a ver dónde aprecian su especialidad para lograr trabajo. La Criminología no habla de actos buenos y malos, de delitos escalofriantes o inhumanos. Habla solo de hechos sociales que pueden ser estudiados.

En esta invasión clarísima, seguramente, el dictador marroquí ha querido distraer al pueblo con una nueva epopeya: la conquista de Ceuta, la creación del Gran Marruecos que va desde Mauritania y el Sáhara  – entregado a él vergonzosamente- hasta Ceuta, Melilla y las Canarias. Estos episodios  – visto desde fuera- suelen también crear un clima de euforia entre el pueblo analfabeto y hambriento, que se olvida de todo cuando le dan pan y circo y solo falta añadir la lucha por la final del mundial de futbol para que los millonarios – nadie sabe los millones de euros que se embolsan en España- Mbappe y Vinicius no se pongan la camiseta defendiendo a Ceuta.

Los políticos   – no se me ocurre comparar a Sánchez con Mohamed, no se enerven los sanchistas ni pidan mi fusilamiento, De Manuel– se toman las cosas con calma y pensando en los periódicos. Unos se echan las culpas a otros y ahora, tras el jefe de gabinete, el inepto del delegado del gobierno no sabe nada y la culpa es de Vivas, el único que ha dado la cara desde el primer momento y al que hay que preguntarle.

He visto un detalle, porque aún me queda algo de mi época de espía, y espero que los cámaras no me hayan intentado engañar. Varias veces, mientras nos decían que no se sabía nada, que Marruecos no tenía nada que ver y que era un amigo leal, he visto como llegaba un camión cargado de moros  – no es peyorativo, en mi tierra, los moros hicieron la Alhambra- descargar “ la mercancía” y un policía de gris y con correaje blanco, organizar la bajada. He visto los alojamientos de los policías españoles, con colchones más sucios que el calabozo más cutre del universo y los colchones de las instalaciones para alojar a invasores, nuevecitos, precintados para estrenar. ¿Qué se puede decir de esto? ¿Los derechos humanos no afectan a los policías del Estado?

Ahora si tenemos a diez mil “invasores”, chicos jóvenes, enviados al lío con promesas falsas, sin nada que hacer, vagando por las playas, por las calles y durmiendo al raso, ¿Qué podemos esperar? Como diría Lacassagne he ahí un caldo de cultivo ideal para robar, agredir sexualmente o simplemente a palos o puñetazos, pelear por cualquier cosa  y liarla parda con el motivo más nimio.

La criminología habla de factores cosmotelúricos del delito. Por ejemplo, en las cárceles, un sitio que conozco de sobra, cuando hace mucho calor, cuando no hay nada que hacer, cuando el aburrimiento se extiende, cuando la falta de expectativas se enseñorea de los patios, aumentan las broncas y las agresiones. Las playas de Ceuta son ahora una cárcel: viven al raso, en la miseria, sin expectativas – las que les dio Mohamed porque vende a su país y a sus habitantes. ¿Queréis que se comporten como ciudadanos modelo en esas circunstancias? En uno de los primeros artículos sobre Ceuta hablé de la influencia de Trump y Netanyahu. Aquí la tenéis. Los dos con Mohamed han firmado un trato de maravillosa convivencia. El gran amigo de Sánchez tiene ya otros amigos que odian al presidente. A ver quien le pone el cascabel a ese gato.  Grave problema criminológico y político que parecen querer dejar que se pudra, a ver si se arregla solo.

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