Alicante encendió el pasado viernes la campaña de iluminación navideña con un gran árbol en la avenida de la Constitución y un despliegue de 2,6 millones de luces LED repartidas en 130 emplazamientos de la ciudad. Sin embargo, la alegría va por barrios, y el color del centro contrasta con las quejas que llegan desde varios barrios del cinturón urbano. Vecinos de Miguel Hernández, Babel, La Florida, Ciudad de Asís, San Blas y otras zonas periféricas denuncian que sus calles están este año con una iluminación navideña muy escasa.
Las críticas no son nuevas. Asociaciones de comerciantes y colectivos vecinales llevan años advirtiendo de que “la Navidad se queda en el centro” y reclamando un reparto más equitativo del alumbrado, porque el comercio y la vida social de los barrios también necesitan el empujón de estas fechas. En septiembre, representantes del sector comercial de la periferia manifestaron su preocupación por la cobertura y la gestión del contrato de alumbrado, y pusieron en duda si los recursos llegarían a todos los barrios.
En Miguel Hernández —un barrio que en los últimos meses ha protagonizado procesos de rehabilitación y reivindicaciones vecinales— los residentes aseguran que, pese a la cercanía de las fiestas, apenas han visto instalación de guirnaldas o motivos en las calles principales.
Aun así, el debate público se ha encendido en redes y en asociaciones de vecinos: la percepción mayoritaria en los barrios periféricos es que, pese a las cifras globales, la distribución del alumbrado no responde a criterios de equidad territorial, sino más bien a un foco en puntos de mayor afluencia turística y comercial.