Me llama la Policía y me quedo de piedra. ¿Vais ya a detenerme? ¿Me ha denunciado alguien por haber publicado Cuarenta años de cárcel. Sin redención? Joder no me lo esperaba porque ya se abstuvieron de hacerlo cuando saqué a la calle De prisiones, putas y pistolas. De todas formas ya me lo dijo el gran Juan Alberto Belloch: la mejor publicidad de un libro son un par de querellas. Se vende como churros y lo buscan hasta debajo de las piedras. Solo me falta, ahora, pasar un par de días en el calabozo, como publicó falsamente aquel sicario ultra, que ignoraba las más elementales leyes de la sintaxis y de cuyo nombre ni me acuerdo. No estoy de humor para bromas, le digo al madero, me acaba de dejar mi chica y me estoy preparando un coctel de trankimazin, mezclado con güisqui de garrafón y agua oxigenada para dejar a este mundo traidor y pasar a una vida más tranquila.
No se preocupe usted – dice el policía- queremos que nos escriba un par de páginas sobre la opinión que tiene, y el reflejo en la gente, del chorro de etarras que están pisando la calle a velocidad de vértigo.
Me pongo a la tarea, sin ganas. Que el amor de tu vida te eche, aunque sea en silencio y sin alharacas, sin reproches y sin broncas, es un palo difícil de soportar. Te quedas gilipollas, como desangelado, como huérfano, como cuando el cura de aquel colegio represor mandaba a todos al recreo y tu tenías que quedarte castigado traduciendo a Jenofonte, sin que me importaran un huevo ni Ciro ni Artajerjes. Dedicaré el tiempo que me quede hasta que el tranquimazin y el güisqui hayan hecho su efecto a rezar – me he convertido de golpe- para que vuelva porque es imposible que lo nuestro tenga un punto y final.
Yo había pensado escribir algo del 23 F, porque estamos en fechas de hacerlo y porque hay que dar las gracias y felicitar a Sánchez por levantar el secreto sobre esa infamia. ¿Quién era el elefante blanco, que todos esperaban? ¿Qué urdimientos hubo en la preparación del golpe de timón hasta que se metió Tejero en el fregado sin que nadie lo llamara y como elefante en cacharrería, montando la de Dios como puta por rastrojo al borde de la Cuaresma? ¿Cuál fue el papel del Jefe Supremo del ejército entonces? ¿Quién empujó a Suárez – ambicioso irredento, aunque magnifico presidente- para dimitir cuando él nunca se habría ido? ¿Por qué me pegué yo dos días sin salir de la cárcel vieja de Benalúa hasta ver en qué quedaba la cosa?
Los etarras. Fueron los etarras, que yo luego he trabajado de espía en ese rollo y me he enterado bien de todo porque todo me funciona mal, todo, menos la memoria. Los etarras nacieron a duras penas en el 59 en una asamblea del PNV en París, presidida por el lehendakari Aguirre, cuando unos chavales lampiños se subieron a una silla y le echaron en cara vivir de puta madre en el exilio y no luchar verdaderamente por echar al dictador. Nació ETA como algo sin importancia y presto a morir en dos meses. Se equivocaron los politólogos y ni falta que hacían sus inútiles dictámenes, similares a las profecías de Tezanos.
Uno de los que había en aquella reunión me contaba en confianza: empezamos a hacer pintadas en las calles para que se conociera nuestra marca: Gora ETA, y la gente se creía que era una marca de detergente.
El genio Baruch Spinoza – un judío español, tallador de cristales que aterrizó en los Países Bajos. Lo dijo claro: todo lo que es, tiende a seguir siendo porque al ser le repugna la nada. Denle un par de vueltas a este pensamiento que es tan verdad como que mi chica me ha dejado. #mecagoentoloquesemenea.
Hubo unos cuantos momentos cruciales en este devenir etarra – y no me llaméis más para dar conferencias sobre este asunto, que no soy un abuelo cebolleta para repetir historias, salvo que convenzáis a mi amor para que vuelva-. El primero fue la muerte de Xabi Etxebarrieta. Iba en un seat coupé hortera, un 850 deportivo matricula de Zaragoza tuvo la mala suertede ser parado en la carretera por un guardia civil de tráfico. El chaval José Pardines también tuvo mala suerte y fue asesinado. El estado respondió y buscando al asesino murió el que llaman protomártir de la independencia de Euskadi, Etxebarrieta.Aquí empezó – 1968- la espiral interminable de todo movimiento terrorista: acción- reacción- Yo pego, tú pegas y justificas que yo vuelva a pegar. Y así hasta el infinito
Mataron a Carrero Blanco – hay que seguir estudiando cuando se pueda cómo fue posible ese asesinato a pocos metros de la embajada americana y cuando Kissinger había salido de Madrid unas horas antes. ¿Hay documentos sin desvelar de eso? Tras esa muerte adquirieron prestigio y fama de capacidad. Los franceses, pensando que era contra el dictador Franco y que se podían cobrar la cobertura que el dictador ofreció a los terroristas de la OAS argelinos, dieron cobijo a los etarras, etiquetados como luchadores por la libertad y estos, mataban en Irún y se tomaban una cerveza en Hendaya a la media hora.
Eso duró mucho. Murieron policías, guardias civiles, militares, otros acusados de chivatos, otros de trapicheros de droga – a mi me dijeron varias veces que España inundaba de droga Euskadi para liquidar a la juventud vasca, con cara de odio y como justificación de que algún día me pudieran dar dos tiros- y otros por ser empresarios negados a pagar el dinero que hacía falta para liberar Euskadi.
Se muere Franco y pensamos todos los normales – los paranoicos piensan torcido siempre- que ETA se va a terminar porque ya no hay dictador contra el que pelear y porque Suárez va en serio con la democratización del país. El PSOE, el del clan de la tortilla, el de Felipe, el rehecho en Suresnes, no la caricatura de hoy, es legal. El partido comunista, el de Carrillo y la Pasionaria, en aquel Sábado Santo Rojo del 77, es legalizado, en una manifestación de cojones de Adolfo Suárez, nunca bien valorada, con los militares franquistas rayando el suelo con los dientes y con el bunker de la ultraderecha conjurándose para poner remedio y salvar a la patria. Ahí comenzó a cocerse el pastel envenenado. Para añadir salsa venenosa a la situación insoportable en una democracia joven y débil, un etarra de cierto prestigio entre ellos, habló para aclarar las cosas: nosotros no somos antifranquistas, somos antiespañoles. Ellos no luchaban contra Franco, decían, sino contra España, la opresora, la invasora. Ellos, los descendientes de los nietos de Noé que se dispersaron por Europa y llegaron a los montes de Euskadi dando lugar a los llamados mitos tubálicos – uno de los nietos de Noé era Túbal, suponiendo que Noe hubiese existido y obviando que creer los mitos a pie juntillas es una pose analfabeta.
Siguieron con su liberación matando policías, guardias civiles, empresarios que no pagaban, militares y gente acusada de chivata. El siguiente paso fue empezar con los funcionarios de prisiones, con los políticos – que en principio no eran objetivo- y con cualquiera al que señalaban en un movimiento intelectual muy publicitado: la socialización de sufrimiento. Aquí sufren los presos y sus familias – tesis batasuna-, aquí vamos a sufrir todos.
En estas – vean que la memoria me funciona y no tengo apuntes de nada- ya algunos militares, Inestrillas, los hermanos Crespo Cuspinera, el propio Tejero hacen sus pinitos y ahí surge mi teoría: no amnistiéis a los golpistas porque estos siempre reinciden. Lo del golpe hay que estudiarlo porque yo aun no tengo clara la gestación completa.
Isidro Etxabe – el etarra de Nanclares, hablaré de él en el próximo artículo porque en este no cabe-, su colega Joseba Arregui e Izaguirre Gorgorza y una mujer que nunca supe quien fue, asesinaron al general Sánchez Ramos en Madrid en el verano del 78. La detención de este comando fue pocos días antes del golpe y políticamente se complicó por la muerte de Arregui en el Hospital Penitenciario de Carabanchel con la imputación reiterada por la prensa abertzale de que la muerte fue a consecuencia de torturas por parte del estado. La situación era tensa como no podía serlo más. ¡Quien vio el golpe como una salida? Hay que estudiar mucho aún. Yo no lo tengo claro. Lo viví de principio a fin en la vieja cárcel de Benalúa, ahora Palacio de Justicia – seguiré la semana que viene-.
Menos mal que queda la memoria limpia y sin lapsus intencionados. Gracias por compartirla desinteresadamente.