No hay que olvidar que Carlos Mazón es alicantino, y que Feijóo ha venido a esta casa de calurosa primavera para darse el último baño de masas (cerca de 1.000 militantes pagando a escote) justo antes de su Congreso nacional sin más tendencias ni oposiciones que las de los medios de comunicación a izquierda quieran inventarse sobre un adversario que viene en tromba de encuestas, y con una unidad a prueba de tertulias adversas. Un acto en Alicante de reafirmación popular, nunca mejor dicho, del líder discreto al que últimamente le han aconsejado que suelte el pistón de los efluvios verbales contra el objetivo amagado en La Moncloa de Pedro Sánchez, cuando no volatinero por todo el orbe en misiones internacionales sin mucho cuajo de intercambios.
Todas las cámaras, micrófonos y plumas periodísticas pendientes de cualquier gesto, declaración o entrecomillado del líder nacional respecto al regional que el gallego sabio supo sortear con habilidad mefistofélica, sobre todo para no responder ni por activa, ni por pasiva, ni por insinuada o insinuante a la machacona y machacante pregunta de si va a cesar a Carlos Mazón o lo mantendrá en las próximas elecciones como cabeza de lista para la Generalitat Valenciana. Se limitó a estar cercano en mesa y mantel con el hoy acosado president valenciano, y cariñoso (dentro de lo que cabe en este hierático personaje) con el alcalde alicantino demostrando incluso afectividad cogiéndolo por el cuello como buenos amigos de siempre. El líder del PP, sin llegar al «aparatichi» monclovita, también tiene su numeroso grupo de asesores especializados que le informan, día a día, de quienes serán sus interlocutores, compañeros o adversarios de jornada. Y Barcala tiene muy buenas puntuaciones en la madrileña calle Génova, senso contrario a lo que ocurre en Ferraz con los munícipes socialistas alicantinos.
Un acto en Alicante de reafirmación popular del líder al que últimamente le han aconsejado que suelte el pistón de los efluvios verbales contra el objetivo amagado en La Moncloa de Pedro Sánchez
Cuando el munícipe alicantino observó cómo empezaban a caer chuzos de punta sobre quién fue su acompañante de tándem, con la tercera pata nacional de Macarena Montesinos, a la hora de tomar las riendas de un partido que andaba en desavenencias fratricidas, Montesinos y Barcala pusieron sus barbas a remojar. La una, como escudera parlamentaria de Miguel Tellado (speaker del PP en el Congreso de Diputados), el otro abriendo fuego presupuestario tras aliarse con el maldecido y apestado Vox. Después de Barcala muchas comunidades autónomas y ayuntamientos, siguieron su ejemplo con una doble intencionalidad: sacar adelante los números, aunque fuera retocando partidas, para el próximo año sin convocar elecciones, y recuperar mucho militante, o cuando menos votante, que se le había trasvasado al partido de Abascal, bastante más agresivo y brusco que el tibio Pablo Casado.
¿Y porque en Alicante para dar el aviso de salida hacia la Moncloa? Se me ocurren varias explicaciones, la primera, mejor en la capital alicantina que en Valencia donde y aunque sea sacrificando la alcaldía, hay todo un movimiento por poner a la regidora municipal María José Català como presidenta de la Generalitat y dique de contención contra un sanchismo, que como se dijo en el ágape precongresual, discrimina comprobadamente a la Comunidad Valenciana, desmintiendo lo prometido tras los desastres de Dana y brutales riadas; por otra parte en Alicante el PP demuestra su solidez, lejos de la apatía y el desinterés en que nos tienen sumidos los políticos parlanchines e infecundos; y en tercer lugar para reafirmar a Barcala, que no a Mazón expuesto y colgado de la única voluntad de Feijóo, en clara demostración de quién manda en una tropa ávida de reconquistarlo perdido tras la moción de censura a Rajoy. Una gran mayoría de votos que entren en las urnas municipales tendrán el mismo anagrama político en las nacionales. Sustituir a Mazón es tan fácil como levantar el teléfono porque las consultas previas ya se realizaron este fin y principio de semana tanto en Madrid como en Alicante. No se trata de «sostenella y no enmendalla», sino de cuidar hasta la convocatoria de elecciones al sustituto, o mejor sustituta, para que no la quemen los dinamiteros de izquierda cargándole culpas de un pasado que no es el suyo, siquiera como corresponsable.
En Alicante empezó una revolución, que no tiene que porqué ser ni de la Comuna de París ni la bolchevique, sino un levantamiento general y pacífico de más de un 70% de españoles contra 10 años de sanchismo yendo de fracaso en fracaso hasta la victoria final de un PP, más unido que nunca, como se demostró en los salones de la empresa Juan XXIII.
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