opinión Pedro
¿Podemos estar tan preocupados los alicantinos como pretenden los alarmistas tertulianos, con ese empeño de aterrorizar a la audiencia para conseguir mejores números que avalen su permanencia en antena? 

Alicante está a casi 6000 km de Irán, pero a menos económica y temporalmente de que suban los dígitos en las gasolineras, especialmente en el diésel, que es esencial para nuestros transportistas de mercancías, al igual que el queroseno en el Aeropuerto de El Altet eminentemente turístico ¿cuánto tardarán las restricciones, que ya han empezado en otras terminales europeas. Tampoco se pueden dejar de lado nuestras flotas pesqueras (Dénia, La Vila, Santa Pola, Torrevieja…), que nutren las lonjas del pescado y marisco del Sureste español. 

De momento pagar algún euro más por llenar el depósito no será agradable, pero tampoco traumático. Sin embargo, conforme pasan los días y la guerra del mesías Donald Trump y el sumo sacerdote Netanyahu continúe para robarle territorios al Líbano, preeminente objetivo para el expansionismo sionista, y Washington controle el mercado del petróleo en su ámbito mundial, los alicantinos y por aquello del efecto repercusión y colateral empezaremos a sentirlo en nuestras carteras y cuentas corrientes del haber y el deber. Algo tan incomprensible para el ciudadano medio, mismamente como cuando nuestros antepasados de dos generaciones leían en los periódicos los conflictos entre el Extremo Oriente asiático en plena descolonización europea. 

La política errática de Pedro Sánchez, imprudente promotor de ese eslogan: «No a la guerra» (¿y quién la quiere?), pero a la vez contradictorio con su propio lema al mandar por libre una fragata a la zona del conflicto en ridículo mimetismo con el presidente Macron, quien ha enviado uno de sus mejores portaviones. ¿Contra quién vamos? ¿Contra Estados Unidos e Israel imperialistas? ¿Contra la yihad de los ayatolás iraníes? ¿Por qué no una acción coordinada de la OTAN (con lo que quede de ella en el ámbito europeo)? ¿Qué pasa con ese ejercito europeo al que todos aspiran, pero nadie en la UE pone en marcha? 

Alicante tiene en su propio municipio capitalino un destacamento bien preparado para la guerra de guerrillas, por ende somos una de las dianas frente a un supuesto enemigo, cuando cualquier avión o barco de combate no distinguen civiles de militares, siempre son muchísimos más los inocentes primeros que los profesionales de la conflagración. 

¿Podemos estar tan preocupados los alicantinos como pretenden los alarmistas tertulianos, con ese empeño de aterrorizar a la audiencia para conseguir mejores números que avalen su permanencia en antena? 

Sinceramente creo que no. Como también creo a los economistas de buen cálculo (e independientes de «lo político») prediciendo un sustancial encarecimiento de la vida, por supuesto la cesta de la compra y los recibos de agua y luz que son los que más duelen por resultar imprescindibles. Podemos prescindir de la moda, del antojo pospuesto, pero difícilmente de una comida o de una cena. 

Me cuentan los comerciantes que están intentando retener precios, pero cuando vengan las nuevas remesas de los distribuidores no tendrán otro remedio que subir los costes al consumidor. Si en esta última Semana Santa ya ha habido un aumento del 3,4% en el IPC, cuando llegue el verano vacacional, si la línea negativa sigue subiendo, podemos tener serios problemas en las industrias hostelera y restauradora, principal factor de la economía alicantina, tanto a nivel de visitantes, más cautos en el gasto, como en muchos otros que decidan quedarse en su vivienda habitual. 

Presumiblemente para cuando llegue junio la guerra en Irán habrá acabado, pero no sus consecuencias, como ya vaticinan los analistas de geoestrategias (a medio plazo). Alicante, como puerta y puerto de tránsito de Europa, tendrá que recuperar su tradicional hermandad con Orán, segunda ciudad de Argel el gran productor de gas, al tiempo que mejora sus propias energías alternativas como la solar o la eólica de las que gracias a nuestra situación geográfica y clima podríamos andar más que sobrados. Pero para ello hace falta una fuerte inversión tanto por parte del Gobierno central como del autonómico. 

Barcala es un buen amigo y conocedor de Pérez Llorca presidente en Valencia, aunque en Madrid lo tiene más difícil Macarena Montesinos, vecina de asiento parlamentario de Núñez Feijóo y escudera de Miguel Tellado la voz cantante del PP. Si bien, Pedro Sánchez sabe que, si no quiere otra frustrante derrota en Alicante, tal y como anuncian las encuestas, deberá facilitarle argumentos de peso económico a Diana Morant, hoy inmersa en confeccionar las próximas listas electorales socialistas tanto en las Cortes valencianas como en los principales municipios alicantinos. 

Somos ciudad turística y de servicios, lo cual requiere suficiente energía, tal y como están las cosas en un mundo globalizado, para proveer primero hay que prever, y en ello no parecen estar muy espabilados nuestros políticos. 

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