Estas semanas no hemos tenido tiempo para el aburrimiento. Recuerdos de noches sin dormir, afrontando asuntos de los que intentábamos discernir cuáles eran los importantes y cuáles los urgentes. Sólo vienen a mi mente sensaciones similares cuando pienso en el nacimiento de mis hijos, con esa incertidumbre propia de quien espera un instante de felicidad plena pero que, al mismo tiempo, toma bocanadas de aire con la precaución de saber que cualquier cosa puede salir mal y pasar de la felicidad a la más profunda tristeza en un instante.
Pero no. Ver a Macarena Olona corriendo por las calles de Madrid con el objetivo de conseguir dar de alta el partido Caminando Juntos, mientras los periodistas a los que yo había convocado estaban en la puerta, esperando una noticia; fue suficiente para saber que el bebé estaba naciendo sanito después de tantas complicaciones. Esa fue la primera victoria.
La siguiente fue la de los avales, conseguir refrendos ciudadanos para poder presentarnos en diez provincias parecía ser la línea de meta. Pero no. También conseguimos conformar listas electorales en esas diez provincias, con personas comprometidas, que lo dejaron todo para seguirnos. Y es que cuando uno tiene fe en un proyecto está dispuesto a renunciar a su tiempo, a su propio dinero y a todo aquello que suponga una cortapisa. Esa fue la tercera victoria.
No cabe la opinión en una provincia como la de Alicante, abandonada a su suerte legislatura tras legislatura, a la que se ha penalizado en cuanto a inversiones, en favor de otras provincias sin que sea capaz de comprender el motivo
Hoy, a pocos días de las elecciones, me siento ante el folio en blanco para “opinar”. Y resulta que no cabe la opinión. No cabe la opinión en una provincia como la de Alicante, abandonada a su suerte legislatura tras legislatura, a la que se ha penalizado en cuanto a inversiones, en favor de otras provincias sin que sea capaz de comprender el motivo.
He recorrido la provincia, he charlado con la gente, me he reunido con, prácticamente, todos los sectores productivos de Alicante. Y en todas partes encuentro lo mismo, la misma tristeza, el mismo desconsuelo, las mismas miradas hacia un horizonte que podría ser muy prometedor y que, sin embargo, está anclado en un ostracismo generado por los de siempre…
Las infraestructuras, que en la mayor parte de los casos parecen extraídas de fotos en blanco y negro y que hacen que el sector turronero sufra el aumento de costes logísticos, la falta de conexiones ferroviarias y la nefasta gestión de las que ya existen, las normativas medioambientales que generan demonizaciones de manera unilateral, como en el caso del plástico; sin que nadie haya levantado un teléfono para hablar con los actores que intervienen directamente en el asunto, aunque sólo fuera para saber lo que opinan al respecto o si tienen algo que aportar. Y tantos y tantos temas que no caben en un artículo, ni en diez, ni siquiera en cien. Pero ¿saben?, lo más preocupante no son los temas que hay encima de la mesa. Lo que más me preocupa es que está pasando lo de siempre. Van a seguir sin solucionarse.
Estamos en semanas electorales y, por todas partes, hay fotos, carteles, promesas, baños de masas, de unos políticos que se han convertido en estrellas del pop y a los que hay que adorar por encima de todo…lo siento pero no, yo no. Estoy cansado de ver como se comportan, con esa displicencia electoral que roza el desprecio hacia la gente de la calle y que les sirve para argumentar unas promesas electorales de las que nada sabrán los alicantinos y el resto de españoles hasta dentro de cuatro años. Esto la gente lo sabe, el ciudadano que va a comprar al supermercado y que, a duras penas puede llevar alimentos básicos a su casa es consciente de esto. Y está hasta las narices.

Hoy no me dirijo a los ultras de ningún partido, no me dirijo a esos que adoran a un líder porque creen que es “la gran esperanza”. Lo siento, pero hoy mi mensaje no va para ellos. Hoy me dirijo a los que creen que “la gran esperanza” son ellos mismos, el pueblo. Porque sólo el pueblo será capaz de enseñar quién manda a una casta política rancia, a un bipartidismo caduco que, como si fuera una bicicleta que no se sostiene, ha puesto a ambos lados dos ruedines extremos que nos intentaron vender una “nueva política” …hasta que sus zapatos tocaron la moqueta.
Ahora todos siguen diciendo que son muy obreros y mucho obreros (permítanme la licencia a lo Rajoy, otro pieza), para mantenernos ferolíticamente motivados con un término, “obrero”, que han pervertido hasta la saciedad, mientras llevan años cobrando de usted, que me lee en este momento.
No tengo ni idea de lo que pasará el día 23 de julio, pero lo que sí tengo meridianamente claro es que Caminando Juntos ya ha ganado, pase lo que pase. Estamos en la línea de salida, en la misma línea de salida en la que se encuentran todos los que nos han insultado, menospreciado y humillado. De lo que no se dan cuenta es que no insulta, menosprecia y humilla el que quiere, sino el que puede. Y ellos, la bicicleta y sus ruedines, ya no pueden.
Así que, amigos, en Caminando Juntos ya estamos celebrando la victoria, porque si en poco más de un mes hemos conseguido llegar hasta aquí, imagínense lo que podremos hacer en los próximos cuatro años. Que se vayan preparando, porque de la misma manera que Goliat cayó fulminado al suelo pensando que eso no podía suceder, ellos, todos, también lo harán. Y lo de Goliat no consistió en la honda, ni en la piedra. No, no fue eso.
Lo que acabó con Goliat fue algo con lo que nadie contaba, la inquebrantable fe de David.
- Ricardo Morado
- Nº 1 al congreso de Caminando Juntos por Alicante