El equilibrio de los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial, esencial para la democracia, y de un absolutismo piramidal invertido en las dictaduras, tiene que mantener, al menos en las primeras continuamente una circunspección probada y una interrelación de demostrable independencia. Últimamente asistimos a un tambaleo de poderes, sino a un claro y contradictorio comportamiento y.
Leyes y reglamentos obligados para toda la nación, se cambian o alteran cuando llegan a las Comunidades Autonómicas y hasta municipios, como si estos mandatos fueran adversos y equívocos solo por llegar de dónde vienen; dos ejecutivos tan distintos como el PSOE y el PP con sus adjuntos a izquierda y derecha, se enfrentan cada día invalidando cualquier mandato que proceda del contrario, como si apriorísticamente fuera malo, falaz e impropio incluso antes de leérselo; y cuando menos hacen una relectura totalmente sesgada, alterada y de una parcialidad interpretativa que nada tiene que ver con el texto original propuesto.
Los tres poderes desconfían todos de todos en triángulo de desamor. Decía Montesquieu que «para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder.»
El Ayuntamiento de Alicante anda cabreado, y con razón, porque el gobierno de Pedro Sánchez haya donado graciosamente más dinero a Ucrania que a nuestro municipio que tampoco anda tan sobrado. No seré yo quien critique las ayudas a los que padecen una guerra genocida y fratricida entre Zelenski contra sus conciudadanos prorrusos, pero guerras civiles, y de eso sabemos mucho los españoles, hay en estos momentos y a nivel mundial «56 conflictos activos… con 92 países involucrados (según la IA); si España tuviese que repartir asistencias económicas y sociales entre casi ese centenar de naciones, seguramente aquí no quedaría ni para el tabaco de la ministra de Sanidad.
Por otra parte, Carlos Mazón, presidente resistente de la Comunidad Valenciana, advierte que, si no le llegan los fondos del Estado central (FLA), comenzarán las restricciones en toda su jurisdicción. A ver qué le dice a Barcala y demás concejales afines sobre cerrar el grifo de un depósito ya presupuestado, y que Alicante necesita como agua de mayo, nunca mejor dicho. Rebote que también le puede pasar al alcalde alicantino con sus proveedores habituales.
¿Legislará el gobierno autonómico con el apoyo de Vox una subida de impuestos suplementarios? ¿A su vez se verá abocado el Ayuntamiento de Alicante a elevar tasas al ciudadano, al pequeño comerciante, al autónomo y a las empresas de servicios públicos? Opino que por estas fechas ya nos pule el bolsillo en demasía Hacienda, como para que ahora nos sangre también el partido adversario de los socialistas, algo que puede ir en el descreimiento democrático, y en la falta de consideración hacia unos dirigentes bien pertrechados de nómina.
Es muy fácil y poco responsable prometer hasta meter (la papeleta en la urna), megaproyectos, mejoras viales y de servicios varios, calidad de vida ciudadana y responsabilidad con los inmigrantes (muchos venidos de Orán, no cogen el barco de vuelta, e incluso las pateras ya alcanzan nuestra costa), en definitiva, la ciudad feliz del futuro más o menos inmediato. Algo muy factible de proponer cuando el dinero no es tuyo y colocas el cartelón de unas obras que ni siquiera empiezas, horas una rueda de prensa donde al año los periodistas repasan su cuaderno de notas, o mejor dicho de incumplimientos.
Y, por último, jueces y fiscales andan cabreados con el invento de Sánchez para nombrar a las puñetas que le sean próximas ideológicamente. Ya no le vale ni el cuarto turno donde los profesionales de la justicia debían demostrar anterior valía profesional y conocimiento abundoso en todos los códigos vigentes, ahora con un examen (quién sabe si filtrado previamente) ya puedes sentarte a presidir juicios. Así pues, si ya tenías el poder legislativo, ahora le sumas el judicial para que no puedan meterte mano ni en las investigaciones, ni en el procesamiento, y mucho menos en la sala de vistas.
Obviamente los tres poderes desconfían todos de todos en triángulo de desamor, cuando en cualquier país civilizado suele ser entendimiento corresponsable y correspondido. El presidente de gobierno dispara contra fiscalías (menos la suya a manos del lego servidor Álvaro García Ortiz), y asociaciones judiciales, a las que acusa poco menos que de reaccionarias; estas a su vez claman por la independencia judicial socavada desde el Gobierno preso de las exigencias independentistas; y por si faltaba leña al mono por legislar, no existe la mínima sinergia entre el poder estatal y el poder autonómico valenciano, dado que el cuestionado Carlos Mazón demanda mismo trato y competencias que ya tienen vascos y catalanes.
Siempre he admirado a Montesquieu como uno de los mayores pensadores de la Historia, rebuscando entre sus escritos he encontrado aquella famosa frase: «Para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder.»