Opinión Nuño Mazón
Sólo Mazón tiene la verdad y aproximado minutaje sobre lo que hizo Mazón durante todo su aciago trayecto vespertino

El personal anda en un ahíto como si estuviera ante una serie de misterio, tragicomedia o viajes en el espacio-tiempo. Se ha escrito tanto sobre la bucólica y prolongadísima sobremesa de Mazón con Maribel Vilaplana y posterior camino aparte de pasos perdidos entre El Ventorro y el Palau de la Generalitat, que todo queda expuesto a la imaginación o ideología del receptor, haya sido por parte de quienes creen las a veces no convergentes versiones de sus cogobernantes y cargos técnicos afines, como por la oposición y medios de comunicación adversos, rayanos en el rencor del pataleo por no haber conseguido la cabeza de Mazón después de un año acusando al presidente de la Generalitat Valenciana de mentir bellacamente.

Unos tratan de sostenerlo con pinzas mientras Núñez Feijóo encuentre necesario relevo con un/a garante, dispuesto a seguir bandeando tormentas hasta encabezar la próxima lista electoral autonómica del PP; otros aspiran a ganar los futuribles votos en el machacante descrédito del enemigo lo que no le otorgaron las pasadas urnas. Las encuestas cambian día a día como los índices bursátiles demostrando que también la demoscopia, partido según quien la encargue.

Sólo Mazón tiene la verdad y aproximado minutaje sobre lo que hizo Mazón durante todo su aciago trayecto vespertino, como cuando el epicúreo gourmet romano Lúculo, uno de los rarísimos días que se sentaba sólo a la mesa le dijo a su inadvertido mayordomo que «hoy Lúculo come en casa de Lúculo». No tengo a este político alicantino, y lo conozco desde que le llamaban «Carlitos» en las juventudes peperas, por un «conocedor gastronómico» en términos franceses, devorador de menús largos y estrechos, al estilo iniciático a sonar el teléfono de Paul Bocuse y su Nouvelle Cuisine, sino por esa practicidad de los ejecutivos que trabajan mientras comen dietas sencillas de tres platos y complementarias con productos saludables sin demasiada necesidad de intervención culinaria. Dime lo que comes y te diré quién eres.

Por tanto y acabado los postres ¿qué se puede hacer durante 3 o 4 horas en un reservado al que no se debe ni puede pasar sin permiso de los comensales que buscan la intimidad confidencial? Algún periódico nacional de ideología izquierdista menos en la derechosa sección de Economía, lo ha calificado como «agujero negro», acepción hiperbólica sin ninguna fortuna, siquiera literaria, pues todos sabemos lo mucho que se desconoce de este fenómeno gravitatorio, cósmico y antimateria, irreproducible, supongo, en el pequeño e íntimo apartado de El Ventorro. Otros medios sacan a traslucir artera y continuamente a una señora periodista, de muy buen ver estético, como si el recurso fuera el método y viceversa; tiran la piedra, Eros y Tánatos, y esconden la mano para no ser acusados de machistas; pero de las «Cinco W del periodismo», no se sabrá nada cierto y comprobable después del interrogatorio fiscal hasta que la interesada (y profesional) declare ante la jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra, que la ha convocado a decir verdad, y cuidado con no hacerlo porque se la juega penalmente en lo vitalicio.

Lo más extraño de todo este «affaire», al menos a mi entender, es como todo un President de la Generalitat, con un PIB cercano al 10% de todo el conjunto del Estado, asesorado por un considerable aparato burocrático-administrativo de abogados en exigente oposición de acceso, técnicos de primer nivel competencial, empresas asociadas que pueden encargar informes a los mejores especialistas, etc., haya podido caer en contradicciones respecto a sus actuaciones durante la trágica Dana. ¿Por qué no se marcó una hoja de ruta, perfectamente milimétrica e inalterable desde el principio? ¿Se perdieron (los del gabinete de crisis empezando por la consellera dimitida Salomé Pradas) entre indecisiones para atender el peligro de desbordamiento (aunque eso fuera más responsabilidad del Estado central) de la presa de Forata, el desbordado barraco del Poyo, o la posible inundación, si persistían las tormentas, de la propia Valencia capital? Y así una ristra de interrogaciones como para redactar un tomo de preguntas y respuestas, que, a no tardar tendremos en nuestras librerías.

Acusar al gobierno valenciano de PP y Vox de ineptitud me parece saludable y democrático, pero que alguna cadena televisiva filial del PSOE llame a Carlos Mazón «asesino», amén de otras lindezas de calibre faltón, aprovechándose al poner el micrófono en la herida de viudas y familiares afectadas por el ahogamiento de sus deudos, no creo que sea de recibo, salvo por la irreprimible cólera de quien antepone su impotencia para echar a Mazón por encima del obligado y necesario contraste informativo.

Ríanse ustedes, pero en medio de tanta tragedia y dolor, una puntada humorística no viene mal. Empiezo a creer que fueron los humitas (extraterrestres), conocidos en Valencia desde los tiempos de Margarita Ruiz de Liory (aquellas marquesa de la «mano cortada» a su hija), quienes también abdujeron a Carlos Mazón durante una hora. Y claro, ni siquiera el propio interesado se sabe propiamente dónde estuvo. Lo de 228 muertos es algo muy serio en su terrible desgracia como para tomarlo a broma, y no poner medidas a partir de ya para que nunca más vuelva a ocurrir obligando al gobierno central y autonómico a negociar conjuntamente las soluciones permanentes y a ser posible definitivas. Pero interpretar lo que pasó entre El Ventorro y el Palau de la Generalitat, no pasa de ser un sainete de amores o desamores locos y guerras políticas manifiestas. También.

1 comentario en «¿Mazón abducido?»

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