Imposible, viviendo en Alicante, no hablar del gran escándalo de los pisos subvencionados, protegidos, para gentes vulnerables, sociales o llamémoslos como queramos. Cada día me convenzo más – todo presuntamente, que ahora ha entrado en juego la fiscalía y sigo su evolución como si se tratara de un partido de Alcaraz en el Open de Australia- cada día me convenzo más de que aquí hay una estafa, conforme a mi conocimiento, que no toco el derecho penal hace, por lo menos diez años. En aquella época, cuando los neandertales aún no se habían extinguido por la presión de los cromañones y los homo sapiens, cuando aún había dinosaurios campando por las calles y sin extinguir porque todavía no había caído el meteorito, estudiaba yo derecho penal y otras asignaturas – que creía inservibles. Me daban clase profesores insignes, gente que sabía un huevo de Derecho, no como yo que de lo que sí sabía algo era de cárcel, ese lugar en el que terminan – que le pregunten a Ábalos y a Koldo, a Rato y a Granados, al Albondiguilla y a Ignacio González– los casos mas flagrantes del Derecho. Cuando se acaban los recursos, los enredos leguleyos, las frases oscuras y los argumentos bizantinos, siempre nos quedará la cárcel, parafraseando a los actores de Casablanca.
A lo que voy que me estoy convirtiendo en un abuelo cebolleta y se me va la olla. Como entonces podemos, los puigdemones, los bildus y demás recua aún no habían metido mano en el poder legislativo, el Derecho era más claro y definía la estafa como un desplazamiento patrimonial causado mediante engaño. Si señor. Yo te lío, te la meto doblada y me llevo la pasta. Eso es exactamente.
Monto un enjuague, me entero porque tengo un amiguete que está en la pomada, de que van a sacar unos pisos con un terreno que han comprado al ayuntamiento – todo presuntamente, no me jodan-. Me entero que van a buen precio y que tenemos forma de entrar en la cooperativa porque no están muy versados en la gestión, pues hace más de veinte años que no sacan una parcela municipal para ese rollo. Yo vivo en separación de bienes, tengo amiguetes por el rollo de las hogueras, de las concejalías, de los partidos del poder, de los moros y cristianos, de un primo de una vecina que trabaja en no sé qué sitio y con el que nos hemos metido ya tres arroces para ir cogiendo confianza y además nos hemos apuntado al equipo de cabecera, a la peña del Madrid y a la del Barcelona. Ya lo saben, como aquel político que confesaba: creía que íbamos a ganar los de derechas y hemos ganado los de izquierdas, o viceversa.
Un desplazamiento patrimonial – un patrimonio que se desplaza y cambia de dueño puede ser un piso para vulnerables que se lleva uno que no lo es-, causado mediante engaño. Uno que no es vulnerable ni merece un piso protegido porque tiene pasta para comprárselo, pasa por vulnerable para pillar el chollo. ¿Nos vamos enterando? Como el tema es municipal y está en Alicante que es de la Comunidad Valenciana, tenemos que saber, lo primero y presuntamente todo, quien lleva ese asuntos de los pisos de protección oficial en el Ayuntamiento y en la Comunidad y ver quien ha metido las patas, las manos, el culo o lo que sea, o se ha hecho el longui, para que pillen pisos quienes no están en esas situación de economía débil precisa para pillarlos honestamente. Ya huele raro que unos pisos de protección pública, salgan a la palestra con piscina, pista de tenis, de padel, club social y la hostia del copón de la baraja y se hagan en una zona en la que respirar ya cuesta un pastón. Tiene tan poco sentido como hacer pisos de seiscientos mil pavos en la Colonia Requena. Esos pisos los tendrían que haber hecho en la plaza de la División Azul, como mucho, que se están reformando los antiguos y quedan monísimos. Ahí, seguramente habríamos tenido menos movida. Y esa plaza está bien céntrica y está muy bien, que yo, #conloqueyohesio, vivo al lado.

Siguiendo a mi amigo Juan Ramón Gil, que sabe un huevo, leo que uno de cada tres adquirentes ni siquiera estaban empadronados en esos pisos antes de que se montara el gran lío y me dicen los que entienden que los pisos de protección oficial son para vivir en ellos, no para otros rollos.
Morant, otra candidata a la que Sánchez inmolará – el Dios, como el de Abraham le mandaba cepillarse al propio hijo para probar la fidelidad esclavizada- como ha inmolado a Alegría, a Montero en mi pueblo inundado – Huétor Tájar, lean El Metralla. Andanzas de un sublevado, que me valió que un cura fascista me declarara hereje y donde, hace veinticinco años ya contaba que el río Genil se desbordaba todos los inviernos-, inmolará también al ministro siervo que se presenta en Madrid y a otros similares porque la peña esta más que harta. Morant dice que hay que recuperar los pisos asignados que no cumplan los requisitos. He ahí la madre del cordero, bien dicho: si tú haces un expediente y lo arreglas con una sanción de treinta mil pavos, aun les trae cuenta el chanchullo porque pillan un piso por la mitad de su precio de mercado.
Señora Camarero; no hable de revocar visado que eso tiene trampa – presuntamente- hable de sacar a concurso los pisos choriceros.
La corrupción -seguramente, posiblemente, presuntamente- planea sobre Alicante
Sánchez Maquiavelo o viceversa anda rompiéndose la cabeza para seguir en el poder. Conforme a la Criminología Crítica, todos los poderosos hacen lo mismo, inventarse normas que les ayuden a perpetuarse. Fijaos ahora los puigdemones no dicen nada de los potentados, en cambio quieren ir a muerte contra los robaperas y todos le siguen el rollo porque los puigdemones piensan ser bisagra, y que los gobiernos dependan de ellos por los siglos de lo siglos. Amen. Siguen la teoría de aquel juez al que conocí cuando mandaba el alcalde Mehincho. Este juez pensaba que eso de robar coches eran asuntos menores, hasta que se compró uno nuevo, no de séptima mano como mi Beatle, y se lo robaron. Iba a muerte a por todos los especialistas en hacer el puente, el vaquilla, el torete, el Valdelomar y tantos y tantos como todos los de la Tafalera de Elda.
Hay una noticia para nota. Hay un ministro, de no sé qué, pueden quitarlo esta tarde que os juro que no se notará nada. Se llama Torres y anda todo el día en la boca del conseguidor de Ábalos y Koldo. Pues bien, como Felipe González – añoro sus tiempos, los de Guerra, los de Ibarra y Belloch, los de Tomás de la Cuadra y hasta los de Múgica, que jamás se preparó una conferencia ni un discurso. Yo he ido con él y antes de entrar al foro de que se tratase ha preguntado: ¿De qué tengo que hablar hoy? Pues añoro esos tiempos en los que el Derecho se respetaba a pesar de Pujol, antecedente inmediato de los puigdemones.
Bueno pues que Felipe ha dicho que si Sánchez Maquiavelo se presenta de nuevo como candidato, que él votará en blanco, la Moncloa en pleno, la guardia pretoriana integrada por ministros sin fin – los sumarianos están en otro rollo como el de unir a las izquierdas a ver si evitan la hecatombe-. Pues un ministro de los que ha salido en tromba, haciendo méritos para seguir en la remodelación, un tal Torres ha insinuado que Felipe no debería estar en el Psoe. Alucinante. Cuando yo trabajaba y no era un anciano inútil como ahora, en la administración, estas posturas se solucionaban con una sola frase sin contestación posible: si Felipe se mea en el escalafón, no te llega ni la humedad, chaval.
Luchando contra la demencia senil, sigo trabajando en mi Quijote Negro e Histórico y en el libro que presentaré allí: Cuarenta años de cárcel. Sin redención. No es un libro de memorias. Sería yo gilipollas – #conloqueyohesio- si me dedicara a escribir mis memorias. Es un repaso a la historia de España, que he vivido en puestos estratégicos en muchas ocasiones y con la visión de un niño, de un colegio interno con padres emigrados, de unos curas obsesionados con las pajas y el mariconeo, de una mili que no fue la de Miguelito en Valencia y de cuarenta años en las cárceles, que eran el reflejo fiel de una sociedad cambiante, en donde incluyo las bandas armadas e incluso fascistas, De Manuel, aunque yo tengo aun serias dudas de que los etarras no lo fueran. La literatura nos salva, nos engrasa las neuronas, nos pacifica, nos mantiene vivos, nos quita la desesperación tan corriente por tantos motivos y nos ayuda a esquivar a la Parca. No podemos pedir más.