Yo siempre quise ser agricultor. Y ahora más que nunca agradezco serlo. Producir alimentos para la población frescos, sanos y de calidad es una de las cosas más reconfortantes en mi día a día y, también, es una de las cosas que más me engrandecen cuando echo la vista atrás. Sabía que estaba orgulloso de dedicarme a la profesión que verdaderamente amo, pero, por si alguna vez he tenido dudas, durante este último mes y medio lo he constatado y he comprobado lo reconfortante que es moverse con absoluta libertad, no tanto física, sino moral.
Y es que, durante muchos años, cuando iba por una carretera con una furgoneta vieja pensaba: «la gente me mira mal». Hoy, voy con la misma furgoneta vieja, manchada de barro, con tierra en los asientos, y la guardia civil me abre paso en los cruces, me saluda con agradecimiento y respeto, transmitiéndome la sensación: «este es un elemento indispensable para el futuro del país».
Este humilde sentimiento, el de no tener que agachar la cabeza, sino de alzarla bien alta, es el mío, el de un productor de cítricos en la comarca de la Vega Baja, pero estoy seguro de que es compartido y generalizado entre el gremio. Porque a pesar de que no ha sido en la situación que todos desearíamos, ahora sí percibimos que algo ha cambiado y la mayoría de nosotros nos sentimos valorados por nuestro trabajo por primera vez en la vida.
A pesar de la suspensión de buena parte de la actividad con motivo del COVID-19, agricultores, ganaderos y empresas agroalimentarias hemos continuado trabajando, porque nuestra actividad es esencial, imprescindible para garantizar el suministro de alimentos seguros y de calidad. Sabíamos perfectamente cual era nuestro papel en esta crisis y nos lo hemos tomado muy en serio. Trabajamos más de 12 horas al día, anteponemos nuestra salud y la de nuestras familias… porque sabemos la importancia que un Sector Primario y Estratégico tiene en una crisis de tales dimensiones, en la que el deber con los ciudadanos es mayor que el interés particular, en la que el bien común está por encima del bien personal. Y no hay otra manera de salir de esta que no sea que unos se sacrifiquen por otros, que los que están en primera línea de fuego: sanitarios, agricultores, fuerzas policiales… tiren de este carro como lo estamos haciendo.
Que no se olvide que fuimos los primeros que prestamos de forma totalmente altruista nuestros tractores y maquinaria con la que cortamos carreteras a principios de año en denuncia por los precios ruinosos, para fumigar y desinfectar pueblos y ciudades
Después de esta crisis los agricultores no queremos palmaditas en la espalda y «medallitas» de guerra, lo que queremos son hechos. A lo que aspiramos cuando pase la tormenta es a que no se ponga nunca más en tela de juicio dos cosas básicas para sacar nuestro trabajo adelante: una, el Trasvase Tajo-Segura, y que Garcia Page, Teresa Ribera y Pedro Sánchez comprendan que el agua la necesitamos para producir alimentos y asegurar el abastecimiento; la segunda, que los precios que perciben los agricultores tienen que ser siempre dignos. Ese, señores, sería el mejor homenaje para nosotros.Fuimos imprescindibles en la crisis económica del 2008, ayudando a reactivar el empleo, y hemos demostrado serlo en la mayor crisis sanitaria que se recuerda en los tiempos modernos, de hecho, hemos sido el sector que menos empleo ha destruido en el mes de marzo. Por ello, este artículo está dedicado a todos vosotros, a los #HéroesRurales. Porque nunca más volváis a ser #HéroesInvisibles.