Se cumplen 50 años de la muerte de Francisco Franco (fallecido el 20 de noviembre de 1975). Medio siglo después, la figura del dictador sigue despertando reacciones encontradas en España: mientras el Gobierno organiza centenares de actos para subrayar la vigencia de la democracia y utilizar su imagen como elemento de confrontación, varias encuestas muestran que alrededor del 20% de los jóvenes nacidos en democracia ofrecen una valoración positiva del franquismo. Estas percepciones —y las razones que muchos jóvenes esgrimen, como la vivienda, la seguridad o el empleo— han puesto en el centro del debate la educación histórica y las estrategias públicas de memoria.
El Gobierno ha programado más de 400 actividades entre noviembre y diciembre —entre charlas, exposiciones, documentales y acciones didácticas— para “fomentar la reflexión sobre la democracia”, con especial atención a las nuevas generaciones, según fuentes del ministerio responsable de Memoria Democrática. El Gobierno ha organizado también uno de estos actos en Alicante, para declarar la ciudad como Lugar de Memoria Democrática, resaltando algunas de las huellas de la Guerra Civil, como la tumba de Miguel Hernández, muerto en la cárcel de Alicante, El bombardeo del Mercado Central o el puerto de Alicante, de donde partió el StarBrooks, el barco que sacó de España a los últimos republicanos.
¿Por qué un porcentaje significativo de jóvenes valora hoy positivamente aquellos años? Los datos del barómetro del CIS publicados en octubre muestran que más del 21% de la población considera que los años del franquismo fueron “buenos” o “muy buenos”, con casi un 20% entre los 18 y 24 años que repite esa apreciación. Entre las explicaciones más repetidas en entrevistas y sondeos están percepciones sobre la vivienda, la seguridad y el empleo durante el régimen, narrativas que circulan con fuerza en redes sociales y que muchas veces simplifican o mitifican realidades complejas.
Historiadores y verificadores de información advierten de que esas narrativas simplificadas omiten costes fundamentales: represión política, ausencia de libertades, censura y violaciones de derechos humanos. Investigaciones académicas sobre la política de vivienda franquista recuerdan que, pese a la construcción de barrios y planes de vivienda en determinadas décadas, la posguerra se caracterizó por la escasez, la autarquía y una fuerte intervención del Estado que no siempre se tradujo en bienestar universal. Además, organizaciones que analizan desinformación han detectado cómo la frase “con Franco se vivía mejor” se difunde como un meme político que mezcla nostalgia con datos parciales.
El aniversario de 20-N llega además en un contexto de polarización pública. Grupos de extrema derecha han convocado misas y actos de homenaje en varias localidades —y la familia y la Fundación Franco han organizado eucaristías en Madrid— lo que alimenta la polémica y la movilización de asociaciones de memoria y partidos políticos que piden vigilancia y sanción de la apología del franquismo. Al mismo tiempo, el Gobierno y diversas instituciones han programado actividades orientadas a recordar a las víctimas y a explicar la transición a la democracia.
A nivel local, Alicante se prepara para un doble gesto simbólico: el sábado 22 de noviembre está prevista la declaración de la ciudad como Lugar de Memoria Democrática, con la inscripción de espacios como el Mercado Central, el puerto y la tumba de Miguel Hernández entre los lugares señalados para recordar la historia y las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura. El Ayuntamiento ha confirmado su colaboración con el Gobierno central para los actos conmemorativos. Ese calendario local introduce en Alicante un contraste palpable: mientras hay iniciativas que recuerdan y reivindican la memoria democrática, también proliferan las voces que relativizan el pasado.
En las calles y en redes, el debate se vive con intensidad. Jóvenes entrevistados por los medios admiten en algunos casos desconocimiento profundo sobre la represión franquista y se guían por relatos transmitidos en sus entornos o por contenidos virales que presentan el franquismo como un “orden” que generó estabilidad material. Expertos consultados en programas especiales y reportajes insisten en que la solución pasa por reforzar la educación histórica en las aulas, promover iniciativas culturales que expliquen el periodo en su complejidad y combatir activamente la desinformación.
¿Qué puede esperarse en los próximos días en Alicante y España? Además de las misas y los actos convocados por la familia del dictador y grupos memorialistas, el Gobierno mantendrá su programación divulgativa y la designación de lugares de memoria seguirá siendo un foco de debate local y nacional. Para quienes trabajan en memoria democrática, estos cincuenta años son una llamada a reforzar la transmisión histórica: no solo contar cifras o construir monumentos, sino explicar las consecuencias humanas y políticas de la dictadura para que la valoración del pasado se base en conocimiento y no en simplificaciones nostálgicas.