Últimamente, si tomamos la medida histórica, Alicante no tiene suerte con sus alcaldes. 23 años hace ya que un tal Luis Otto Díaz Alperi tomó la vara de mando y riendas de esta ciudad, y desde entonces ha sido un ir y volver desde la alcaldía a la Audiencia que, ya no sé si casualmente, se encuentra ubicada enfrente, con plaza de por medio observándose los balcones, como si la Justicia se hubiese visto obligada a poner casamata permanente contra el poder municipal político del mentado Alperi y de sus sucesores Sonia Castedo talmente pepera, y tras ella, Gabriel Echávarri, dícese socialista.
A día de hoy los tres «presuntos» (especulativa palabra ésta cargada de ambigüedades, pues nada más anteponerla a nombres propios y apellidos, causa hilaridad como el «¿saben aquel?» del añorado cómico Eugenio) tienen que soportar cámaras, flases, micros, grabadoras y bolígrafos, cada vez, y son ya muchas, que salen del banquillo frente al juez o magistrados anotadores, los/a exhaustos y balbucientes, otrora mandatarios, como púgiles sonados tras las palizas que les propinan fiscales y acusaciones particulares.
En lugar de proyectar, ejecutar y decretar para el conjunto ciudadano, su valioso tiempo lo malbarataron preparando sus particulares defensas asesoradas por una cuadrilla de abogados
Son vergüenza y oprobio para este segundo municipio de la Comunitat o País valencianos mismamente. Los buscas en Wikipedia y apenas dice nada la enciclopedia internauta de sus hechos u obras buenos como regidores, sino de sus trasconejadas correrías negando la mayor entre togas y puñetas. En lugar de proyectar, ejecutar y decretar para el conjunto ciudadano, su valioso tiempo lo malbarataron preparando sus particulares defensas asesoradas por una cuadrilla de abogados, no me atrevería a decir «leguleyos», tan diestros en marear a un toro como a una perdiz. Y la ciudad remendona va para un cuarto de siglo sin que ninguno/a, de los que pudieron y pueden gobernarla por voto popular, haya ordenado y ejecutado algo de provecho talmente comparable a nuestras capitales y grandes ciudades vecinas.
Gabriel Echávarri, dibuja hoy su patética agonía sobre primeras planas de periódicos e informativos televisivos o radiados
Y el último en este triunvirato de necedad de necedades, todo es necedad, Gabriel Echávarri, dibuja hoy su patética agonía sobre primeras planas de periódicos e informativos televisivos o radiados. En principio, le salió bien su enroque frente a Ximo Puig arguyendo que si lo mataba (políticamente) a él, aquí podría entenderse como otra agresión más de la madrastra Valencia contra la siempre díscola del Sur, Alicante. Después se salvó gracias a Ángel Franco, su mentor y a la vez valido, quien ya no puede sostenerlo, y si no lo cambia por otro/a de la misma cuerda, «franquista» obviamente, es porque entre ellos/as se dentellean feroces en las jaulas, aunque luego salgan tan mansos y circenses a la pista. José Luis Ávalos, asimismo valenciano y Secretario de Organización de todo el PSOE, le ha pedido al Molt Honorable la cabeza del alcalde alicantino, pero éste siempre contesta desde su habitual gesto picarón: «córtasela tú que a mí me da la risa». Así que, entre unos y otros, nadie barre al alcalde de Alicante acosado por los cuatro puntos cardinales políticos, ficha de cambio en los contubernios del poder valenciano, y molesto furúnculo para la izquierda en Madrid.
Ahí sigue amarrado a la poltrona que va a dar al Salón Azul: con su frente despejada, ojos tristes cargados de imposibilidades y la mueca del malquerido por todos
Ahora parece que ha llegado la negación de indulto. Cuando me dicen mis cantarinas «gargantas profundas» e informadores varios, que es cuestión de días, les advierto de redundancia ya enunciada cuando empapelaron a Echávarri por primera vez. Pero ahí sigue amarrado a la poltrona que va a dar al Salón Azul: con su frente despejada, ojos tristes cargados de imposibilidades y la mueca del malquerido por todos. Quizás ¡por fin!, y a no tardar, su retrato cuelgue ya en la galería de alcaldes alicantinos. Propongo que los tres últimos tengan mejor acogida aparte en la Sala de los Horrores. No nos merecen.
- Pedro Nuño de la Rosa Amores
- Periodista, profesor universitario, escritor