Antes, los meses de agosto, los periodistas tenían que inventar lo que llamaban “serpientes de verano”, noticias que no eran tales, historias tontas porque había que llenar periódicos para sobrevivir. Ahora las noticias no cesan ni en verano, aunque Sánchez vaya por Lanzarote con una gorra que le ha regalado el enemigo y el pelota de Infantino ande detrás de Trump ofreciéndole la final del mundial de fútbol y que él vaya a Marruecos – otro protectorado como Venezuela- ofreciéndole al dictador el oro y el moro. Me toca los cojones el sátrapa – parece que ha llegado al mundo la hora de los dictadores impunes, empezando por Trump y siguiendo por Mohamed-. Hace el sátrapa el estadio más caro del mundo – hay pasta por lo que se ve- y manda oleadas de arruinados a morir en el mar e intentar entrar en España como si fuese El Dorado del siglo XVI. Calcado a la marcha verde de su padre en el 75 y avisando: podemos entrar en España cuando nos dé la gana.
Somos un país dominado por dos tíos sinvergüenzas y sin principios, bueno con el principio del poder: Puigdemont, el fugado, y Mohamed, el sátrapa. Dice Sánchez que Mohamed ha colaborado para resolver la marcha verde que él mismo organizó. Recuerdo a Julio Caro Baroja en su poesía verdadera: El señor don Juan de Rodres, con caridad sin igual, hizo este gran hospital y también hizo los pobres. Creo el problema y quedo de puta madre aportando soluciones. Puro arrodillamiento. Ciento cuarenta muertos, dicen los medios, y nadie responde de la iniciativa criminal. Asco.
Sigo mi verano de jubilado inútil. Quiero ser mínimamente usable, dándoos algunas pistas de la España maravillosa vista en esas vueltas por los distintos lugares en los que he conocido gente, monumentos, manjares, sitios idílicos mientras hablaba de libros y literatura. Eso es vivir, no vegetar. La literatura, aunque te cueste dinero – sigue vigente la frase de Larra “escribir en España es llorar”- es una acción mágica: es medicina sin tener que tomar ningún mejunje químico generado en un laboratorio, es terapia sin tener que acudir a ningún psicoanalista argentino a contarle cómo te llevabas con tu padre, es relajación sin tener que entrar a ningún club de intercambio de parejas y que te den gato por liebre en tus morros – nunca he entrado en ninguno de esos sitios, como jamás he ido de putas -Leed “De prisiones, putas y pistolas” y veréis hasta que punto las putas profesionales son mucho más señoras que algunas que van de damas de la beneficencia. He conocido en las cárceles miles de putas – señoras- y miles de macarras, tan explotadores como Mohamed, por lo menos. Por eso nunca he visitado un lugar de esos como cliente esclavista-. La literatura mantiene engrasadas las neuronas, distrae, te emociona, te enseña y te hace viajar.
Ya lo dijo Cervantes: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Pues eso, ya lo saben.
Ahora, con mi Casilda recién muerta – mil gracias a los centenares de pésames recibidos tras su muerte-, con ella acompañándome en mi mesa de escritura continuo el articulo escrito la semana pasada contando los lugares de esta preciosa España, todos recorridos con libros y con lectores.
Nos habíamos quedado en Sevilla, en la Facultad de Filosofía, con el salón lleno de profesores y catedráticos, oyendo a un simple carcelero que hablaba cómo se desmanteló a ETA desde la cárcel, teniendo como guía inicial el libro dicho arriba. Magnífica cena después, invitado por esos señores que capitaneaba un sabio llamado Emilio Ferrín, experto en el Islam y que estará en nuestro Quijote Negro e Histórico.
Salimos hacia Córdoba, la capital de califato omeya y del mundo a partir del siglo X y hasta la fragmentación en reinos de taifas, la de los patios espectaculares, la de Medina Azahara, sede del Gobierno Omeya y patrimonio de la Humanidad. Tuve un guía excepcional, mi amigo Basilio, coronel Jefe de la Comandancia de las islas Baleares. De eso vale haber trabajado en tantos sitios con delincuentes, narcos y gente de mal vivir. Conoces a otros que son bellas personas y te llevan a lugares de tapas inimaginables, Córdoba, por ejemplo.

De Córdoba, venido arriba, me acerco a esa joya del Renacimiento tras andar kilómetros y kilómetros disfrutando de olivares interminables y mirando mil carteles que pedían cuidado por la existencia de linces en la zona: Úbeda. Cuando los Reyes Católicos apretaban a los moros de Granada, nada más conquistar una ciudad, la llenaban de conventos, de iglesias y de casas nobles para asentar su cultura, su poder, su milicia en el sitio- lo mismo que en Lorca, por ejemplo –. Ya saben que ni ahora, con tanto misil y drones y guerra informática, se considera tomada una ciudad, hasta que no la pisa la infantería por mucho que bombardees.
Úbeda es mágica, el renacimiento y los olivos andan por todos sus rincones. Afirman los sabios que está científicamente probado que Úbeda es la ciudad más antigua de occidente, con restos que datan de la edad del cobre con 6000 años de antigüedad. Más que Hebrón, porque los palestinos, huyendo del ejército judío, se empeñaban en decirme que era la ciudad más antigua del mundo aunque el criminal de guerra Netanyahu y su colega y benefactor, Trump, se empeñaran en liquidarlos para hacer resorts acuáticos en las playas bombardeadas y plagadas de cadáveres de Gaza.
Dicen las fábulas – la historia tiene mucho de fábula, y ahí el influjo bíblico es evidente, que Úbeda fue fundada por Túbal, un hijo de Noe que emigró tras el diluvio. En eso chocan con los vascos – lean, si les da la ganan y encuentran el libro mi “Criminalidad Organizada. Los Movimientos terroristas”. Comiendo con Arzallus en el Andra Mari de Galdácano, él me hablaba también de mitos Tubálicos, afirmando que los vascos y su lenguaje descendían de este personaje.
Úbeda, el pueblo de Sabina cuya presencia impregna sus calles y hasta la calle Melancolía expresamente hecha para él. Es curioso el letrero, avisando en un bar: “En esta casa no damos ni vendemos cosa alguna de fiado, porque es oficio de banqueros, prestamistas y usureros, que por ser gente de respeto y gran merecimiento – a la que tanto debemos- no queremos emular en sus nobles menesteres”. En Úbeda respira Sabina por todos los sitios. Sabina, cuyos versos geniales, uso tanto en mis escritos aunque no me haga ni puto caso pese a que yo era uno de los que lo aplaudía en La Mandrágora, cuando no lo conocía nadie.

Dejo mi Andalucía porque casi me he hecho manchego. Vengo a El Pedernoso donde con ayudas inestimables he montado el Quijote Negro e Histórico, actual número uno de festivales literarios. Es verano. Hay que trabajar en la literatura. Me acerco a Argamasilla de Alba, lugar quijotesco por excelencia. Ahí está la Cueva de Medrano, donde estoy convencido de que nació El Quijote. Sonia, la alcaldesa, ejerce de guía perfecta.
Cervantes, como buen escritor, debía de ser bastante aventurero. Algún problema debió de tener – posiblemente de faldas y de dinero- con el señor cacique de la zona y dio con sus huesos en la cárcel de Argamasilla, la cueva de Medrano. Don Diego Pacheco de Avilés – evidentemente tatarabuelo mío, lo que me transporta a la nobleza de golpe- creo que era el hombre al que “se le pasaban las noches leyendo de claro en claro y los días de turbio en turbio, y así de tanto leer y tan poco dormir, se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio”.
A esa cárcel de Argamasilla, a esa Cueva de Medrano, va el Quijote Negro e Histórico a releer la Historia, con Sandra Aza y su Libelo de Sangre, con La vida privada de Piero Garza, de Lide Aguirre y con Un testigo llamado Cervantes de Begoña Valero. Ojo que también van los Cuarenta años de cárcel sin redención de un servidor. Pura y buena literatura.
Me quedo aquí porque no quiero dar la matraca y aburrir – en la hora de la siesta- a las ovejas. España es una pasada. Con eclipses y sin ellos. Con políticos malos o peores. Con trenes que llegan tarde. Con mi chica que me ha dejado y espero que no se haya ido con ningún cargo público, de esos inútiles e iletrados que pululan por la administración. Con instituciones que no funcionan y con ciudadanos que son capaces de enmendar todos los entuertos que llevan a cabo a quienes pagamos y hasta enriquecemos. España es la hostia. Ahí están nuestros pueblos y nuestra gente para demostrarlo.