Lo que más agradecen los alicantinos a Valencia es que el 9 de octubre sea fiesta, y si suma puente, como este último, pues mejor. Pero digamos que en gran parte de la provincia, empezando por la capital actual, no existe verdadero arraigo de una festividad conmemorativa de la victoria de Jaume el Conqueridor, nacido Jacme lo Conquistaire en Montpelier, cuando el 9 de octubre de 1238 el rey aragonés entró en la ciudad de Valencia arrebatándosela a los árabes– españoles de muchos siglos, quedando bajo dominio de la Corona de Aragón; mientras su yerno castellano, el infante Alfonso X, pocos años después conquistaría la taifa de Alicante para añadirla al reino de Castilla y León.
Después valencianos y alicantinos nos fuimos bandeando, unas veces juntos, otras revueltos, hasta la batalla de Almansa (1707) que nos unió forzosamente por Real decreto borbónico, hiperbolizado durante la dictadura franquista, enemiga de diversidades (geopolíticas, idiomáticas, etc.) salvo las folclóricas de santos y hogueras lúdicas. Y si contamos los años bajo mandato de un autodefinido «Generalísimo», son muchos para ir asentando un desapego que la vuelta a la democracia intentó, y sigue intentando, desagraviar por mor de los gobiernos autonómicos y las identidades culturales, empezando por el lenguaje cooficial, un idioma valenciano con muchos padres de nacencia y poco acuerdo de diccionario gramatical.
He escuchado el discurso bilingüe de nuestro presidente Carlos Mazón, bien estructurado hasta en los tópicos habituales, poniendo letra al incomparable Nino Bravo, y a los inicios de la democracia con la Revolución Francesa
Aparte de la pirotecnia nocturna, algún que otro baile folklórico, pasacalles fogueriles y la lectura previa el pasado jueves de Tirant lo Blanc por parte de los concejales, alguno de ellos no lo había leído en su vida, pero que queda muy reivindicativo de un Joanot Martorell admirado por Cervantes, no puede decirse que haya un extendido sentimiento popular de valencianía en la parte sur de la Comunitat, País o Regne, si exceptuamos el norte de la provincia alicantina, y L’Alcoià con su deje catalanista desde el industrial y manufacturero siglo XIX.
He escuchado el discurso bilingüe de nuestro presidente Carlos Mazón, bien estructurado hasta en los tópicos habituales, poniendo letra (que no voz) al incomparable Nino Bravo, y a los inicios de la democracia con la Revolución Francesa: «igualdad, unidad y libertad», sabiéndose asentado por una mayoría parlamentaria, gracias a este Vox coherentemente manejable (de momento), y al dominio de las principales alcaldías de la Comunidad Valenciana, dado que cuesta menos entenderse bajo las mismas siglas.
Sin embargo, y a mi entender, ni Mazón, todavía es pronto, ni sus antecesores fueran de derechas europeas o revoltijo de izquierda nacionalista, han sabido (o podido) inculcar extramuros de las torres de Serrano y de Quart más allá del Grao, ese sentido histórico valencianista que, por ejemplo, sí se da en Cataluña, País Vasco y si me apuran Galicia. En primer lugar, porque no funciona la idoneidad de un bilingüismo limitado a la burocracia, y que sólo será posible desde la escuela primaria, pero sin imposiciones de que la lengua con sangre entra; en segundo lugar, por los agravios comparativos, justificados o no, entre una Valencia que se siente mandataria reinona, y un Alicante, tantas veces copartícipe con Madrid (playa de…), y quejosa por excesivamente subsidiaria de ambas capitalidades, pues sólo hay que mirarse en la más equitativa Euskadi, por lo que asume, pero no comparte puesto de segundona; y en tercer lugar, todo sea dicho, por puro menfotismo alicantonalista, negándose a entender su rol de anexo (impuesto) más contemporáneo, que no mejora los antecedentes históricos.
Desprecio, o falta de aprecio, superioridad contable, PIB, isoglosas, inversiones desde o inculcadas por el patrocinio del poder político, nuevas tecnologías con investigación universitaria, y un largo etc. de «versus» están en el debe y el haber de la agenda del Gobierno valenciano presidido por un alicantino.
Es su hora.