Opinión Andrés
¿Es conveniente asumir estos usos si el Ayuntamiento no dispone de auditorios para acoger este tipo de actos? ¿Es misión municipal dar solución logística a estos eventos privados? 

La comunidad musulmana celebra un año más la fiesta del cordero, fiesta del sacrificio o Aíd al-Adha. Lo hacen en su lugar de origen y en el de residencia. Cada vez más numerosa en Europa y España, la comunidad musulmana aquí se organiza para conmemorar su fiesta grande, que no tiene una fecha exacta en el calendario, pero suele coincidir con esta época. 

La tradición indica que la mañana del día de Aíd al-Adha, después de la oración hecha veinte minutos después de la salida del sol, el jefe de cada familia es el responsable de sacrificar al animal, esto si la ley del país lo permite. El gran seguimiento a esta fiesta hace que no quepan en los templos que tienen en nuestras ciudades, por lo que precisan espacios más grandes para congregar a la muchedumbre.  

Este es el centro del debate que ha generado polémica en Jumilla y que ha encendido el debate en toda España. En barrios de Alicante, como Colonia Requena o Virgen del remedio, donde esta comunidad es numerosa, la celebración del Aíd al-Adha se hace notar entre los vecinos. Cánticos, concentración de grandes masas de personas y vestimentas autóctonas islámicas. El parque Lo Morant es un espacio habitual utilizado para grandes concentraciones en actos litúrgicos musulmanes. En el vídeo, una vecina se queja del ruido que generan a las siete de la mañana. 

https://www.facebook.com/reel/2017281258803784

Jumilla es objeto de atención mediática por una decisión que, a pesar de la polémica que ha suscitado en ciertos sectores, merece ser valorada con serenidad y sentido común. El Ayuntamiento ha optado por regular el uso de los espacios públicos municipales, como el polideportivo, y ha denegado la celebración de un acto religioso musulmán en dicho recinto. Argumentan que pretenden cumplir con la finalidad para el que estos espacios fueron concebidos. 

Los equipamientos públicos no son espacios neutros ni infinitamente versátiles. Fueron diseñados y financiados con un propósito claro: ofrecer a la ciudadanía servicios enmarcados dentro del interés general. En el caso del polideportivo municipal, su finalidad es evidente: servir como lugar de práctica y fomento del deporte, promover hábitos saludables y facilitar el acceso a la actividad física para vecinos de todas las edades.  

Utilizarlo para fines distintos, sean estos religiosos, comerciales, musicales o políticos, implica desvirtuar su función y abrir la puerta a una utilización discrecional de los recursos públicos. ¿Es conveniente asumir estos usos si el Ayuntamiento no dispone de auditorios para acoger este tipo de actos? ¿Es misión municipal dar solución logística a estos eventos privados? 

Es fundamental que las administraciones locales marquen límites claros en cuanto al uso de sus instalaciones. Lo contrario derivaría en una inevitable instrumentalización de lo público, donde cada grupo —religioso o no— podría reclamar su derecho a utilizarlo según sus propias necesidades. ¿Debe entonces el Ayuntamiento habilitar el polideportivo para todas las festividades religiosas? ¿Debe reservar espacios municipales para cada conmemoración particular, sin distinción? El principio de igualdad ante la ley no debe confundirse con la cesión ilimitada de bienes comunes. 

Esta regulación no implica discriminación, sino sentido de responsabilidad institucional. No se trata de impedir a nadie que celebre sus tradiciones o cultos, sino de que estos se realicen en los espacios adecuados, tal como ocurre con cualquier otra confesión. Las libertades individuales, incluida la religiosa, no están en juego aquí; lo que está en debate es el buen uso del patrimonio común. 

En este sentido, la decisión del Ayuntamiento de Jumilla puede sentar precedente, si no se manipulase políticamente como se está haciendo. Gobernar también implica decir “no” cuando corresponde, para proteger lo que es de todos y velar por su correcto uso. Ceder estas instalaciones también sentaría precedente para que cualquier grupo sintiese el derecho de usar los espacios públicos para sus actividades. Esta cuestión requiere un debate sereno y sosegado, no los posicionamientos radicales preconcebidos de cada agente político. ¿Y usted qué opina? 

 

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