opinión Andrés
El periodismo de proximidad cobra más valor que nunca. El que se hace en Alicante, en los barrios, en las calles, mirando a los ojos de los vecinos y contando aquello que muchos preferirían esconder

Hay dirigentes y políticos poderosos que todavía no han entendido qué significa realmente el periodismo. Confunden la crítica con la traición, la información con el ataque personal y la libertad de expresión con una amenaza a su autoridad. Les incomoda que existan periodistas que no pidan permiso para contar lo que ocurre. Y, sobre todo, les molesta que haya medios de comunicación que no les rindan pleitesía.

El periodismo no nació para agradar a quienes gobiernan ni para proteger los intereses de quienes manejan los despachos y los consejos de administración. El periodismo existe para fiscalizar, para preguntar, para incomodar cuando hace falta y para defender el derecho de los ciudadanos a conocer la verdad. Desde la responsabilidad: contrastando la información, preservando las fuentes y ejerciendo el oficio con rigor.

Algunos no lo entienden. O sí lo entienden y por eso intentan controlarlo todo.

Se compran televisiones y colonizan medios de comunicación a su alcance. Financian silencios con campañas publicitarias y castigan a las voces incómodas negándoles publicidad institucional. Quieren convertir la información en propaganda y al periodista en un empleado dócil que escriba al dictado del poder político o económico de turno, pero no les funciona con todos.

Estos días se habla de la ‘bravuconada’ de Florentino Pérez. Acusa a los periodistas de traidores y alienta a sus forofos a comprar el discurso. No es el único. Es una técnica cada vez más habitual.

Hay demasiados “florentinos”. Personas convencidas de que el dinero, el cargo o la influencia les concede el derecho a decidir qué se puede publicar y qué no. Y cuando alguien les critica, activan la maquinaria engrasada de los suyos: adeptos en redes sociales, ataques coordinados, campañas de desprestigio y esa peligrosa costumbre de señalar públicamente a periodistas y medios para que otros hagan el trabajo sucio.

Nos estamos acostumbrando a algo muy grave: a normalizar que a un líder no se le pueda afear su comportamiento. A aceptar que quien ostenta el poder coloque en la diana a quien lo cuestiona. Y eso es incompatible con una democracia sana.

El problema no es únicamente el insulto en redes. El verdadero problema es la cultura del miedo que algunos quieren instaurar. Que el periodista se lo piense dos veces antes de publicar. Que el pequeño medio local tema perder publicidad institucional. Que la crítica desaparezca por agotamiento económico o por presión política.

Ahí es donde cobra más valor que nunca el periodismo de proximidad. El que se hace en Alicante, en los barrios, en las calles, mirando a los ojos de los vecinos y contando aquello que muchos preferirían esconder. El periodismo que no depende de grandes estructuras ni de intereses nacionales. El que todavía mantiene la cercanía con la realidad cotidiana de la gente.

Medios como 12TV representan algo más importante de lo que algunos consideran: representa independencia, pluralidad y resistencia. La defensa de una comunicación pegada al territorio y libre de sometimientos.

Los poderosos pasan. Tarde o temprano siempre pasan.

Florentino Pérez dejará un día la presidencia del Real Madrid. Luis Barcala dejará de ser alcalde de Alicante. Pedro Sánchez dejará de ocupar la Moncloa. Todos pasarán. Y mientras tanto, los periodistas seguiremos haciendo preguntas.

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