El alcalde de Alicante, Luis Barcala, ha optado por esquivar las críticas lanzadas en los últimos días por la exalcaldesa Sonia Castedo y por voces próximas al expresidente de la Generalitat Francisco Camps, en un nuevo episodio de tensiones dentro del ámbito popular alicantino.
Castedo, que sigue teniendo un notable peso mediático en la ciudad pese a su retirada de la primera línea política, reprochó a Barcala su “falta de ambición” en la gestión municipal y cuestionó su capacidad de liderazgo dentro del Partido Popular local. A esas declaraciones se sumaron comentarios desde el círculo de Camps, que ven en la actual dirección del PP de Alicante una estrategia “poco definida” y alejada del proyecto que durante años gobernó en la Comunitat.
Lejos de entrar en la confrontación, Barcala ha optado por un perfil bajo, evitando responder directamente a los reproches y centrando su discurso en la gestión municipal. El alcalde insiste en que “la prioridad son los proyectos de ciudad” y rehúye abrir un debate interno que pueda tensionar al partido en plena precampaña de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales.
El choque evidencia la fractura latente en el PP alicantino, donde conviven distintas sensibilidades: la de los sectores que añoran la etapa de Castedo y Camps, y la de la actual dirección, que busca consolidar a Barcala como figura de consenso. Por ahora, el alcalde parece decidido a no dar oxígeno a las críticas y continuar con su hoja de ruta, aunque en el partido reconocen que las tensiones internas podrían volver a aflorar conforme se acerquen las urnas.