21 octubre, 2026
Barcala opinión Andrés
¿Es la moción de censura planteada por Manolo Copé (EU-Podem) una opción real?

Lo primero en lo que deben ponerse de acuerdo los grupos de la oposición en el Ayuntamiento de Alicante es en el objetivo. Sin objetivo no hay estrategia, y sin estrategia solo queda el ruido y la pataleta. 

Los portavoces de los cuatro partidos de la oposición han repetido estos días que quieren que el alcalde, el popular Luis Barcala, dimita tras el escándalo por la adjudicación de viviendas públicas a personas vinculadas al Ayuntamiento y a su entorno más próximo, con la exconcejala de Urbanismo Rocío Gómez como ejemplo más evidente. El problema es que esa exigencia, por legítima que sea, parte de una premisa irreal: Barcala no va a dimitir. 

No lo hará porque su estrategia de defensa es la de presentarse como víctima de errores ajenos de una concejala que actuó —según dijo en el pleno— sin su conocimiento, y de una oposición que -a su juicio- busca desgastarle. Por lo tanto, la pregunta clave ya no es si Barcala va a dimitir, sino qué es lo que quiere realmente la oposición. 

¿Quieren erosionar al alcalde a base de peticiones de dimisión que no prosperarán? ¿Quieren convertir cada pleno en un escenario de broncas y reproches, esperando a que el desgaste le pase factura el año que viene? ¿O quieren -de verdad- desalojar del poder al alcalde Luis Barcala? 

Barcala sabe resistir y jugar sus cartas. Lo hizo en 2018 cuando, tras la dimisión de Gabriel Echávarri, acabó al frente del consistorio aprovechando la descoordinación y las broncas internas de la izquierda. La falta de una estrategia común de la oposición terminó reforzando al PP de Barcala.

¿Es la moción de censura planteada por Manolo Copé (EU-Podem) una opción real? El PSOE dice que no. Vox no quiere un alcalde de izquierdas. Compromís ni se imagina sentarse a negociar con “los ultras”. El bloqueo es total. El cordón sanitario salva al soldado Barcala. 

Si el objetivo es derrocar a Barcala, las opciones no son infinitas. ¿Se podría dar una moción de censura con una alcaldía alternativa –de transición hasta las próximas elecciones- encabezada por Carmen Robledillo (Vox) como alcaldesa? Con el beneplácito del PSOE, Compromís y Esquerra Unida –aunque se tapen la nariz para votar como hizo Nerea Belmonte (Podemos)-. ¿Hay otra opción? 

En el pleno extraordinario del pasado jueves el alcalde solo convenció a los suyos. Sus explicaciones sobre la adjudicación de viviendas públicas en la residencial Les Naus de Playa San Juan fueron suficientes para los 14 concejales del PP, pero para nadie más. Quince ediles —los ocho del PSPV, cuatro de Vox, dos de Compromís y uno de EU-Podem— pidieron su dimisión. Una mayoría del pleno quiere que Luis Barcala deje la alcaldía. ¿Lo quieren, lo desean o esperan que pase sin más? 

Para que eso ocurra, la izquierda tendría que asumir el coste político de negociar con Vox. Y ahí todo se frena. O no. ¿Se pueden plantear una estrategia política de desgaste hacia el PP a costa de inflar a Vox? Ya lo hace Pedro Sánchez. ¿Qué diría el sanchismo a este planteamiento? 

La portavoz del PSOE descarta respaldar esa vía, pero una hipotética moción de censura tendría al menos una virtud: obligaría a todos a retratarse y a explicar si su intención es realmente desbancar a Barcala o simplemente capitalizar el desgaste. La aritmética municipal y la lógica de suma de escaños dice que, por número de concejales, Ana Barceló debería ser la alcaldesa. Pero ¿Y si la alcaldesa fuese la portavoz de Vox? 

Mi amigo José María dice que esto es impensable. Que solo el hecho de pensarlo es de una capacidad intelectual ínfima -la mía-, y que nadie lo hará porque se enfrentan a ser apartados de la política por sus propios partidos. ¿Votan en función de lo que creen que es mejor para Alicante o solo de lo que afecta a sus carreras personales? 

Todavía queda otra opción: instar al propio Barcala a plantear una cuestión de confianza. Se puede sugerir, pero no imponer, y resulta difícil imaginar al alcalde dando ese paso. Todo indica que resistirá, insistiendo en que no sabía que una concejala de su máxima confianza, que una alto cargo municipal puesta por él y que un arquitecto del Ayuntamiento eran adjudicatarios de las viviendas públicas protegidas de Playa San Juan.   

La pelota está en el tejado de la oposición. Tienen herramientas para actuar, o razones para limitarse a escenificar su enfado en lo que queda de legislatura. Porque Barcala no va a dimitir

 

Si deseas aportar tu opinión sobre esta noticia, por favor, deja aquí tu comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde Alicante Al Día

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo