Paco Camps ha vuelto a Alicante, como punto de salida y primera etapa para exteriorizar notoriamente su regreso al foro público que dirían los antiguos romanos. Quiere ser otra vez Presidente de la Comunitat Valenciana; el «Molt Honorable» que más veces ha pasado por los juzgados y sus banquillos; al que engancharon por el forro del ego desmedido una pandilla de pícaros delincuentes metiéndolo en la juzgada y condenada «banda Gürtel»; el que finalmente tuvo que dejar el puesto de President a la fuerza de lo justiciable que se le vino encima y a varias instancias.
En la céntrica avenida comercial de Maisonnave, Camps ha presentado una directiva de 100 cargos, más o menos el equivalente al personal que cabía en el evento, para contarnos lo que ya sabíamos desde hace un mes cuando anunció que pensaba retornar a la política, haciéndolo además acompañado de personajes harto conocidos y significativos en cada una de las 3 provincias: Castellón (Vicent Aparici), Valencia (Emilio Llopis) y Alicante (Sonia Castedo) aquí también como anfitriona; después, toda una serie de viejas glorias ya amortizadas y desconocidos jóvenes que esperan tener con Camps más chance que en el PP oficial y gobernante de Mazón, donde apenas puede entrar algún cargo – y/o aspirante a serlo – más.
Cuando nuestros compañeros periodistas insistieron preguntándole si Madrid autorizaba arrancada tan descomedida dejando a Mazón a los pies de los caballos, y por si no tuviera bastante con la machacante oposición, la evasiva de Paco no pudo ser menos explícita al contestar que en Génova 13 ya conocían su proyecto. Hombre, señor Camps, como también están al tanto de los preparativos expansionistas y dinerarios de Vox cara a las próximas elecciones en la confianza de arrebatarle mucho escaño al PP; y no quiero imaginar el desconcierto votante si los representantes de Feijoo en nuestros pagos geográfico-políticos se presentan divididos en 2 listas: aunque habrá que ver cómo se las apaña usted don Francisco Camps (y seguidores) porque las siglas autorizadas y fetén pertenecen a Madrid DF como capital del Reino de España y no a la Comunidad Valenciana, incluidos los complementos de iniciales y símbolos.
Confían estos heterodoxos de la cuadrilla campista en llegar a un congreso próximo donde por estatutos se debe elegir nuevo presidente o renovar al actual. Todos los partidos con representación parlamentaria en la carrera San Jerónimo son piramidales, y en consecuencia mandan presidentes y secretarios generales nacionales. Y el PP a través de sus portavoces oficiales: Borja Semper y Miguel Tellado lo han dejado más que claro: diáfano. Ninguno contempla la posibilidad de que Francisco Camps sea el candidato a la Generalitat Valenciana. En consecuencia difícil lo va a tener con la costosa financiación necesaria para toda una campaña electoral (viajes con su equipo, anuncios en los medios de comunicación, subvención de mítines y actos públicos, etc.); eventos a los que, como parece obvio por parte de la dirección nacional, ningún alto cargo o figura significativa políticamente acompañarían a quien se enfrente al alto mando de la 6ª planta. Ni Camps tiene dinero para financiar una campaña de semejante calibre (como no se lo presten sus «amigos del alma», enchiquerados por la Gürtel), ni Sonia Castedo cuenta con el empresario Enrique Ortiz, hoy trasvasado al bando Barcala.
Y ahora continuando de lo económico a lo político en la Comunitat a la localitat, es decir Alicante capital provincial y municipio, un enfrentamiento entre el pasado que representa Sonia Castedo (muy tocada por dependencias con su preceptor Luis Díaz Alperi, también baqueteado en tribunales), y el presente cara al futuro de Luis Barcala, cada vez más cercano a Feijoo y no tanto a Mazón por aquello de las barbas puestas a remojar del vecino; comparativamente creo que no hay color entrambos.
Uno tiene todos los resortes, y encima, aunque esto puede valer para los dos, los socialistas se lo están poniendo al PP como a Fernando VII con el asunto de la falsificación de títulos no compulsados, con el escándalo final de José Ángel Batalla, y los precedentes de Ángel Batalla, ni más ni menos que presidente del partido en la CV, inventándose diploma en una carrera que todavía no existía en la universidad que ha debido desmentirle. Todo un baile de titulitis presentando currículums diferentes según el puesto al que aspiraban. Para quienes hemos tenido que hacer una carrera universitaria, y en algunos casos trabajar 8 horas diarias al tiempo, esto resulta infumable e intolerable, una sinvergonzonería del mayor calibre que descalifica a la directiva capaz de tolerar y autorizar semejante bandidaje académico.
Se supone que para las próximas elecciones tanto PSOE, como PP, paradójicamente el odiado Vox ha sido el único honesto (al menos de momento), traerán sus expedientes más limpios que la patena del Santo Padre, y nadie les va a exigir méritos docentes, ya que la propia Constitución no los reclama, si bien deberíamos partir de unos mínimos antes de mandar a un indocto e iletrado a legislar.
Al menos Francisco Camps se licenció en Valencia y tuvo que venir a hacer el doctorado a la Universidad de Elche donde, imagino, tenía mejores «supporter» intelectuales o de proximidad ideológica, y Sonia Castedo es socióloga por la Universidad de Alicante, pero indefectiblemente son títulos contrastados para colgar en su despacho. Si bien doctores y doctorandos somos muchos, y no creo que ello nos habilite para la política. Zaplana no fue ninguna lumbrera universitaria, pero un político que podría haber seguido presidiendo la Comunitat de no habérselo llevado, en mala hora, Aznar a Madrid con aquel famoso Dream Team. Ximo Puig aguantó presidiendo el Gobierno valenciano (2015-2023) a pesar de haber falsificado (otro más y van tropecientos) el título oficial de periodista. Y así podría cansarles, pero ya hay suficientes artículos con listados de los fraudulentos embusteros.
Y volviendo al sin sentido de crear otro partido a la derecha (se supone) del PP, falsificando o trastocando siglas me parece un disparate que sólo puede beneficiar a Vox o a la abstención en Alicante y por supuesto en la Generalitat, amén de un buen número de municipios, sobre todo los pequeños donde vale tanto el nombre en el paisanaje como la papeleta por la que se presentan. Alguien se está jugando la expulsión a medio o no tan largo plazo.
¿Camps «forever»? Como Batman: no por favor, para películas ya tenemos bastante con Nosferatu.