opinión toros Blas de Peñas
La Tertulia Sentimiento Taurino "Puerta Grande" y el colectivo Juventud Taurina no dejaron pasar la ocasión para agasajar a Marco Pérez

Llegó al coso de la Plaza de España casi treinta minutos antes del comienzo del espectáculo. Buscó con paciencia su localidad, en el tendido 3, de sombra, fila 15, y esperó la hora del paseíllo. Vestido negro, de tres cuartos, melena del mismo color y un esbozo de sonrisa que traslucía su preocupación. La procesión iba por dentro. Aplaudió con entusiasmo cuando vio aparecer sobre la arena a los tres toreros del cartel del tercer festejo de abono de la Feria Taurina de San Juan y San Pedro 2025. Alejandro Talavante a la izquierda; Juan Ortega, a la derecha. Y en el centro, su hijo, Marco Pérez, un niño torero al que su afición y valor le obligan a ser hombre.

Me van a permitir que no haga del festejo del 22 de junio una crónica al uso. Un festejo que podríamos titular con tres palabras: Indulto, triunfo y tragedia. Un festejo, perdonen mi insistencia, que comenzó bien, con la entrega al joven torero salmantino del doble trofeo ganado la temporada anterior en su debut como novillero en Alicante. La Tertulia Sentimiento Taurino «Puerta Grande» y el colectivo Juventud Taurina no dejaron pasar la ocasión para agasajar a Marco Pérez.

Con «Niñato», un negro muleto bragao, de 568 kilos, Núñez del Cuvillo abrió plaza. Lo recibió Alejandro Talavante entre la expectación de los más de 6.000 espectadores que completaron algo más de media plaza de aforo. Y entre ellos, el músico José María Cano, Pedro Trapote y la madre de Marco Pérez.

¿Qué es lo que vio? Vio a un Talavante en dominador, con una técnica que raya en la perfección cuando utiliza la mano izquierda, y un público frío al que le costó entrar en la faena. Cuando lo hizo, premió con una oreja al extremeño.

Vio también a un Juan Ortega con un capote de ensueño, con una quietud tremenda, con un saber andar delante del toro que merecieron grandes ovaciones y pasear una oreja mientras daba la vuelta al ruedo.

Y vio la madre del niño torero a su hijo recibir a «Rosito», un colorado de 550 kilos, que se acostaba por el pitón derecho y no paraba de buscar el menudo cuerpo de su lidiador. Lo buscó y lo encontró. Cornada envainada en la parte posterior del muslo izquierdo con posible afectación en el nervio ciático.

En menos de dos minutos, la madre de Marco llegó al vomitorio con la cara desencajada y el corazón en un puño. Siguió desde allí cómo los subalternos atendían a su hijo y, sin pensarlo, sacó su pañuelo y lo agitó al viento en demanda de trofeo. Segundos después desapareció rumbo a la enfermería donde el cirujano vascular Alberto Miñano atendía al niño torero.

La madre del joven Marco no pudo ver cómo Alejandro Talavante, «mister indulto», cuajaba una gran faena a «Gavilán», un colorado de 505 kilos, y se esforzaba para obligar al presidente a sacar el pañuelo que devolvía el Núñez del Cuvillo a los corrales.

Tampoco pudo presenciar, porque iba camino del sanatorio del Perpetuo Socorro, la meritoria faena de Juan Ortega a su segundo toro, al que le cortó una oreja, y tampoco, los esfuerzos de Talavante para lidiar, lo mejor posible, a «Desconocido», un toro mulato, de 539 kilos, que le hubiera tocado a su hijo.

Todo lo anterior ocurrió en Alicante, un 22 de junio de 2025, en plena Feria de Hogueras de San Juan, con una madre de torero sentada en los tendidos de la plaza de toros alicantina, mientras su hijo, un niño de 17, se jugaba la vida con un vestido blanco y oro.

FICHA TÉCNICA

Domingo 22 de junio de 2025. Tercer festejo del abono ferial.

Toros de Núñez del Cuvillo, de buena presencia, manejables y con sentido. El cuarto, «Gavilán», un colorado de 505 kilos, fue indultado.

Presidió el festejo José Antonio Fernández de la Dueña. Correcto aunque con muchas dudas en el indulto.

Alejandro Talavante. De obispo y oro. Oreja y dos orejas y rabo simbólicos y ovación. Salió en hombros por la puerta grande

Juan Ortega. De teja y oro. Oreja y oreja. Salió en hombros por la puerta grande.

Marco Pérez. De blanco y oro. Oreja en el único que mató. Pasó a la enfermería en brazos de las asistencias.

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