Cuando nuestro presidente Pedro Sánchez no tiene mejores cosas que hacer, y mira que hace pocas cabales, mata moscas con el rabo. Ahora le ha dado por sacar del sarcófago de la Historia al moscardón momificado Francisco Franco Bahamonde, muerto en el año 75 del pasado siglo, 5 decenios del ala, y transcrito en los libros de texto (2º y 4º de la ESO), como lo que fue: un golpista salvapatrias y un dictador inclemente.
Quiere Sánchez ajustarle las cuentas al controvertido y autointitulado «Caudillo» por haberse levantado contra la Segunda República, para someter, luego de una brutal purga carcelaria y fusilera criminal, a todos los españoles, de uno y otro bando en un conflicto, incluyendo a los neutrales, bajo una dictadura que fue ablandándose con el tiempo por exigencias de los países victoriosos en la II Guerra Mundial, fuera con gobiernos formalmente democráticos, o dictaduras marxistas en el caso de la Unión Soviética y sus satélites geo-ideológicos.
Despertar nuevamente el instinto cainita que padece este pueblo con sangre en el ojo, no puede ser planteamiento de gobernantes serios, sino de mala gente profanadora de tumbas
Si Franco no declaró a Alicante como «provincia traidora», tal cual las vascas, debió faltarle poco, pero nunca olvidó que fuimos la última en rendirse, y no a él, sino a las brigadas fascistas italianas. De hecho, poco nos visitaba, y cuando lo hacía era para subir directamente a su ostentoso yate «Azor» enganchando peces que ya tenían el anzuelo clavado. Ni siquiera saludaba a sus devotos del Movimiento (inamovible). Un enorme cortejo de «haigas» (cochazos negros) y pesadas motos de la benemérita paraba en el puerto de Alicante y el sátrapa ya vestido de marinerito subía al barco de recreo gubernamental pagado por todos los españoles.
Fue su expreso deseo apartar la estatua del prohombre y alcalde alicantino elegido democráticamente Eleuterio Maisonnave, para poner en su lugar una enorme cruz de hormigón armado, diseñada, paradojas de la historia, por 2 arquitectos republicanos: Miguel Abad Miró y Miguel López González, ambos muy influidos por la arquitectura Déco y la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Naturalmente el monumento «cristiano» se erigió en memoria de los caídos franquistas, los adversarios bastante tenían con una pequeña cruz de latón sobre las fosas comunes.
Con la democracia, recién llegada y avalada en referéndum, algunos particulares e incluso partidos de izquierdas plantearon la posibilidad de derribar a martillazos la para ellos odiosa Cruz de los Caídos, pero el entonces alcalde José Luis Lassaletta (socialista con el apoyo comunista) nos dijo a un grupo de periodistas que no lo iba a permitir, pero sí inscribir en el propio monumento que a partir de ahora sería en honor de todos los muertos indiferentemente del bando al que hubieran pertenecido. Y así se hizo. Recuerdo su sonrisa bonachona atusándose la barba y guiñándonos el ojo, para después soltar una frase que nunca se me olvidará: «vuestros nietos sabrán tanto de la Guerra Civil, como nosotros de Cuba y Filipinas en el 98».

Ha tenido que venir el TSJ (Tribunal Superior de Justicia) a dictar sentencia concluyente con que, tanto la cruz alicantina, como la ilicitana en el Paseo de Germanías, no son símbolos franquistas. A lo que un servidor de ustedes añadiría ¿y si lo fueran qué? ¿Vamos a derribar toda la arquitectura y monumentalidad del franquismo (1939-1979), incluso cuando muchas de ellas nos puedan parecer «arte kitsch» (hortera y retardatario)? ¿Esa es la restaurada venganza fratricida que anhela Pedro Sánchez y su picadora Yolanda Díaz? ¿Se habrán parado a pensar en por qué ofender a tantos miles de cristianos/as que los han votado demasiadamente? ¿Es esa cruz de 9 m el principal problema urbanístico y de servicios que tiene Alicante?
Una Guerra Civil entre hermanos no parece algo de lo que se pueda presumir históricamente, que es donde debe quedar (libros y documentales) para oprobio de los españoles que han tenido 3 contiendas entre ellos en menos de un siglo. Despertar nuevamente el instinto cainita que padece este pueblo con sangre en el ojo, no puede ser planteamiento de gobernantes serios, sino de mala gente profanadora de tumbas (la historia sólo habla de muertos). Como escribió el estadounidense Mark Twain «La historia no se repite, pero a menudo rima». Será por eso por lo que Pedro Sánchez intente rimar a Franco con Feijóo, y a la derecha española con la Falange y el Movimiento Nacional. Alguien tendrá que explicarle a los populares que deben hacer los deberes históricos, alejándose de suspicacias pasadas con las que el adversario quiere pringarlos en un falso y mendaz paralelismo.