Me llama el jefe de informativos de 12TV, con la que colaboro desde su nacimiento por ser expresión de libertad equidistante, para disertar (y si cabe reafirmar o discutir) en el programa «Alicante Directo» que trata de la vida y con ella este espacio televisivo van por los barrios alicantinos con tantos problemas comunes (limpieza, comunicaciones, seguridad…).Esta vez toca analizar el barrio de San Gabriel donde convive todavía ese antiguo y delicioso sabor a pueblo con sus casitas originarias de principios del siglo XX, manteniéndose algunas de sólo una planta y otras, un máximo de tres, junto o mejor dicho: cercadas, por macro-urbanizaciones bastantes alturas superando las 10 plantas, su envidiable piscina y jardín exclusivos; curiosamente los pedáneos nunca tuvieron, aparte del Mediterráneo, instalaciones en las que refrescar sus epidermis. Hablamos de su historia, de su doble identidad socio-urbana, y ¿cómo no? del tristemente célebre Barranco de las Ovejas. Y, cuando el conductor del programa Andrés Maestre me da la última palabra para definirlo asevero con cierta contundencia: «Es una isla».
Me refiero, obviamente, a lo que todavía queda de originario antropológico de aquella pedanía que fue constriñéndose desde que la especulación constructora entró a saco a partir dela década de los 70 del pasado siglo (hasta que el alcalde Lassaletta – orden y mando –) aprovechando terrenos baldíos y entonces poco cotizados porque parecía como si la expansión natural de Alicante sólo tuviera dirección expansiva hacia el Este y preeminentemente hacia el Norte con crecimiento exponencial de la playa capitalina de San Juan. Algo que intentó repararse por el poder municipal con los jardines de El Palmeral (hoy inexplicablemente deteriorados), mientras se le daba cierto arreglillo a la arena que linda con las rocas, adquiriendo oficialmente la clasificación de «playa», aunque siempre había sido más de pescadores que de bañistas, y desdichadamente mayor contaminación venida del muelle de Poniente que, pongamos por caso comparativo, El Postiguet dando al Levante. Lógicamente, cuando se intentaron instalar los macrodepósitos de combustible en el muelle contiguo a San Gabriel (la autoridad portuaria pertenece al Estado), los vecinos, muy cabreados por ni siquiera haber sido consultados, saltaron a la calle en manifestaciones que recorrieron la ciudad, y el entonces presidente de la Junta de Obras del Puerto de Alicante (Ángel Cuesta, político que no técnico), ante la fuerte presión y escandalera pública, no tuvo más remedio que echarse atrás porque ni siquiera el Ayuntamiento, también socialista, apoyaba semejante decisión unilateral sobrevenida del Gobierno central. La bestial riada de 1982, y, en menor medida la de 1997, causaron la mayor indignación ciudadana que recordemos en Alicante, cuando por el Barranco de las Ovejas bajaron cadáveres propiamente humanos, enseres mobiliarios, animales muertos y toda clase de detritos.
Un horror (me tocó vivirlo como periodista, no sé si a pie de agua o de calle) que obligó a realizar obras públicas desde y preferentemente la desembocadura hasta – y con menor dedicación – el monte Maigmó donde nace la rambla de dicho nombre. Y no menor indignación ha habido desde siempre (1906) con la vía del ferrocarril que une la capital con el Sur, esencialmente Elche, Crevillente, Orihuela y Murcia, entre otras poblaciones altamente poblacionales. Más que de «vía «debemos hablar en propiedad de una «barrera» que facilita el estancamiento de las aguas cuando vienen las riadas o llueve «demasiadamente», como diría García Márquez. Ni siquiera, cuando se hizo la desviación de tan necesario conducto ferroviario hacia la estación (intermodal) término de Alicante, se cubrió mínimamente, excusando con la carestía de un túnel, que hubiera sido lo más propio por el peligro que sigue suponiendo al estar expuesta al paso de personas, además de ser signo visible de la dejadez política, tanto de socialistas como de populares a la hora de repartir culpas por parte de los responsables vecinales entrevistados en el análisis histórico y contemporáneo de este programa.
San Gabriel «tan lejos y tan cerca», entre la pedanía conurbana donde todos los sangabrieleros se conocen desde generaciones pasadas, y la novísima clase media o medio-alta bastante ajena a lo que ocurra en la puerta de al lado, dando lugar a una imperfecta simbiosis poblacional, que si bien ha traído servicios indispensables, léase supermercados, talleres especializados, etc., le ha sustraído a San Gabriel ese su toque diferencial que los nativos siempre quisieron conservar. Para bien y a veces para mal, el progreso manda.