opinión Pedro Huelga

«Pasas más hambre que un maestro de escuela» era la frase hecha en tiempos pasados y como comparativa metafórica de oficio muy mal remunerado, entonces por los Ayuntamientos mayoritariamente rurales, que eso sí solían proporcionarle vivienda muy austera para él y para su familia. Todos recordamos ejemplos literarios de chaquetas raídas, pantalones remendados, camisas deshilvanadas y mucha paciencia docente.

Hace tiempo que cambiaron las cosas en su rala supervivencia, sobre todo desde que el magisterio es carrera superior universitaria, los sindicatos de la instrucción pública aprietan a los gobiernos queriendo equiparar, en la medida de lo posible, la enseñanza primaria y secundaria con otras superiores corrigiendo diferencias sustanciosas. Pero, y a lo que se ve en permanentes concentraciones callejeras henchidas de pecheras verdes y amarillas reflectantes reivindicativas (el otro día algunos manifestantes se metieron en la propia sede de la Generalitat en Alicante hasta que los expulsó la Policía Autonómica que la guarda), sin embargo, no parece suficiente con la diaria riada, cada día más impresionante, de ensordecedores pitidos y eslóganes a megáfono abierto, para que la Generalitat ceda y acabemos con esta pesadilla que nos afecta a todos, no sólo a los litigantes.

Los padres andan cabreados, mal porque se ven obligados a mantener a sus hijos/as en casa durante las horas lectivas, cuando tanto padres como madres trabajan fuera, o peor aun cuando saben que su descendencia anda vagando por las aulas sin tutor, o zanganeando en el patio tras una pelota o en conversaciones propias o impropias de su edad.

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30 o 35 alumnos/as por clase es una acumulación desfasada hoy en día donde la acumulación de material escolar, incluida la informática, repleta mochilas y carteras con un material escolar necesario, pero excesivamente caro para muchas familias cuyo presupuesto no les alcanza para permitirse una formación privada (concertada) también escasa en becarios. En la concertada sólo se han unido a la huelga los maestros del primer ciclo infantil (hasta tres años), y no todos porque muchos se acogen a contratos en guarderías.

Ayer pude ver un programa de 12 TV recorriendo barrios alicantinos en el que dirigentes vecinales se quejaban a micrófono abierto de la suciedad y la desidia, el desarreglo del asfalto y aceras, pero sobre todo de la seguridad frente asaltos por un mangante despiadado o, peor aún atracos de brutales pandillas de niñatos amedrentando a quien luzca oro sobre la epidermis a la vista o tiente con un bolso, generalmente mujeres, algunas todavía más indefensas y desamparadas por longevas. Ahí entra, o debería entrar en juego la educación que convierte a un salvaje ineducado en persona individual y socialmente preparada.

Cuando reclaman a la policía local (parece que la Nacional y Guardia Civil anden en otros temas de más amplio espectro delincuencial) siempre responden las mismas excusas alegando la imposibilidad (falta de plantilla vigilante) por único argumento se reúne con nadie, ni los representantes del magisterio en huelga, ni la Conselleria de Educación responsable en asunto tan vital para la convivencia como su propio nombre indica, ni las concejalías afectadas: educación y seguridad. Punto muerto. Los educadores/as porque para sentarse a la mesa negociadora quieren partir de unos máximos con escaso recorte, como demostrarán al presentarlos el próximo lunes al conseller Rovira con más peso en el Govern que la consellera del ramo Carmen Ortí; los otros porque se hacen los ignorantes alegando que no hay cama salarial para tanta gente, ni presupuesto para ampliar y mejorar el número de aulas y de centros educativos.

Hace falta un planeamiento muy complejo según municipios, antigüedad de los colegios e institutos, renovación del mobiliario etc. porque eso de sueldos resulta relativamente fácil trasvasando consignaciones de una a otra Conselleria, ya vendrán las protestas por parte de los perjudicados en las obligadas sisas, si bien eso de meterse en obras hasta conseguir una ratio de máximo 20 alumnos por aula perfectamente acondicionada, resulta harina de otro cantar y contar.

En definitiva, un nuevo Plan General de Educación primaria y secundaria elaborado en su diseño y ratio por expertos multidisciplinares, desde arquitectos urbanistas, pasando por sociólogos, diseñadores educativos, etc. hasta llegar a la mucha experiencia que pueden aportar los propios maestros. Tengan en cuenta desde la Generalitat Valenciana que son muchos votos a calcular para las próximas elecciones, y a los que también pueden unirse en intención de papeletas los de tanto padre cabreado.

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