Miércoles Santo
Nuestro Padre Jesús Cautivo, el Santísimo Cristo de la Fe ‘El Gitano’, la Virgen de los Dolores y el misterio del Descendimiento han efectuado su bajada desde la ermita, afrontando un itinerario que convierte cada metro en una auténtica prueba de coordinación y resistencia

Alicante ha vuelto a mirar este Miércoles Santo hacia lo más alto de su casco antiguo, donde el Barrio de Santa Cruz se convirtió, una vez más, en el epicentro de una de las tradiciones más sobrecogedoras de la Semana Santa de Alicante, declarada de Interés Turístico Nacional. Calles repletas, balcones engalanados, saetas espontáneas y un silencio cargado de respeto marcaron una jornada que volvió a demostrar la fuerza de esta cita única.

La Hermandad Penitencial de Santa Cruz protagonizó el esperado descenso de sus imágenes titulares por las empinadas y estrechas calles del barrio, en una procesión que combina tradición, dificultad técnica y una profunda carga emocional. No hay margen para el error: cada paso se mide al milímetro en un recorrido donde los balcones parecen tocar los tronos y cada giro exige máxima precisión.

Nuestro Padre Jesús Cautivo, el Santísimo Cristo de la Fe ‘El Gitano’, la Virgen de los Dolores y el misterio del Descendimiento iniciaron su bajada desde la ermita, afrontando un itinerario que convierte cada metro en una auténtica prueba de coordinación y resistencia. Los costaleros, conscientes de la complejidad, avanzaron entre la tensión y el fervor, sostenidos también por el respeto de un público que alternaba el silencio absoluto con estallidos de aplausos.

Puntos emblemáticos como la calle Diputado Auset, San Antonio, San Rafael o la plaza del Carmen registraron una gran afluencia de asistentes. Vecinos, visitantes y fieles se agolparon en cada rincón posible para no perder detalle de una estampa que ya forma parte de la identidad de Alicante.

La emoción alcanzó su punto álgido con las saetas, que rompieron el silencio en los momentos más intensos del recorrido, añadiendo una dimensión aún más íntima y sobrecogedora a la procesión.

Además del seguimiento presencial, el evento volvió a tener un importante impacto mediático. La retransmisión televisiva congregó a centenares de miles de espectadores, alcanzando un pico de audiencia —el llamado “minuto de oro”— que superó el millón de personas conectadas de forma simultánea a las 20:06 horas, reflejo del creciente interés que despierta esta singular tradición alicantina.

Concluye así una de las jornadas más emblemáticas de la Semana Santa local, en la que el Barrio de Santa Cruz reafirma su papel como uno de los escenarios más auténticos, intensos y representativos de la devoción popular en la ciudad.

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