opinión Blas de Peñas
Buena corrida de Victoriano del Río y Cortés que permitió a los matadores cortar dos orejas cada uno

Tres toreros a hombros por la puerta grande en olor a multitud. Dos orejas por cabeza y un llenazo impresionante en la plaza de toros alicantina. Un pequeño hueco en la andanada de sol impidió colocar el «no hay billetes». Los empresarios Nacho Lloret y David Caballero, felices y contentos con el acierto del cartel. Y los aficionados, con pasiones divididas a la hora de pronunciarse por el triunfador de una tarde de feria en la que no importaba ni el calor ni las apreturas.

Pasiones divididas porque sobre el albero se vieron tres estilos diferentes y, sobre todo, la sabiduría y la elegancia de Julián López «El Juli«, el valor desmedido y la inteligencia de pisar un terreno imposible de Andrés Roca Rey, y la torería y la ambición del último que ha llegado, Tomás Rufo, que pide paso a las figuras consagradas para situarse en el mismo escalón reservado para los elegidos.

Buena corrida de Victoriano del Río y Cortés que permitió a los matadores cortar dos orejas cada uno

Si a lo anterior unimos el envío de una corrida bien seleccionada por el ganadero Victoriano del Río y Cortés, una afición festivalera con enormes deseos de pasarlo en grande y olvidar las críticas, y un presidente que aplica bien el reglamento, que mantiene su criterio está sobre el ruedo el torero que esté, pero al que en alguna ocasión le puede la presión del público, comprenderemos rápidamente porque la puerta grande se abrió de par en par para permitir la salida en volandas de Juli, Roca y Rufo. Veamos…

El Juli no ha perdido ni un gramo de vocación. Sigue teniéndola en cantidades industriales. Y gracias a ella, a sus conocimientos de la ganadería lidiada ayer, de su manejo con la muleta y de cómo mide los terrenos para no molestar al toro, los tendidos se le entregan en cuanto monta la muleta. Sus dos faenas fueron casi una repetición, especialmente al aprovechar el pintón derecho de sus dos enemigos. Derechazos lentos, templados, con cuajo para comentar una obra bien hecha. Falló con la espada en su primero y se le fue la mano baja a la hora de matar a su segundo. Ovación y dos orejas que siendo justos debería haber sido una. El público apretó y la presidencia, con algo de generosidad, permitió la salida en hombros del madrileño.

Andrés Roca Rey da la impresión de encontrarse algo cansado, quizá un poco atorado. Realizó dos faenas en su línea de valor y conocimientos del toro y los terrenos, llevó la emoción a los tendidos cuando se decidió por acortar las distancias y darle ventaja a su enemigo y se jugó el físico, como hace cada tarde, porque es consciente de que ser primera figura le obligan a darlo todo y en todas las plazas. Mucho mejor en su primer toro que en el segundo, cortó los mismos trofeos gracias a la efectividad de su espada. A la hora de matar, el peruano es un cañón.

Tomás Rufo es consciente de que en un cartel con Juli y Roca puede convertirse en comparsa y por ello, el toledano se revela y se la juega a cara o cruz. Ayer tarde fue el que mejor toreó, el que más ambición exhibió sobre el albero y el que más ganas de triunfo dejó ver desde sus primeros muletazos. Aprovechó las bondades del lote que le tocó en suerte para hacer un toreo encimista, con arreones que levantaron al público de sus asientos, con pasajes ciertamente bellos para justificar el triunfo y con la pequeña laguna del manejo del estoque. Dos estocadas cayeron bajas y por ese motivo no encontró el premio una doble oreja en su primer enemigo.

En resúmen, un festejo muy interesante, con tres triunfadores en hombros de los capitalistas, y la confirmación de que el toreo interesa y llena las plazas cuando los carteles, con toros y toreros, son redondos. Ayer se dieron todas las condiciones para poner el no hay entradas. Y para que los aficionados salieran del coso de la Plaza de España toreando.

FICHA TÉCNICA

Cuarta corrida de abono. Prácticamente lleno, 11.262 espectadores,  con tarde muy calurosa.

Toros de Victoriano del Río y Cortés, de magnífica presencia y buen juego.

Presidió Manolo García, bien, aunque con la pequeña laguna de no medir dónde cayó la espada de El Juli en el toro de las dos orejas.

Julián López «El Juli«. De gris perla y azabache. Media estocada. Aviso. Estocada baja, dos orejas. Salió en hombros por la puerta grande.

Andrés Roca Rey. De carmesí y azabache. Estocada y descabello, oreja. Y estocada recibiendo,  oreja con dos avisos. Salió en hombros por la puerta grande.

Tomás Rufo. De sangre de toro y oro. Estocada sin puntilla. Oreja. Estocada baja, oreja. Salió en hombros por la puerta grande.

Los banderilleros Sergio Blasco y Bernardo Sánchez saludaron montera en mano tras sus dos tercios de banderillas.

El subalterno Antonio Chacón también saludó tras un magnífico par de banderillas.

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