Opinión Pedro Nuño de la Rosa
Si ya existe un polígono experimental donde ambas universidades colaboran ¿por qué no una segunda Facultad de Medicina? Los recelos entre Rectorados sólo perjudican a futuros Licenciados en Medicina y Cirugía

Era inconcebible y además insolidario que desde la Universidad (pública) de Elche, Miguel Hernández (UMH), intitulada así por el «poeta del pueblo», como personalmente se autodefinía, solidario donde los hubiera en la literatura española, intentasen vetar los estudios del grado de Medicina en la Universidad de Alicante.

Un disparate entre impropiamente celoso, acaparador y cicatero con los estudios superiores de una disciplina tan necesaria para cualquier Facultad que se precie de servir en cantidad y calidad al grupo humano en que se encuentra inmersa tanto geográfica como poblacionalmente. Recuérdense los inicios de una Universidad creada y desarrollada con el esfuerzo titánico de un grupo de profesores y políticos sobre los cimientos del anterior Centro de Estudios Universitarios en San Vicente del Raspeig. Mientras la ilicitana nace de un plumazo de Eduardo Zaplana (PP), y aún retumba en la memoria académica el encontronazo con el entonces rector de la UA Pedreño, y el conseller Diego Such: faltó poco para las bofetadas en aquel acto académico.

Si ya existe un polígono experimental donde ambas universidades colaboran ¿por qué no una segunda Facultad de Medicina? Los recelos entre Rectorados sólo perjudican a futuros Licenciados en Medicina y Cirugía

La zona comprendida en el triángulo que va de Elche-Crevillente-Santa Pola, pasando por la capital y L’Alacantí, además del colindante Valle del Vinalopó con Elda Petrel y Villena como núcleos considerables, cercana, si sumamos municipios, al millón de habitantes (más de la mitad de toda la provincia), puede tener perfectamente equipadas dos Facultades con un alto standing didáctico (profesorado, laboratorios y utillaje para prácticas y, sobre todo: Hospital Universitario ad hoc donde los estudiantes vivan y aprendan en directo su futura profesión). Dos Facultades de Medicina, insisto en lo de «públicas», las «privadas» son libres, como libre es su esfuerzo inversor y rentabilizado a la larga. Precisamente las privadas deben aportar el valor añadido de un prestigio que les haga atractivas a quienes pagan costosas matriculaciones y no menos onerosas estancias estudiantiles.

Felizmente el (TSJ) Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, ha denegado el recurso de inhabilitación que demandaba la Universidad Miguel Hernández en contra de la implantación de los estudios superiores de Medicina en la Universidad de Alicante porque: «no se ha acreditado convenientemente la concurrencia de los requisitos legalmente establecidos». Con lo cual la Justicia manda de nuevo el balón al tejado de los políticos, es decir: Carlos Mazón deberá emular a su maestro político Eduardo Zaplana, y a su vez los actuales alcaldes peperos de Alicante, el reelegido Luis Barcala, y el recién electo en Elche Pablo Ruz (con la venia de Vox), esperar al resultado de las elecciones para que por fin el aspirante Núñez Feijóo, como presidente de un nuevo Gobierno central, ponga paz dando el nihil obstat a dos Facultades Médicas juntas, pero no revueltas, tal y como disfrutan otras grandes provincias españolas que pasaron por idénticas o parecidas necesidades de bifurcación docente.

Ya está bien de pachangueras animadversiones chovinistas entre Elche (ilicitanos y «elcheros») y el alicantino presuntuosamente capitalino (hace apenas dos siglos y gracias a Javier de Burgos), con enconos sólo entendibles y propios de un reciente pasado futbolero, que de la obligatoriedad a entenderse entre segunda y la tercera ciudades de la Comunidad Valenciana esencialmente porque cada día están más cercanas al colindante encuentro urbanístico y de servicios.

Nunca se había dado la situación política, en recuperada democracia, de que tanto Generalitat como ambos Ayuntamientos estuvieran bajo las mismas siglas y, por ende, facilidad de acuerdos en beneficio mutuo. Por otra parte, aunque ninguno de los dos equipos de fútbol está para echar cohetes, hoy los ilicitanos llevan clara ventaja clasificatoria, mientras el Hércules no mude de presidente: no hay rival; por otra, Alicante definitivamente ya es una ciudad de servicios, mientras que la ciudad de los hermosos palmerales comparte industrias diversificadas con un estatus neurálgico (comercio y transportes) entre las Comunidades valenciana y murciana.

El futuro: juntos, pero no revueltos, cada cual, con su identidad e idiosincrasia históricas, obliga al entendimiento y colaboración en beneficio mutuo. Ni Elche puede torpedear la creación de una nueva Facultad de Medicina en el campus de San Vicente, ni, pongamos por caso, Alicante podría vetar estudios universitarios en el campus Miguel Hernández de nuevas disciplinas como las medioambientales y ecológicas, aeronáutica, nanotecnologías y un largo etc. que ahora mismo nos demanda futuribles.

El tan cacareado, pero nunca resuelto Triángulo Elche-Santa Pola-Alicante ya se quedó jibarizado hace tiempo, mientras los agravios comparativos entre Valencia con su mancomunidad, respecto al «Sur también existe», no se han resuelto en comprobada equidad con el Cap i casal; hora va siendo pues de solucionarlo desde la interacción Elche-Alicante y viceversa gracias al recíproco interés más desinteresado.

Si ya existe un polígono experimental donde ambas universidades colaboran ¿por qué no una segunda Facultad de Medicina? Los recelos entre Rectorados sólo perjudican a futuros Licenciados en Medicina y Cirugía, de quienes tan necesitados estamos todos.

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