Alicante es provincia escarmentada por calamitosos desbordamientos, sean ríos o barranqueras desde la Vega Baja a la Marina Alta, y de la capital a las comarcas del Vinalopó. Por eso después de lo ocurrido en Valencia Sud, el alicantino mira el cielo temiéndose otro diluvio comarcal. No hace falta ser excesivamente mayor para recordar coches navegando por la Explanada, muertos en naufragio urbano (también por imprudencias al tratar de cruzar avenidas peatonalizadas trasmutadas en riadas amazónicas), y mucho destrozo viario que obligó a la reestructuración total, intentando drenar y canalizar entre otros escapes naturales como la del Barranco de las Ovejas o la de Playa de San Juan, realizándose importantes obras de ingeniería y desagüe por donde mucho antes de ser taponados por las casas y el asfalto impresionantes e incontrolables aguaceros buscaban verterse al mar.
En Alicante quedan zonas con grave riesgo de inundación como pueden comprobar en los mapas de riesgo. Ante eso ¿Qué deben hacer nuestros políticos y administradores?
Ya contamos en el interior artículo como el alcalde de Alicante, Luis Barcala, los días inmediatamente posteriores a la Dana valenciana, anduvo más perdido que el barco del arroz (expresión popular de posguerra sobre un paquebote que tenía que venir cargado de grano desde Argentina, pero nunca acababa de llegar tal y como había prometido el Régimen franquista ante la hambruna generalizada). Tampoco Mazón vino a cambiarse la muda en su domicilio habitual alicantino, aunque en este caso resulta más lógico después de haber acudido tarde al epicentro de la catástrofe. Por fin nuestros políticos con mando en plaza y territorio aparecieron con notable retraso para tranquilizar al personal, incluso en el caso del president de la Generalitat explicando no sólo que estábamos seguros (supongo que se lo había revelado el oráculo divino), si no y además que las obras proyectadas en y para nuestra provincia seguirían su curso normal presupuestado sin verse afectadas por el enorme gasto que supondrá reparar contornada del municipio de Valencia, según los propios asesores del gobierno autonómico y central la cosa puede estar en 35.000.000.000 €. Ahí es nada cuando cada Autonomía o País, empezando por vascos y catalanes, reclamen lo prometido a cambio de sustentar a Pedro Sánchez en la Moncloa.
Consultado el oráculo, este no divino, sino muy humano catedrático, Jorge Olcina, hoy andamos mucho más adelantados (modelos de predicción, satélites, estaciones meteorológicas, centros de observación cohesionados, etc.) en controlar nubes y nubarrones que puedan acarrear tormentas de excesivos litros por metro cuadrado, pero todavía estamos harto distantes de prever con suficiente antelación el cuándo y el dónde más precisos. Por ejemplo, otra Dana otea por el horizonte marítimo, aunque esta vez, además de llover sobre mojado en Valencia, la preocupación también asciende hacia Cataluña, donde su Generalitat asegura estar preparados para cualquier contingencia; pero ni siquiera los meteorólogos más cualificados y certeros pueden asegurar los incontrolables cambios de las corrientes frías a lo largo del Mediterráneo desde Málaga a Gerona, pasando por supuesto por Alicante.
En Alicante todavía quedan zonas con grave riesgo de inundación como pueden comprobar en los mapas de riesgo señalados en Internet, y ya ha advertido el anteriormente citado Jorge Olcina, consecuentemente ¿Qué debemos hacer? O mejor dicho que deben hacer nuestros políticos, administradores y también nosotros los medios de comunicación:
En primer lugar, el ciudadano necesita una formación mínima sobre la Dana y toda actitud preventiva tanto cuando amenaza: asegurar puertas y ventanas, situarse a una altura superior al transcurso de la riada, contacto permanente con los cuerpos de seguridad, etc. Como cuando el agua nos puede llegar a sorprender, verbigracia dentro de un coche del que no debemos intentar salir, o la irreflexión de tratar de cruzar a nado desde un extremo a otro de la calle, tocar cableado eléctrico, o intentar volver a casa o al trabajo antes de que las calles sean mínimamente transitables.
Es segunda y pertinente previsión el enseñar a los niños en las escuelas, mediante folletos breves pero muy explicativos, pequeñas charlas, videos, todos los peligros que puede acarrear la Dana, y cuál debe ser su actitud y comportamiento tanto obedeciendo a padres y educadores, y en el caso de estar solos cómo y dónde refugiarse de inmediato.
Precaución y formación son las exigencias obligadas para todos y cada uno de nosotros, también de las personas sobre las que tengamos responsabilidad (niños, ancianos, algún tipo de impedimento físico o psíquico…) Entendiendo que la vida debe ser nuestra primera prioridad. Cerca de 250 muertos nos lo han enseñado, ya habrá tiempo de buscar culpables, pero el Ayuntamiento en colaboración con la Generalitat haría muy bien en sanear la cabecera de los barrancos que desembocan en nuestro núcleo urbano y playas.