Opinión Nuño Carlos Mazón y Luis Barcala 1
Aquí no se habla de fango, sino de cemento, inversiones y progreso

Bueno, ha pasado un año, parece que fue ayer: un alicantino comanda la Comunidad Valenciana, y otro en Alicante capital, ambos coaligados en sus respectivos gobiernos con Vox, y de las siete plagas de Egipto, que también caerían sobre nosotros como antes de las últimas elecciones nos anunciaba la atemorizada izquierda, no ha aparecido ninguna calamidad, todo lo contrario: aumenta el empleo, aunque sea temporal, principalmente hostelero y en restauración; las exportaciones hortofrutícolas a los mercados europeos siguen marcando récords; hay agua en los trasvases; y los problemas en educación se remiten a una inmersión lingüística: administración, docencia, medios de comunicación, especialmente los públicos, uso normalizado (más bien forzado) como una prótesis sociolingüística, y a la que mucha zona castellanoparlante se resiste cambiando su lengua natural de nacencia por otra impuesta desde el poder, sea político o académico (la letra con la sangría de suspensos entra).

Aquí no se habla de fango, sino de cemento, inversiones y progreso

El «vade retro Vox», partido afecto a la libre elección de lengua educativa, resulta argumentación tan simplista como interesada. O sea, cínica exigencia al PP para que no pacte con los de Abascal, quedándose en minoría, y así la coalición de PSPV, Compromís y Unides-Podem EU podrían gobernar tanto en el ámbito comunitario como en el municipal después de haber perdido las elecciones. Y cualquier argumento les resulta válido a una izquierda cuyas viejunas y decimonónicas ideas de revolución, marxismo, acracia, etc. ya no se acoplan al futurismo del siglo XXI; por eso intentan cambiar el guion basándose en ecología, feminismo, LGTB…, sin darse cuenta de que gran parte de estos idearios también pueden ser asumidos perfectamente por el bloque de centroderecha, mayoritario a la hora de votar, sin necesidad de militancia expresa.

No creo que semejante estulticia e intento vano de romper la dualidad de derechas quepa siquiera en la cabeza de algún chorlito valenciano y por extensión alicantino, cuanto menos en la de cualquier ciudadano/a normal preocupado por la cotidianidad de su entorno y sistema de vida, ajustando, tal y como le ha ido en los 4 años pasados, cuentas en las inapelables urnas colocando a Mazón en la presidencia de la Generalitat y a Barcala renovándole mandato municipal, mientras mandaban a las diferentes opciones de izquierda y nacionalismo descafeinado a la cajonera de la oposición. Y esas cuentas han quedado más claras que la sopa de un asilo cuando la posguerra. Lo único que les queda a los de la otra bancada es el Gobierno de Pedro Sánchez, pero que en poco puede ayudarles

La ideología del PP la marca el día a día porque carece de un corpus intelectual que avale su praxis: «hechos son amores, y no buenas razones» es su contestación ante toda reconvención que se les exponga (y siempre habrá defectos o pifias a mejorar). Por eso los «populares» harían bien en buscar asesores/as de alto nivel erudito, como hizo Emmanuel Macron con Jacques Attali (economista, escritor de ensayo y prosa, novelista cualificado, etc.), porque no sólo de un asesor enjambre periodístico pueden vivir los discursos, o las tesis de futuro como proyectos para una reelección.

A Vox le va bien con la dialéctica de la confrontación defendiendo lo que llaman: patria, familia, moral cristiana, tradición, folclorismo de antaño, etc., e ironizando sobre cómo la naftalina salva la ropa impoluta del arcón. En cualquier caso, he conocido a simpatizantes o militantes de Vox con buenos niveles de lecturas y conocimientos, y más de un intelectual de izquierdas se sorprendería debatiendo frente a ellos. Abascal se ha hecho la foto con Netanyahu más por quitarse la caspa antisemita, y, de paso llamar a la puerta de Wall Street para financiarse aún a costa del martirologio palestino. Pero no se levantará del tálamo que comparte con el PP en tantas autonomías y ayuntamientos, empezando por los nuestros valenciano y alicantino.

De hecho, Mazón ya ha pedido un nuevo sistema de financiación que le permita abordar las grandes obras pendientes como retales del Corredor Mediterráneo, rebajar impuestos, cohesionar administraciones…, mientras Barcala se ha metido en proyectar un PGOU que definirá lo que debe ser Alicante en los próximos 10 o 20 años. Aquí no se habla de fango, sino de cemento, inversiones y progreso.

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