opinión Pedro Nuño
No hay articulista, tertulia o rueda de prensa, donde se hable de futuros gobiernos en cualquier ámbito de las distintas administraciones, en las que no se cite a valencianos en general e ilicitanos en particular

La Comunidad Valenciana focaliza todas las miradas del espectro político español. Y ya lo de Elche, tercera ciudad del Levante Feliz, es de nota: ambos líderes, el autonómico Carlos Mazón y el local Pablo Ruz se han adelantado y encaramado al poder en alianzas de la diestra rampante que ocupa desde el tradicional centro-derecha ideológico al extremo más conservador que hoy impera en Europa en un movimiento tan pendular como históricamente cíclico.

No hay articulista, tertulia o rueda de prensa, donde se hable de futuros gobiernos en cualquier ámbito de las distintas administraciones, en las que no se cite a valencianos en general e ilicitanos en particular, bien sea como posibles gobernanzas dentro de la legalidad y normalidad democrática, o execrable conjunción de abyectos fachendosos.

No hay articulista, tertulia o rueda de prensa, donde se hable de futuros gobiernos en cualquier ámbito de las distintas administraciones, en las que no se cite a valencianos en general e ilicitanos en particular

Por un lado, se arguye que, si hemos tenido tantos gobiernos de socialistas- sanchistas con Pablo Iglesias y tribus asociadas, por qué ahora demonizamos e intentamos vedar cualquier unión gubernamental de los peperos con Vox. ¿Acaso los de Abascal no han jurado la Constitución del primer al último artículo, y sin el motete añadido «por imperativo legal» como sensu contrario hacen muchos socios y asociados de los socialistas en el poder?

Por el otro segmento del arco político, se discrepa en obviedad instando a los odiadores/as de Vox a que los denuncien ante el Tribunal Constitucional, Supremo y demás instancias superiores con objeto de ilegalizar, mandando al sumidero de lo prohibido hasta el olvido, a esta nueva fuerza «fascista», «machista», «antidemocrática», y demás abyectos calificativos del «quién no piensa como yo (guardián de las esencias ideológicas), está decididamente en mi contra (susto muerte)».

Y los 100 días de rigor y observación que marcan todo inicio de gobierno, no se les han dado ni a Mazón ni a Rus, ¿qué más hubieran querido ellos que gobernar gracias a mayorías en las urnas? Pero ni socialistas ni podemitas se han abstenido para permitírselo, tal vez esperaban que les regalaran las varas de mando después de haber ganado legítimamente las elecciones; ¿o tal vez pretenden estos desnortados capciosos repetirlas a ver si esta vez hay más suerte?

La lengua valenciana no peligra, como no lo hace la inglesa en Nueva Zelanda o mismamente en Estados Unidos, donde tienen más noveles de literatura que en Gran Bretaña, y diccionarios en «americano». En todo caso algunas instituciones con descaradas canonjías para imponer la «lengua madre» donde nunca lo fue, léase Vega Baja, Alicante capital, Utiel Requena…, al punto de convertirla en odiosa «madrastra» de obligada instrucción escolar o administrativa.

Lo del rechazo al machismo es tan consustancial para el PP como la economía de libre mercado, o la igualdad en diferencia de sexos y enseñanzas (pública y privada); el añadido «intrafamiliar», no pasa del juego semántico como sinonimia de más amplio espectro. Y el respeto a la movida LGTB, no quiere decir darles una discriminación positiva tan forzada y forzosa que perjudique a la mayoría civilizada y liberal de naturaleza hetero.

Como decía un buen amigo cachondón y más de derechas que la sala de oficiales de la Legión: «nunca he votado a Vox, ni volveré a votarlo». A lo que añado que muchos de sus más recientes votantes han metido y meterán la papeleta de los de Abascal, no tanto por deslindarse del PP, sino por animadversión al sanchismo y a sus pertinaces exegetas mediáticos, quienes después de la que les ha caído siguen empecinados en que Sánchez, Ximo Puig y Carlos González fueron lo mejor que le pudo ocurrir a la valencianía, pero debo responder que, por lo que hemos visto en las urnas, no a los españoles en aplastante generalidad y Generalitat.

Vox, ahora tensa la cuerda en la cercana Murcia o Extremadura (antes muertos que sencillos), porque de lo contrario sabe que puede ser fagotizado a corto plazo por el PP, sobre todo de cara a las inmediatas elecciones generales, pero también conoce como sus genuinos votantes, y menos los de nueva remesa, no le perdonarían siquiera una mínima recuperación de la mortecina izquierda, cuyo activo principal está hoy en la desertora Yolanda Díaz, puente con los decepcionados del zarismo de Galapagar, sindicatos de clase, independentistas de diverso tono, e Izquierda Unida malbaratadora de aquel épico PCE.

Demonizar a Vox sólo puede ser tontuna asando la manteca de la política, pero ni siquiera freírles el par de huevos del que tanto presumen. Mazón sabe que pasándolos por agua están mucho mejor, sólo es cuestión de tiempo.

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