Difícil responder al enunciado de este artículo. Madrid obtuvo la capitalidad geocéntrica, política y socioeconómica del Estado español desde que Felipe II cambió al empenachado e histórico Toledo de las Tres Culturas por un mesetario y raso poblachón, entonces manchego y todavía en ciernes de convertirse en una gran ciudad. Desde aquel imperio en crisis de crecimiento, a un acá donde somos poco menos que nada en el contexto mundial, es obvio que Madrid se ha desarrollado exponencialmente (población, industria, principales administraciones públicas y empresariales, comercio, vías de comunicación, etc.) por su condición de capital de España.
Alicante, por pura proximidad medida, y digan lo que quieran los valencianos es la playa de Madrid desde que en el siglo XIX se impuso la medicina higienista y los baños de sol y mar. Por otra parte, y quizás falta de una impronta empresarial transformadora, ha dejado ¿abandonado? la creación fabril y manufacturera a otras poblaciones de la provincia: Alcoy, Elda-Petrel, Elche, Villena etc., mientras se conformaba con su condición de cabeza administrativa provincial y vacacional gracias a un clima envidiable sobre unas arenas litorales en aquel tiempo vírgenes, y la natural hospitalidad de los alicantinos que veían en aquella nueva industria todo un futuro de prosperidad y desarrollo sin tener que implicar se demasiado en la revolución industrial.
Es lógico que Alicante promueva una cooperativa relación más directa y resultante con Madrid que con la capital de la Comunitat, ya que Valencia intentará defender su primacía, aún a costa de los intereses alicantinos
Los principales cartógrafos de nuestros mapas nacionales, empezando por Tomás López de Vargas Machuca (1730-1802), situaron nuestras fronteras en el triángulo levantino que comprende las hoy provincias de Castellón, Valencia y Alicante, cuando desde llamada «Reconquista» Valencia, conquistada por Jaume el Conqueridor era territorio aragonés, y Alicante tomada por su futuro yerno Alfonso X el Sabio, pasó a formar parte de Castilla-León.
Por lo tanto, ni siquiera fuimos «uno y trino» en lo que hoy se entiende como Comunitat Valenciana hasta que los Borbones, muy centralistas ellos, ganaron la Guerra de Sucesión entronizándose en Madrid a imitación de lo que el patriarca familiar, Luis XIV hiciera con París-Versalles. Durante todo el siglo XIX y principios del XX gracias a la llegada del ferrocarril y la conversión de los Caminos Reales en carreteras asfaltadas, Alicante acabó siendo el puerto, sino más exactamente próximo a Madrid, sí el de menor gasto en transporte de pasajeros y mercancías. Florecieron años de gloria, dinero y ajetreo para un puerto, a diferencia del Grao valenciano, imbricado en la propia ciudad importando y sobre todo exportando toda clase de mercancía mesetaria y capitalina, mientras nuestras relaciones con la capital regional se ceñían poco menos que a lo puramente administrativo.
Variante de la Renaixença Catalana, Valencia, que no Alicante, creó su propio orgullo folclórico, y si acaso hubo algún mimetismo fue en Les Fogueres (también emuladas en otros puntos de la región), y a pequeña escala de Las Falles. Talmente pasó con lengua catalana, no entraré en falsas polémicas idiomáticas, que en Alicante capital durante la dura y larga travesía de la dictadura franquista quedó como indocto residuo lingüístico (hablado, no escrito limitándose algunos barrios). Sólo con la Transición el valenciano-catalán recuperaría entre la clase intelectual y progresiva contestataria, un cierto nivel reivindicativo y más por posicionamiento ideológico que por haberlo mamado como cualquier otra lengua viva.
El puerto de El Grao se benefició de un crecimiento exponencial promocionado por las autoridades y asociaciones patronales de Valencia donde el Govern tenía su sede y Consellerías, menos una que cedió graciosamente a Alicante. Mientras los muelles alicantinos quedaron tan desocupados como en la posguerra civil, y ni siquiera la ampliación del de Poniente pudo beneficiarse de atraques, pues ya estaba todo el potencial tráfico marino vendido desde Algeciras a Barcelona pasando por Valencia.
Vistas, así las cosas, y siendo competidores económicos (importación, exportación, industria turística, servicios etc.) los dos mayores municipios de la Comunidad Valenciana, es lógico que Alicante promueva una cooperativa relación más directa y resultante con Madrid que con la capital comunitaria, la cual, como por otra parte es lógico, intentará defender su primacía (PIB), aún a costa de los intereses alicantinos, arguyendo que también debe atender a otros grandes municipios portuarios como Castellón, Sagunto, Torrevieja, etc., y valga la paradoja demostrativa de que ciudades tan fabriles como Elche o Alcoy, Elda-Petrel, Villena… exportan e importan más desde el puerto de El Grao valenciano, que del desocupado alicantino. ¿Cuestión de precio en los fletes? ¿Imposición político-empresarial? ¿Artificial animadversión autonómica?
Ahí es donde queremos ver a los Barcala, Mazón, Toni Pérez, tan buenos amigos de los madrileños Isabel Ayuso y de Martínez-Almeida, todos bajo las mismas siglas, reacondicionar y resituar el eje económico entre Madrid y Alicante para que los alicantinos no echen de menos tiempos pasados cuando faltaban libertades, pero sobraban beneficios para todos bajo la caja registradora de un solo Gobierno distributivo.