Desde el siglo XIX hasta finales del XX Alicante, como capital de provincia borbónica se anunciaba, por una parte, como una ciudad oferente de servicios públicos y administrativa; y, por la otra como destino turístico recomendado desde la entonces en boga «medicina higienista»: buen clima y baños de mar. Al mismo tiempo, ferrocarril (el tren botijo) y carretera, de la distancia más corta y directa con el Mediterráneo entre la gran urbe de Madrid y parte de las Castillas.
Todo eso se ha difuminado, y, lo que fuera una urbe en crecimiento poblacional y desarrollo comercial e industrial permanentes, se va estancando por falta de acción contestataria ante Madrid y Valencia, o desidia, de los políticos, y, en el ámbito popular, por esa palabra tan polisémica y alicantina: «menfotismo» («no m’hen fotis»), que viene a definir pereza, desgana, indiferencia… y, sobre todo, pasotismo, si queremos utilizar un término más contemporáneo.
Es lo que ha traído también la España de las Autonomías cuando, si antes dependíamos de la pirámide gubernamental madrileña, desde donde se nos concedió al menos un Gobierno Civil, ahora nos bifurcan las dependencias y Valencia convirtiéndose en madre administradora unas veces, y en madrastra acaparadora otras, para dejarnos en término lingüístico tan secundario como: «subdelegación».
Lo que se les dé a los separatistas será a costa de lo que se nos quite a nosotros: la hucha no da para más
No será un servidor de ustedes, los lectores/as, quien vaya en contra de las «Autonomías», siempre y cuando los sistemas de reparto sean justos y paritarios. Aunque el vocablo «autonómico» se haya reconvertido en una España «federal», e inmediato camino llevamos de «confederal», es decir de competencias cada vez más a favor del extrarradio peninsular hasta dejar a Madrid como mera capital política de una nación por determinar (sabemos de dónde venimos, pero no a dónde vamos) reduciéndole capacidades ejecutivas y legislativas al foro en este momento en manos del chantaje independentista vasco-catalán, el BNG hoy por hoy es anecdotario, quienes aprietan con emancipaciones absolutas a cambio de que Pedro Sánchez, poniendo España en almoneda, se mantenga en La Moncloa, y un rey, Felipe VI, al que no reconocen, les firme, como Jefe de Estado, decretos para descuartizar lo que unió su directo antepasado el Duque de Anjou Felipe V. «¿Truco o trato?» Ahora que recién hemos pasado el barbarismo de Halloween disfrazándonos de zombis norteamericanos.
Poco beneficio puede sacar Alicante de ese «¿truco o trato?», porque aquí no tenemos ni Junts, ni ERC, ni Bildu, siquiera PNV o BNG, y, por ende, reclamos contundentes y atemorizadores para disociarnos del resto de las Españas. Y lo que se les dé a los separatistas (todavía en fraudulenta negociación) será a costa de lo que se nos quite a nosotros: la hucha no da para más. Así no es de extrañar nuestro decidido y determinado apoyo contra una ley de amnistía que ridiculiza y ningunea a jueces y fiscales garantes de esa Carta Magna en un Estado de derecho que Pedro Sánchez se pasa por el forro de sus ajustados pantalones paqueteros.
Ximo Puig el año pasado pidió al Gobierno central que Alicante obtuviese una mayor inversión en los presupuestos generales del Estado (hablamos de la capital -todavía- de la cuarta o quinta provincia española), sin embargo: «haz lo que yo digo, pero no lo que yo haga», como dice el aforismo: ¿de qué puede presumir el expresident socialista? De poco menos que nada. Ahora será el momento de Carlos Mazón y Luis Barcala, aunque tienen el casi siempre insalvable problema de las siglas antagónicas. Pero eso no es óbice para que los populares se queden sólo en mitin de cara a la galería votante; mucho más allá tenemos que ver a Macarena Montesinos en el Congreso de los Diputados defendiéndonos contra nuestras más que demostradas insuficiencias, evidenciando que se gana el sueldo. Al propio Mazón y a su delfín José Antonio Rovira, alicantinos ellos, demostrando cómo se pasa «de las palabras a los hechos». Y a Barcala echando más cuentas y discriminaciones incontestables que llevar a Madrid, y menos sacar el cuello en las ferias internacionales con menos provecho que logros.
Y los socialistas, aunque luego se lo atribuyan privativamente cara al futuro, harían bien en presionar al Secretario General de su partido, el compañero Pedro Sánchez Pérez Castejón, y a sus ministros prêt-à-porter de Sumar, recordándole los escaños (diputados, senadores, duputats, diputades, concejalías que suman alcaldías y Diputaciones…) que Alicante aporta al conjunto parlamentario sobre el que se sustenta su presidencia.
De seguir así los alicantinos comenzarán a practicar el puro y duro «menfotismo político», y eso sí que es peligroso para la democracia parlamentaria. Como me dijo ayer un viejo compañero y militante de aquel Partido Comunista, hoy «cautivo y desarmado» por Sumar: «el pueblo, por un lado, y éstos van por el otro».
Antaño éramos ciudad turística y de servicios, actualmente no parecemos ni lo uno ni lo otro. Inanes.