Alicante, con su mezcla de historia, playa y gastronomía, es uno de los destinos más atractivos de la Costa Blanca. Aunque un día puede parecer poco, con una buena planificación es posible descubrir algunos de sus rincones más emblemáticos.
Mañana con vistas al Mediterráneo
El día puede comenzar con una visita al Castillo de Santa Bárbara, situado en la cima del monte Benacantil. Desde sus murallas se obtienen las mejores panorámicas de la ciudad y el mar. Se puede subir a pie, en coche o en ascensor desde la playa del Postiguet.
Después, un paseo por el Barrio de Santa Cruz y el Casco Antiguo, que permite admirar sus estrechos y decorados callejones, fachadas coloridas y floreadas, calles empedradas y lugares como la Concatedral de San Nicolás o la Plaza de Santísima Faz, a espaldas del Ayuntamiento.
Tarde de playa y gastronomía
Tras la mañana cultural, nada mejor que relajarse en la Playa del Postiguet, a solo unos pasos del centro. El Mediterráneo ofrece aguas tranquilas y arena dorada ideales para disfrutar del sol.
En la hora de la comida, los restaurantes del puerto y la Explanada de España ofrecen especialidades centrados en arroces alicantinos, como el arroz del senyoret, o arroz a banda, los salazones típicos y pescados, acompañados de vinos de la D.O. Alicante.
Noche con encanto
Para cerrar la jornada, un paseo al atardecer por la Explanada de España, con su característico mosaico ondulado y las palmeras, ofrece un ambiente relajado. Los bares y terrazas del centro invitan a prolongar la velada, ya sea con un cóctel frente al mar o con música en directo en salas o alguna de las plazas del casco histórico.
Alicante demuestra que, incluso en 24 horas, puede conquistar al viajero con su luz, su mar y su sabor mediterráneo.