Harto de que no le hicieran ni pajolero caso sus antiguos compañeros-dirigentes, enclaustrado en la rebotica de su esposa en Cristo, Francisco Camps rumiaba volver a la política haciendo resonante ruido mediático, pero sin contar previamente con la necesaria licencia y visto bueno del PP nacional. Para ello nada mejor que llamar a sus veteranos y curtidos sayones, cuyo prestigio había quedado muy mermado por los tribunales, si bien esa morbosa adrenalina que da el poder la mantenían intacta en vena. Vaya tropa para un «remember»: Fabra, Rus y nuestra querida Sonia Castedo, el triángulo de las Bermudas políticas, todos/a desaparecidos y que ahora retornan como fantasmas de un pasado no precisamente glorioso.
Si observamos la última cuchipanda homenaje en un conocido restaurante valenciano, donde lo acompañaban a 30€ por cabeza más de 160 fervorosos, observaremos mucho recordatorio a Lizondo, y a lo que en su día significó Unión Valenciana, es decir: derecha de Cap i casal y cierra España. Obviamente el personal embravecido sabía a lo que acudía y lo que se jugaba aupando a Camps y pasándose por el arco del triunfo a Génova 13.
Miguel Tellado, periodista de oficio que no de carrera, y hoy mano derecha del otro celta, Núñez Feijóo, llamó a Camps para que desistiera de su aventura presidencialista bajo las siglas del PP porque el presidente nacional de los populares no quiere ni oír hablar del valenciano, y mucho menos con él propiamente, al punto que se niega a comentar nada al respecto cuando lo asaltan las alcachofas microfónicas en el primer rincón que lo pillen. Remite a los comunicados del partido que es el recurso idóneo para quitarse alguna mosca cojonera que sobrevuela la noticia del día.
No sé yo si en Valencia capital su comarca, Camps pudiera tener alguna chance, pero si nos salimos de ese perímetro poco porvenir le veo en las urnas. Y ninguno bajo las siglas del Partido Popular que ya ha dejado claro que ni está ni se le espera, y que lo único que puede lograr a la desesperada y con otra papeleta distinta a la gaviota (charrán para ser más precisos en ornitología), será perjudicar al PP en sus 3 dimensiones: nacional, regional, comarcal valencianas municipal en toda la Comunitat regalándole votos a Vox cuando no a la abstención pura y dura.
En Alicante municipio y casco urbano con sus pedanías manda Barcala, aunque hoy un tanto cohibido por su estrecha relación del pasado con Mazón, aquello de las barbas (él siempre las ha llevado para mejorarse) a remojar, y por eso ha acudido a consultas en Madrid enseñando los deberes del Barranco de las Ovejas, y algún otro, al tiempo que presumía de una buena canalización subterránea, aunque sin especificar que ésta la hizo Alperi (otro maldito histórico), y que no aspiraba a ninguna sustitución en el Consell; algo que le aclararon, no era decisión suya, sino del partido (tiempo, cargo y lugar, y más concretamente en Madrid que en Valencia.
Eso sí, el subteniente de Feijóo, y la embajadora plenipotenciaria en Madrid Macarena Montesinos, le han advertido telefónicamente a Luis que intente desmontar cualquier operación o intentona de Camps en Alicante, para lo cual su partido ha tocado la corneta de prietas las filas entre militantes que a su vez deben transmitir el mensaje a los simpatizantes. La verdad sea dicha, Francisco Camps personalmente no cae bien en Alicante, lo ven demasiado valenciano de Valencia, y su portavoz alicantina, Sonia Castedo no se fue, la fueron; es más, últimamente andaba de morriña más por pazos gallegos que en su vivienda alicantina.
Para ganar unas elecciones hace falta estructura y presupuesto, además de una numerosa claque que resuene y expanda el recado del líder. Desde luego Camps, aquí y ahora no tiene ninguna de esas facultades, mientras Sonia es un cliché en blanco y negro de tiempos inmemoriales como empleada y heredera de Luis Díaz Alperi. Desde luego socialistas y poemitas, incluso Vox a su manera, van a tratar de hurgar en esta posible futura segmentación.
Como decía la copla: Camps, «¿Dónde vas triste de ti?»