Así y escrito o dicho pronto, el titular puede ser alarmista, pero la gente no habla de otra cosa, quizás inducida por los medios de comunicación que tampoco minimizamos en hipérboles, repitiendo como un mantra imágenes y comentarios sobre el asalto de decenas de miles, todavía no sabemos la cifra exacta entre subsaharianos y marroquíes a la ciudad de Ceuta, de los cuales una considerable mayoría ya han regresado al otro lado de la frontera, pero, y, al parecer, están reagrupándose para una nueva intentona «bárbara» (era el nombre que los romanos daban a los pueblos extranjeros que intentaban – de grado o por la fuerza – entrar en el Imperio Romano para quedarse permanentemente en lo que creían era el adelantado paraíso de la cultura político social y el bienestar vitalicio cambiando su anterior existencia errabunda y miserable: «Memento mori, memento vivere«).
La Historia se repite, como bien explicó Carlos Marx en su famoso «18 Brumario de Luis Bonaparte«, pero y para mal. Téngase en cuenta que no todas las «invasiones bárbaras» lo fueron a sangre y fuego como ocurriera con las hordas de Atila o Alarico, sino de una forma absolutamente gradual, pacífica y frecuentemente familiar de pequeñas tribus aspirantes a la latinidad.
Lo de Ceuta, y desde la perspectiva e información que ofrece la perspectiva de los días entrando ya en agobiante agosto, nos suena a cruel cacicada del sátrapa sultán marroquí con quién y por cierto se las tientan tímidas nuestros partidos políticos mayoritarios (sólo así puede entenderse la permanente subida de Abascal en las prospecciones electorales más recientes).
Mohammed VI con sus gruesas gafas de antifaz y torpes andares por serios problemas de corazón y ciática, acogió en visita oficial a un Pedro Sánchez que fue bravucón como el «gallo rojo» de pelea madrileño y volvió manso cual intimidado chucho faldero. Algún día sabremos a cambio de qué semejante sumisión impropia de un Presidente de Gobierno que tiene tras suya un ejército muy superior al de Rabat, como ya se demostrara en la recuperación armada de un islote (Perejil 2002).
Y aquí volvemos a las «invasiones bárbaras» en demostración de que Marruecos sabe muy bien que siquiera con Donald Trump, cada vez más sitiado por las cámaras legislativas norteamericanas, incluso por la OTAN y aunque tímidamente por la Unión Europea, no puede enviar a todo un ejército capaz de reforzar al de su amigo autócrata.
Por tanto, lo último que sabemos, se supone que por nuestros Servicios de Inteligencia y fuerzas de seguridad (Guardia Civil y Policía) además de los estratégicos del Ministerio de Exteriores y el de Interior, es que planean otra entrada masiva para el día 15, incluso con más «salteadores». Pero y esto es lo más grave porque nos concierne, ya se especula con invasiones marítimas a Málaga y Almería, cuya continuidad sería hacia Murcia, Alicante y las Islas Baleares aprovechando la bonanza mediterránea. Así se explica que vengan sólo con lo puesto veraniego y algunos dineros. Saben que aquí ya están instalados con permiso de residencia familiares y amigos o conocidos por anterior convivencia. Por otra parte, quizás la más dolorosa, resulta insufrible ver a menores, incluso niños y niñas respondiendo a quienes inquieren por su procedencia, que en sus propias casas no los quieren conminándolos a que no se atrevan a volver vivos.
El Ejecutivo está mandando suficiente tropa como para fortificar Ceuta ante cualquier avalancha, sin embargo, en Marruecos sobran cientos de miles de personas a las que su inservible y tiránico e inane gobierno no puede darles trabajo estable, digno y remunerado, en consecuencia, alimentarlos (a ellos y a sus familias) dignamente. Lo mejor es organizar y darles una salida hacia el supuesto Edén europeo, de donde volverán como transitorios turistas trayendo buena divisa extranjera.
Podría apostar doble contra sencillo que no tardarán en aparecer cayucos y otras destartalada las embarcaciones fueraborda cerca de nuestras playas buscando el desembarco nocturno acogidos por sus allegados compatriotas o paisanaje. Lo mismo que en Ceuta y Melilla, pero en pequeñas dosis aparentemente más asumibles si aceptamos una posición integradora.
Pero la gran pregunta es ¿cabemos todos y hasta cuándo? Es fácil ponerse del dignísimo lado humanitario y democrático; sin embargo y esto que voy a preguntarme puede crear polémica: «¿qué pasaría si nos interrogaron a cada uno de nosotros/as con un detector de mentiras? ¿Seríamos capaces de adoptar un magrebí en nuestras casas? ¿De cuántos años y por cuánto tiempo? ¿Cómo adaptarlos a nuestras costumbres inveteradas?
Cierto es que en la avenida Pino Santo (curiosa paradoja) en Alicante hay una mezquita, o que cerca de 50.000 marroquíes viven en nuestra provincia, como no lo es menos nuestra estrecha relación portuaria con Orán (muchos marroquíes llegaron de allí para instalarse o viajar a Europa; pero la repregunta que pueden devolverme es: ¿caben más, y hasta cuántos africanos caben en el viejo continente europeo con el mismo standing de vida que nosotros? Cuando la caridad empieza por uno mismo es difícil contestar a estas preguntas con respuestas que no sean sólo de boquilla.
Estamos ante un problemón morrocotudo y no veo al máximo responsable para solventarlo, Pedro Sánchez, capaz de solucionarlo repantigado al solaz de La Mareta.
¿»tras suya»? ¿No será ‘tras de sí’? ¡Qué nivel, Maribel!