opinión Pedro Nuño
China y Estados Unidos parecen quedar muy lejos de Alicante en el mapamundi, sin embargo, a no tardar, comprobaremos que estaban más cerca de lo que pensábamos

«No sabemos si el mundo, tras el segundo paso de Donald Trump por la Historia Contemporánea, volverá a ser como antes. Su política arancelaria es una declaración de guerra mercantil global de Estados Unidos contra el resto, empezando por China sus su más directo rival en ámbitos decisorios». Eso me cuentan de forma sintetizada, pero coincidente, mis fuentes de la universidad y de la Cámara de Comercio; y cuando les pido que concreten en nuestra provincia, añaden que la ofensiva entre el americano y la respuesta del chino Xi Jinping nos traerá bofetadas económicas por las dos caras: exportaciones e importaciones.

China y Estados Unidos parecen quedar muy lejos de Alicante en el mapamundi, sin embargo, a no tardar, comprobaremos que estaban más cerca de lo que pensábamos

El pasado año Alicante exportó unos 500 millones (aprox.) de euros a Estados Unidos, muy por debajo del comercio con los orientales, 200 millones (ídem), ya bastante disminuido desde la pandemia de la Covid, con ese prurito milenario que tienen los chinos a poner murallas al exterior, sean de piedra o dinerarias cuando detectan algún peligro invasor; aunque, también es cierto que, tras la epidemia, el comercio volvió a reanimarse gracias a nuestra presencia en Ferias y contactos directos comerciales previos al Covid. Calzado, textil, papel, piedra, juguetes y productos agropecuarios, remontaron no sin cierta reticencia por parte de un gobierno autocrático reconvirtiéndose en capitalista al más puro sentido occidental.

Alicante capital, fuera del aluminio (hoy en manos americanas) y de un relativamente reciente cinturón industrial en varios polígonos circundantes que apuestan por las nuevas tecnologías y complementos, apenas se había salido, en las grandes cifras macroeconómicas, de su condición administrativa y del turismo residencial, pues las industrias quedaban para los márgenes del Vinalopó desde Villena a Elche pasando por Elda-Petrel, la Hoya de Alcoy, a lo que hay que añadir el comercio intensivo hortofrutícola de la Vega Baja, o, cítricos y cultivos de primor de Las Marinas hacia Europa predominantemente.

Ahora la Europa, a la que pertenecemos, amaga con contestarle al supuesto omnipotente Trump, pero todavía está esperando recibir el primer golpe directo arancelario, retrasando un contragolpe eficaz con el peligro de caer noqueada entre los puños del presuntuoso Donald y las rígidas cuerdas de Vladimir Putin. Parece que hoy Europa haya perdido peso específico, sobre todo si la comparamos con los mentados dueños del mambo económico, mientras España se sitúa entre la cuarta o quinta nación de la UE. O sea, que Alicante, en la actualidad como sucursalista de Valencia del Cap i Casal carece de influencia internacional y escasa nacional: poco menos que nada. Como se reconvenía antes a los observadores de una partida ajedrecística: «mirar, callar y dar tabaco», pero ni la Tabacalera nos queda.

Sin embargo, aunque pintemos poco, pagaremos más en precios de vehículos, la factura de la gasolinera, en el recibo de la luz y en cualquier componente electrónico, y otro largo etc. proveniente sea de China o de Estados Unidos. En definitiva, es el alicantino quien apoquina y no las grandes compañías distribuidoras que se limitarán en redundar precios desde el intermediario al cliente. Otro asunto económico, todavía por dilucidar, será la llegada de turistas este verano tras apretarse el cinturón (coste de la vida) en sus países de origen: Francia tiene problemas serios de solvencia según el propio Emanuel Macron, Inglaterra intenta un frente común con la Comunidad Europea, y al motor alemán se le está gripando la locomotora. ¿Quién negocia y con qué mimbres?

Con toda esta crisis, y como ya se ha vivido alguna vez, esencialmente en la larga dictadura española, no es extraño que suban los partidos de extrema derecha, y que, a no faltar mucho, el propio Luis Barcala tenga problemas directamente atacado por Vox intentando robarle clientela en las urnas; ni que la izquierda y los nacionalistas, hoy en descenso, arguyan que o ellos o el diluvio municipal con la permanencia de la fachosfera, tal como ya ha ensayado el presidente Pedro Sánchez en el ámbito nacional, poniéndose el primero y chulo él frente a Donald Trump, una machada innecesaria y que como me contaba uno de nuestros grandes turroneros y hacedores de dulcería: «ya exportamos muy ajustados de precio, habrá que bajar la producción en perjuicio de la almendra, pero y también, eso es lo importante de los puestos de trabajo tanto fijos como mayormente de temporada, y otro tanto vale para el helado.»

China y Estados Unidos parecen quedar muy lejos de Alicante en el mapamundi, sin embargo, a no tardar, comprobaremos que estaban más cerca de lo que pensábamos en este orbe tan globalizado donde el que manda, manda y el resto atienden (atendemos) a lo que digan el Tío Sam y el Dragón Rojo. Los imperios han cambiado de bandera, pero su intencionalidad para mantener el poder desde las respectivas metrópolis que les salen muy caras, y aunque ni Donald Trump, ni Xi Jinping sepan donde puñetas se encuentra Alicante, sí conocen sobradamente nuestros bienes de consumo y la parte alícuota de la renta arancelaria que engordará a sus países. Trump sólo entiende de negocios rápidos: «lo tomas o lo dejo, peor para ti». Jinping es el impasible regidor de la Ciudad Prohibida, Palacio de los mandarines desde donde se dirigía la expansión China y el comercio hacia los cuatro puntos cardinales.

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