Opinión Nuño Luis Barcala
Un alcalde no puede mostrarse esquivo, pues es tanto como manifestarse incompetente, desinformado y alejado de los medios de comunicación que deben informar puntualmente al tan traído y llevado "pueblo"

Alicante capital ha sufrido desde siempre y, por supuesto durante el pasado y ejemplificante siglo XX varias Danas (hasta ayer mejor conocidas como «gota fría»), y, la provincia talmente inclementes y genocidas tempestades (ciclogénesis explosivas) más. Pasamos del diluvio al secarral y viceversa como si fuéramos una anomalía zonal del Mediterráneo. Somos carne de cañón climatológico con muertos y destrozos urbanos y vías de comunicación en el fatídico historial de ahogados y desprendimientos, baste recordar en un apenas retroceder en el tiempo, la última riada de 2019.

Un alcalde no puede mostrarse esquivo, pues es tanto como manifestarse incompetente, desinformado y alejado de los medios de comunicación que deben informar puntualmente al tan traído y llevado «pueblo»

Lógicamente los periodistas tenemos la obligación de informar tanto de lo venido como de lo por venir. Y hoy, que manda la inmediatez, como hasta ayer era obligada la radio, la televisión es el medio que, además de contar, demuestra gráficamente el suceso en curso por aquello de que vale más una imagen que 1.000 palabras, y ya no digamos toda la secuencia que aporta al espectador un corte en el noticiario televisivo, obligada y esencialmente asistida con el comentario aclaratorio de quienes como cargo en el gobierno, sea municipal, autonómico o nacional, deben explicarse porque tienen los recursos, la información y los medios de hacerlo puntualmente a la mayor brevedad. La gente quiere saber lo ocurrido de forma inmediata entre otras, y poderosas razones, porque los fenómenos naturales, por desdichados e inconmensurables que sean, nos afectan a todos superponiéndose a ideologías, grupos sociales o personalismos de toda índole. Naturalmente cámaras y micrófonos se apresuran a acudir a la fuente de noticias supuestamente mejor surtida, en este caso el Ayuntamiento de la ciudad.

Y dentro del municipio, la mayor, y se supone que mejor conocedora autoridad es su alcalde, en este caso Luis Barcala, quién, ninguneando la angustia de un pueblo históricamente castigado por el dios de la lluvia, nuestra primera autoridad se ha escondido ignorante o, peor aún, cobardemente de los periodistas que, escarmentados en hemerotecas y videotecas, debían transmitir el minuto a minuto de la amenaza climatológica, incluso si podía pasar de largo el nubarrón, aunque, mal pensando, mejor no equivocándose, como su íntimo amigo el president de la Comunidad Valenciana Carlos Mazón cuando nos dijo que el temporal se iba para Cuenca e inmediatamente de sus tranquilizadoras declaraciones el desbordamiento destrozó la Horta Sud anegándola y causando más de 220 muertos. Pero al menos Mazón sí dio la cara, cosa que el alcalde de Alicante no ha hecho o atrevido.

¿Por qué manda a su equipo de prensa a balbucir evasivas cuando un periodista (metido a funcionario) carece de potestad política? ¿Por qué son tan inmediatos y efusivos cuando quieren anunciarnos proyectos y éxitos, pero carecen de franqueza democrática cuando las cosas vienen adversas y dobladas? ¿Por qué el máximo responsable de la ciudad y su municipio territorial es incapaz de someterse a una rueda de prensa (para todos los medios, sean afines o contrarios), y explique si han concluido, o no, las obras de desbroce y saneamiento de los barrancos que bajan desde Jijona a la Sierra de Fontcalent? Y así podríamos seguir preguntando sobre la seguridad antirriadas para nuestra tranquilidad, pero parece que no la suya.

En democracia un alcalde no puede mostrarse esquivo, pues es tanto como manifestarse incompetente, desinformado y alejado de los medios de comunicación que deben informar (es su obligado trabajo) puntualmente al tan traído y llevado «pueblo». Ni siquiera en el caso de que sea otro de los candidatos/as previsibles para sustituir a Carlos Mazón, quien al parecer no se va del trono autonómico ni con agua caliente, puede valerle como excusa para esfumarse del foco informativo.

Un fantasma cuando con el agua al cuello no estamos para fenómenos paranormales.

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