Conforme nos acercamos a las elecciones europeas, el próximo 9 de junio, los 2 grandes bandos de la política española: PP y Vox desde la derecha más ultraísta a ese siempre indefinido centro político; y PSOE en todas sus derivadas autonómicas, con sus aliados adjetivados de «Ismos» (feminismo, nacionalismo, separatismo, pseudocomunismo, acracia, etc.), hasta ayer «más amigos que gorrinos» como se decía en el medievo, ahora tanto en un lado como en el otro empiezan a distanciarse, incluso a criticar duramente a quienes hasta ayer eran indisociables.
Si el PSOE se han quedado boquiabierto y patidifuso cuando sus adláteres, empezando por Sumar y acabando en el resto podemita, que se han negado a apoyarle en un futuro decreto por el que se prohibía el oficio más viejo del mundo (no hay país en el que no se ejerza más o menos veladamente, incluso como profesión cotizante a la Hacienda pública en Suecia y Holanda, o con penas de cárcel incluidas en China). Tampoco el amigo vasco ha permitido que les toquen sus leyes y reglamentos sociolaborales. Y encima Puigdemont disfrazado del mercader de Venecia.
Alicante se juega mucho más que otras provincias a la hora de la urna europea, entre otras y poderosas razones por nuestro montante exportador a la UE; por ser desde el siglo XVI escala obligada entre 2 continentes
No menor está siendo la desagradable sorpresa para los populares escuchando a Vox darles más caña que a un mono de feria. Empezando por el caso del «loco Milei», pero y continuando, la ocasión la pintan calva, con que PP y PSOE votan juntos en Europa hasta el 90% de las leyes aplicables para todos; y, por tanto, son indistinguibles cara a una Europa diferente que pretende la ultraderecha de Meloni, Marine Le Pen, Viktor Orbán, etc. recientemente invitados por Abascal en una concentración tan numerosa como para atemorizar a la izquierda de salón, que ya no abre periódicos y pantallas para no ver demoscopias a la baja.
Alicante se juega mucho más que otras provincias a la hora de la urna europea, entre otras y poderosas razones por nuestro montante exportador a la UE; por ser desde el siglo XVI escala obligada entre 2 continentes; amén de la millonada turística de la que Benidorm es su máximo exponente babilónico desde que Pedro Zaragoza, allá por los años 60 se percatase de dónde estaba la gallina y donde podía poner sus dorados huevos vacacionales, fueran estivales o largas estancias durante todo el año.
Somos, un poco la California europea, y al igual que en los Estados Unidos se espera de nosotros: sol, playas y contenedores hortofrutícolas, calzado, juguetes e industrias auxiliares anexas. Por tanto, y sobre todo con las entradas de nuevos países (salidos de la órbita exsoviética en el parlamento de Bruselas), Alicante necesita votar seguridad contrastada, tanto da socialistas como populares, allá cada cual, con su ideología, pero alejándonos de quienes quieren desandar un camino que no sólo ha sido largo, sino difícil por la confrontación de intereses entre los distintos países que, hoy en día, componen la Comunidad Europea.
Hay que acabar el Corredor Mediterráneo, proteger aranceles contra competidores desde Marruecos a Israel, incrementar en las ferias europeas todavía más, nuestros paquetes turísticos, y potenciar industrias de nuevo sesgo como la informática en juguetería y otros sectores, juntamente con las colaboraciones entre nuestros parques experimentales universitarios, tan necesitados de inversiones como forzosamente cara que resulta la investigación.
Somos la tercera o cuarta provincia española en muchos rankings poblacionales y económicos. Europa lo sabe y por eso debemos exigir mucho más de lo que actualmente se nos otorga en el PIB. Políticos y empresarios serán los responsables (o irresponsables) cuando alguien, quizá casualmente, lea este artículo dentro de una década.