En un reciente artículo de esta misma sección titulé: «¿En qué hablamos los alicantinos?», para llegar a la conclusión del predominio del castellano-español sobre el valenciano como demuestran los porcentajes apuntados más abajo. Pero la polémica sigue, sobreexcitada desde que la Generalitat Valenciana, a través de la Conselleria de Educación, quiere imponer una nueva normativa educacional lingüística, por supuesto (los políticos nunca se pueden estar quietos) distinta a la que promulgaron e impusieron socialistas, cómo no Compromís, y los retales podemita. Si aquellos liderados por Ximo Puig instauraron el embrollo parlante sometiendo la parte (municipios y comarcas) al todo (Comunitat Valenciana); estos de Carlos Mazón en lugar de arreglarlo lo desquician todavía más si cabe pasando el intríngulis idiomático a la decisión y responsabilidad de padres y tutores, además de los propios alumnos. A lo que se ve en esta nueva andanada legislativa no pintan mucho ni el claustro de profesores, ni los sindicatos específicos, o el personal administrativo. De todos es conocido que, tras la Sanidad, la Educación es la que mayor ración se lleva de la tarta presupuestaria.
De todos es conocido que, tras la Sanidad, la Educación es la que mayor ración se lleva de la tarta presupuestaria
Una lengua se mama, se ama, pero no se puede imponer como trágala porque en lugar de idioma materno y hogareño socializado, se convertirá (artificiosamente) para quienes no lo hayan vivido y compartido en infancia y preadolescencia en interferida madrastra idiomática incapaz de crear sinergias y empatías entre el alumnado, ya de por sí sobrecargado de asignaturas harto complejas que el día de mañana le obligarán a elegir entre la especificidad de Ciencias o Letras. Adolescentes que al entrar en el Instituto encontrarán una preponderancia del castellano; ¿y qué decir de la Universidad? Salvo en Filología y quizás algún profesor valencianoparlante de nacencia, y quien, hoy por hoy, no deja de ser una singularidad docente.
En Alicante capital, padres, profesorado, estudiantes y personal adscrito a Educación, nada menos que el 83% ha votado por el castellano como lengua vehicular (preferente), y apenas el 17% por el valenciano. Porcentajes máximos en capitales de provincia y que mucho tienen que ver con el habla cotidiana normalizada en cada una de ellas, llevándose Alicante (capital, pero también provincia) la mayor cuantía en favor del castellano; pero y también con el nivel sociocultural de los electores paternos. Parece como si a mayor nivel intelectual se estuviese por el bilingüismo como preferente y progresista sistema educativo, mientras que la mayoría entre las clases menos afortunadas (lo que antes se entendía cómo «proletariado») no están por la labor de recargar idiomáticamente otros conocimientos comprobadamente básicos en una formación globalista como matemáticas, geometría física y química, geografía e historia, o Sociales, etc.
El conseller J. A. Rovira responsable de asunto interrogador tan controvertido, dice sentirse satisfecho con esta especie de muestra-referéndum donde por cierto el porcentaje participativo ha sido nimio por insuficiente. Para este viaje no necesitaba alforjas escudriñadoras de un colectivo tan diverso como disperso, que a lo visto le ha hecho poco caso a pesar del esfuerzo de la oposición por movilizar a su supuesta progresía rampante. Fracaso mutuo por falta de entendimiento pactista entre socialistas y populares en temas tan transcendentales como la educación de nuestros hijos y nietos, últimos y máximos perjudicados en esta controversia.
El negar y contraatacar en democracia todo cuanto venga del «otro-a» sólo puede ser un signo y símbolo de la idiotez política en la que están inmersos nuestros gobernantes y una oposición que busca titulares, pero no soluciones.
Hubiera sido mucho mejor dejar reposar la nueva normativa, encerrarse con los expertos (que los hay y muy buenos), no levantar el trasero del asiento hasta emparejar coincidencias, y sobre todo ser coherentes en un dictamen final y colaborativo para no enemistar ante los escolares ambas lenguas.